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Reflexión sobre Wit, la película: perspectiva de un estudiante de medicina
ADVERTENCIA: Para entender mejor las ideas expuestas a continuación, recomiendo fuertemente ver la película “Wit - Amar la vida”, disponible en YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=pb9bQ-I-aV4
Ya con ver la primera escena intuí de qué se iba a tratar más o menos la película. Aunque la verdad, si bien sospechaba que iba a tratarse sobre relaciones médico-paciente defectuosas o algo por el estilo, nunca creí que iba a ser al nivel en que lo muestran en la película.
Ciertamente es una película bastante cruda, de hecho, entendí por qué la profesora del ramo nos advirtió que si alguien estaba pasando por un momento difícil o era muy sensible le avisara para no tener que verla. Sí, realmente lo que se muestra en la película es muy fuerte, pero en lo personal creo que era absolutamente necesario que como médicos en formación viéramos una película así.
Hubo muchas conductas y actitudes por parte de la protagonista que me provocaron sincera tristeza y comprensión, así como muchas conductas y actitudes por parte de los médicos que me provocaron sincero asco. Partiendo por la primera escena, en la que el médico (supuestamente de amplia experiencia) le informaba a Vivian de una manera ridículamente fría y técnica que tenía cáncer ovárico avanzado y que, más aún, iba a tener que tomar un tratamiento experimental fuerte, pero que ellos “confiaban en su fortaleza”. Está bien, yo quizás tampoco soy un experto en dar malas noticias (ni cerca de eso), pero hay cosas que son evidentes; y una de ellas es que no puedes ser tan desatinado como para “tirarle” así a una persona la noticia de que tiene cáncer, asumir que está entendiendo todo lo que le dices en tu propio “idioma” y que va a seguir el tratamiento más potente exactamente como tú le indiques porque confías que es una persona “fuerte”. Como anticipé, tan solo ver esa escena despreciable me bastó para darme una idea de lo que sucedería durante la película.
Pero eso, lamentablemente, no era todo. Los dos médicos encargados del tratamiento de esta persona, claramente no la veían como una persona verdaderamente sino que casi como un objeto, un objeto para ser investigado y experimentar con él, poniendo los médicos sus intereses y aspiraciones personales muy por sobre las de la paciente.
Respecto al otro médico más joven (Jason), con su actitud fría, arrogante, poco empática e incluso en ocasiones francamente desubicada para con la paciente, constituyó un excelente exponente para recordarnos a nosotros, los estudiantes, dos cosas principalmente: por un lado, que tener las mejores notas en la universidad no te asegura que seas un buen médico ni menos que seas una gran persona; y por otro lado, que por más que en lo técnico y científico seas un experto y que todo el mundo alabe tus conocimientos, no significa necesariamente que tengas una buen tacto y trato con las personas, ni que tengas desarrollada una mínima capacidad para ponerte en el lugar de la otra persona y verla no como un algo sino como un ALGUIEN.
Creo que el colmo de toda esta situación fue el hecho de que, sabiendo Jason que Vivian había pedido que “si su corazón se detenía no la resucitaran”, este tratara de revivirla de todas maneras, gritando histéricamente que Vivian era “investigación”.
Tengo más que claro que esto es una película y que probablemente algunas conductas o actitudes se representan de manera un tanto exagerada, pero tengo la sospecha de que, en la realidad, o se han dado casos muy similares al representado en este filme, o se siguen dando. Y es eso último, justamente, lo que de sólo pensar me provoca rabia y terror.
De esta brillante película rescato, además del “ejemplo de cómo NO hay que ser”, por una parte el profesionalismo íntegro e impecable de Susie (la enfermera) que siempre se mostró amable, empática y genuinamente atenta con Vivian (la paciente), siendo ella realmente el “ejemplo de cómo sería genial ser”, y lo digo independientemente de que ella haya sido enfermera y nosotros seamos médicos en formación, porque al fin y al cabo, trabajamos en el mismo medio, con las mismas personas. Para mí, el profesionalismo de Susie fue motivo de orgullo y un ejemplo a seguir.
Por otra parte, rescato el hecho de que se enfatizara (implícitamente) que los pacientes no siempre nos dirán espontáneamente cómo se sienten o qué les parece lo que está ocurriendo, y esto por miedo, orgullo, introversión o el motivo que sea. El punto es que hay que tratar de estar más atentos al lenguaje no verbal de los pacientes y/o procurar darles más el espacio para que se expresen, puesto que parte vital de la relación médico-paciente, así como vital para la persona que constituye el paciente, es que sienta que lo escuchan y que lo entienden. Es decir, que haya auténtica comunicación.
En resumen, tanto por los elementos que me generaron rechazo como por los que encontré muy valiosos, me pareció una excelente película; fuerte, cruda, pero extraordinariamente apropiada para nuestra formación como estudiantes de medicina y, en realidad, para la formación de cualquier profesional de la salud, porque es bastante útil para empezar a darnos cuenta de que tenemos que aprender a poder “colocarnos en los zapatos” de los seres humanos con los que vamos a relacionarnos y trabajar en un futuro quizás menos lejano de lo que parece.
JCM
Epidemia y Enfermedad Social: una mirada desde la Salud e Higiene Pública (Parte III)
Durante el siglo XIX aumentó marcadamente la importancia que se le daba a los factores sociales que determinan un brote epidémico o enfermedad, y en base a ello se decidió (en todos los países europeos) implementar medidas estatales de salud pública; en Berlín, Rudolf Virchow (médico y político alemán) organizó la higiene pública, llevando a la práctica el sistema de alcantarillas y la red de agua potable en esa ciudad, y promovió reformas sociales bajo el lema “el médico es el abogado natural de los pobres”; en Londres, John Snow (médico británico) descubrió mediante investigaciones –a partir de la epidemia causada por la fuente de la Broad Street- el origen acuático del cólera, estimulando que se tomaran las precauciones sanitarias que hoy por hoy nos protegen contra muchas enfermedades causadas por el agua, como el abastecimiento seguro y adecuado de agua potable y alcantarillado conveniente, constituyendo así el segundo gran paso (después de Jenner) que dio la medicina preventiva; y en Norteamérica, William Thompson Sedgwick (bacteriólogo estadounidense) propugnó el “despertar de la higiene” de América y la limpieza del medio ambiente que rodea a las personas, sobre todo de los alimentos y el agua. Con todo esto, hacia el final del siglo ya se habían puesto en marcha servicios nacionales de salud pública en los distintos países.
En el siglo XX se llegó a entender la medicina como una ciencia social, al comprobarse estadísticamente que las variables sociales como la clase social, los ingresos o la ocupación, entre otras, están correlacionadas con las enfermedades. De hecho, se evidenció que ciertas enfermedades están relacionadas a ciertos ambientes sociales y a ciertos estilos de vida. Por otro lado, con la fundación de la OMS en 1948 se intenta extender la cooperación internacional a todos los campos de la medicina preventiva y la promoción de la salud, es decir, se intenta internacionalizar la salud pública.
Finalmente, en la actualidad, las enfermedades infecciosas han dejado de ser la principal causa de muerte (al menos en los países desarrollados), en parte gracias a los avances en higiene y salud pública, y en parte también gracias al fenómeno de transición epidemiológica, a través del cual las principales causas de muerte (en dichos países) han pasado a ser las enfermedades vasculares, el cáncer y los accidentes, lo que supone un nuevo desafío tanto para las personas y sus hábitos, como para las autoridades que intentan enfrentarse a este escenario nuevo a través de la propaganda sanitaria y la educación.
Llegados a este punto, resulta inevitable preguntarse...
¿Qué avances concretos se están realizando en el 2015 para preveer futuras crisis biomédicas de alcance mundial? ¿Hasta qué punto se promueven y ponen en práctica los planteamientos, valores y propuestas postuladas por los antiguos genios vanguardistas en materia de salud e higiene pública? ¿Estamos en la actualidad realmente preparados para una próxima gran y devastadora pandemia?
JCM
Epidemia y Enfermedad Social: una mirada desde la Salud e Higiene Pública (Parte II)
A pesar de estos primeros esfuerzos por combatir la enfermedad desde la salubridad y la higiene pública, la sociedad romana se vio azotada por epidemias bastante atroces como la plaga de Galeno (o peste antonina) en el siglo II d. C., o la plaga de Justiniano en el siglo VI (causada por la peste bubónica). Pero sin duda la epidemia más catastrófica que afectó ya no solo a lo que quedaba del Imperio Romano sino que también a Europa, China, India, Medio Oriente y Norte de África, fue la Peste Negra en el siglo XIV, también causada por la peste bubónica, y que ha sido, hasta ahora, la peste más devastadora de la que se tenga registro en la historia de la humanidad, cobrando la vida de alrededor de 70 u 80 millones de personas a nivel mundial. En palabras del médico francés Guy de Chauliac –que estuvo al servicio de 3 papas-, fue un periodo en que “muerta estaba la caridad, aniquilada la esperanza”, e inútil y vergonzoso para los médicos puesto que no existía tratamiento para la peste y, naturalmente, tenían miedo al contagio.
Posteriormente, en el siglo XVI el médico italiano Girólamo Fracastoro (padre de la epidemiología moderna) estableció que las epidemias eran consecuencia de infecciones de las personas, descartando la idea de los “miasmas” y atribuyendo la causa de las infecciones a los “gérmenes esenciales” que se podían contagiar mediante contacto con el enfermo, con fómites o con “cierta cosa (los microorganismos, que él no conocía) que se transporta”. Lo interesante es que, respecto al brote epidémico de sífilis (al que bautizó como tal) que afectó ese mismo siglo a Europa, Fracastoro ya comienza a sugerir la idea de que las enfermedades se pueden contagiar a través de los alimentos, al sentenciar en su poema sobre la sífilis: “No toquéis las trufas ni las alcachofas; Dejad a otros los puerros y pepinos”.
Más tarde, en materia de higiene pública, pasado el Renacimiento se prohibieron los baños públicos para evitar la prostitución y alborotos o desórdenes.
Luego, en el siglo XVIII, Edward Jenner (médico británico) asentó firmemente la medicina preventiva (apenas practicada hasta entonces), al demostrar que la vacuna era un procedimiento más seguro que la inoculación y desarrollando la primera vacuna eficaz contra la viruela, al realizar un ensayos con muestras de pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina –vulgarmente conocida como “la peste de las vacas”-. Gracias a sus descubrimientos en este ámbito, en la actualidad nos vemos protegidos contra bastantes enfermedades.
…En el próximo y último pasaje contemplaremos cómo se los factores sociales y el concepto de “Medicina Social” fueron tomando cada vez más fuerza a la hora de prevenir catástrofes biológicas como estas; también una breve descripción de la situación actual, y algunas reflexiones en torno al futuro epidemiológico de la raza humana…
JCM
Nuestra masa encefálica en acción 😏
Un minuto de silencio por Miguel de Servet, descubridor de la circulación menor, quemado en la hoguera junto a su obra el 27 de octubre de 1553 por la Inquisición.
Epidemia y Enfermedad Social: una mirada desde la Salud e Higiene Pública (Parte I)
La historia de la medicina es una rama de la historia que se dedica al estudio de los conocimientos y prácticas médicas a lo largo del tiempo, viéndose marcada tanto por personas, como por hechos e ideas que han formado parte del desarrollo de esta ciencia de la salud. Resulta ciertamente impresionante la cantidad de logros y avances que en este contexto se han ido alcanzando prácticamente desde el origen mismo del ser humano, generando satisfacción e incluso orgullo en muchos; no obstante, esta historia no sólo está compuesta por éxitos y alegrías, sino que también por fracasos y acontecimientos adversos como el caso de las epidemias y las “enfermedades sociales”.
Se entiende el concepto de epidemia como una enfermedad que se propaga rápidamente entre un determinado grupo de población humana, afectando simultáneamente a un gran número de personas. Y dicho concepto podría encontrarse bastante ligado al de enfermedad social, que es la enfermedad cuya causa principal se encuentra en la forma de organización de las comunidades y en la desigualdad social. Esa relación, entre ambos conceptos, es la que se procurará enfatizar en el presente ensayo, apoyándose en un tercer concepto: el de higiene, que se define como el arte y ciencia de la conservación de la salud.
Si bien no se tiene mucha documentación respecto a las primeras muertes en masa (producto de enfermedades) que se dieron en la historia de la humanidad, es posible encontrar antecedentes sobre acontecimientos de ese tipo en la Biblia y en los poemas homéricos, generalmente entendiendo estos hechos como una especie de “castigo divino”. Con Hipócrates (Siglo V a. C.) comenzó a instalarse la idea de que las “pestes” podían tener relación con el medio ambiente, con el entorno, viéndose propiciadas por el estado del aire y los cambios de estaciones, la humedad, el clima cálido e incluso las grandes aglomeraciones en las ciudades. Pese a ello, no se conocía en un principio la naturaleza de las enfermedades, por lo que difícilmente los médicos podían hacer algo ante las primeras grandes “pestes”.
Pues claro, antiguamente se denominaba genéricamente como “plaga” o “peste” a casi todo tipo de enfermedad que implicara una mortandad generalizada, y se pensaba que los principales responsables de su propagación eran el “aire apestado” y el “miasma” (emanaciones nocivas). Quizás la plaga mejor descrita de la historia antigua corresponde a la plaga de Atenas, una devastadora epidemia que contribuyó a la caída de la misma ciudad y que fue descrita en el 430 a. C. por Tucídides (historiador y militar ateniense).
Ahora bien, en cuanto a los orígenes del desarrollo de la salud e higiene pública, vale decir, las acciones colectivas para proteger la salud de un conjunto de personas, es posible observar cómo en la época del Imperio Romano se realizaron importantes obras. En efecto, esta civilización destacó por disponer de cloacas, baños públicos, acueductos y letrinas en sus grandes urbes, además de secar pantanos -para el combate contra el paludismo- y limpiar caminos públicos; toda una revolución en lo que a higiene pública se refiere, al menos al compararlo con sus tiempos y civilizaciones precedentes.
…En el próximo pasaje veremos cómo estos primeros grandes esfuerzos salubristas no lograron controlar algunas epidemias fatales…
JCM
¿Qué diablos es Aperta Medicine?
Aperta Medicine (Medicina Abierta en latín), tal como indica su descripción, es la construcción de un espacio abierto donde las personas dedicadas o interesadas en el área de la salud pueden aportar y compartir de forma anónima o manifiesta.
¿Compartir qué? Obras, opiniones, preguntas, reflexiones, ensayos, información; todo es bienvenido, siempre y cuando tu aporte tenga relación con el campo de la salud, la medicina, la enfermería, la psicología, la sociología u otras ramas del saber biopsicosocial. Tú eres el protagonista de lo construido aquí
La única condición para participar es tener una mente abierta. Tu contribución siempre será muy bien recibida y agradecida.
Curiosos lectores, les deseo una enriquecedora y estimulante experiencia.
¡Comencemos!