- A LA CLANDESTINIDAD NO VOLVEMOS NUNCA MÁS -
El 30/12/2020, al rededor de las 4 am se aprobó la ley de interrupción voluntaria del embarazo en la Argentina. Nosotrxs esperábamos en la calle, en una larga vigilia verde que nos tenía reunides desde las cuatro de la tarde del día anterior, pero que en verdad se remontaba a la vigilia de la votación en diputados un par de semanas antes, a la vigilia de 2018, cuando se votó el proyecto por primera vez, a las vigilias de todas las noche que pasamos acompañando abortos en la clandestinidad, a las de nuestras madres y abuelas que abortaron en secreto también, y que recién hoy pueden contarlo.
Hay cosas de las que no quiero olvidarme. No quiero olvidarme de ese segundo en el que ví los números en la pantalla: un 38 verde, un 29 rojo. Ese segundo de conciencia, de nudo en el pecho. No quiero olvidarme nunca que se armó en la plaza una fiesta de media hora que duró para siempre, que bailé con esxs amigxs con las que le pusimos el cuerpo a esta lucha, con las que aprendí que la moral impuesta se cae a pedazos cuando se choca con la realidad de la calle, con las que entendí que todxs abortamos: lesbianas, madres, chicas de clase media y universidad privada, pobres, migrantes, católicas, evangelistas, trans. A todxs nos atraviesa ese instante donde la necesidad de que mi propio cuerpo y mi decisión sobre él no me sea arrebatado, se pone en juego por sobre todo lo demás. No quiero olvidarme nunca de que volví a mi casa pedaleando, cerca de las seis y media de la mañana, y la luna era imposible de tan grande, y tenía un halo amarillo alrededor, y la noche estaba vacía.
Estaba vacía y era nuestra.
Feliz conquista de derechos. Nos abrazo para que no nos olvidemos que todo sirvió para que las cosas cambien.











