Moonage Daydream: Bowie a través del tiempo
Han surgido preguntas como… ¿Quién es? ¿Qué tipo de ser? ¿De dónde ha salido? ¿Es una criatura de poder desconocido? ¿Es raro, peligroso? ¿Es real o falso? ¿Está loco? ¿Es hombre, mujer, robot? ¿Qué es? - The Dick Cavett Show. 1972
En los cinco años que han pasado desde la muerte de David Bowie, se han lanzado colaboraciones con Vans, re-ediciones de álbumes remasterizados y remezclados, grabaciones inéditas, incontables álbumes en vivo e incluso NFTs – en otras palabras, la marca “Bowie” parece estar más activa y rentable que nunca – pero hay un campo que ha permanecido protegido por encima de los demás: El cine.
Descontando el fracaso de Stardust (2020, dir. Gabriel Range), largometraje no aprobado por la familia de Bowie, cuyo soundtrack fue privado de contar con la música que funciona como fundamento de su historia, muy pocos filmes acerca de David Bowie se han producido, en una época donde las películas de músicos parecen ser un nuevo estilo de franquicia – lo más cercano que tiene el mundo real al cine de superhéroes.
Es por ello que el estreno de Moonage Daydream provocó anticipación inmediata, tratándose de un documental aprobado por la familia de Bowie (el primero estrenado en cines desde su muerte) y dirigido por Brett Morgen (Cobain: Montage of Heck), quien ha destacado por su estilo de edición en años recientes. Si había algo que prometía la película, era que cumpliría con las expectativas del propio Bowie, quien “no quería una biopic estilo Queen, un blockbuster de su vida”. Y si hay algo que queda claro desde los primeros minutos de la cinta, es que es todo lo contrario.
Lo que Brett Morgen ofrece con Moonage Daydream es una experiencia sensorial de tiempo no lineal, un collage palpitante, saturado y desenfrenado, donde la música guía por encima de las voces y la razón. El Bowie que nos presenta no es uno construido a partir de anécdotas o recuerdos ajenos, sino a partir de cómo él mismo se presentó frente a su audiencia: A través de su música, sus recuerdos, sus pinturas, sus actuaciones, sus intereses, sus miedos. Lo que busca no es sintetizar su proceso creativo, o su vida personal, sino a Bowie mismo; todo al mismo tiempo y nada en específico. Se trata de un retrato vívido, mucho más íntimo y personal de lo que podría sentirse un documental acompañado por entrevistas actuales.
Pocos temas y sujetos tienen la oportunidad de ofrecer un extenso archivo restaurado y disponible a partir del cual pueda construirse una narrativa. Brett Morgen tuvo acceso a los archivos personales de Bowie, los cuales observó sin detenerse por semanas, desenterrando material y re-descubriendo al artista que conocía. Lo que presenta es una síntesis del todo, cuya única narración proviene del mismo David a lo largo de los años, a través de entrevistas y grabaciones inéditas.
En un principio, podría parecer que Moonage Daydream tiene más en común con un video musical o con un super-montaje que con un largometraje narrativo y su estilo caótico puede resultar en cansancio – la película tiene una duración de 135 minutos – pero a pesar de su densidad, es capaz de detenerse por momentos y enfocarse en periodos del artista que Morgen considera relevantes. Dentro de estos enfoques existe un orden narrativo y cronológico, sirviendo como el hilo conductor de la carrera de Bowie. Algunos de los periodos destacados son su época de glam rock como Ziggy Stardust (1972-73), su estancia en Berlin (1977) y su ruptura comercial de Let’s Dance (1983), donde se convierte en una super-estrella pop. Cada periodo es explorado con detalle por el propio David, quien ofrece perspectivas reveladoras que otorgan un contexto interno para cada periodo. Moonage Daydream se abstiene de ofrecer explicaciones superficiales, presentando sus segmentos sin marcadores de tiempo, dejando que Bowie haga todas explicaciones. En ciertos momentos, es posible que la temporalidad pueda sentirse difusa y poco clara, y eso es totalmente intencional. Sin embargo, aún es muy fácil discernir del año de cada imagen, gracias al estilo y estética de Bowie, que siempre marcan una temporalidad específica.
Observar cada segmento es emocionante y casi siempre deja deseando más (fácilmente podría hacerse un documental completo de cada periodo mencionado arriba), pero Morgen nos recuerda constantemente que esta película es un retrato de la persona. Por encima de álbumes y canciones, se habla de las intenciones de David como artista, su relación con el lenguaje musical, con sus padres y con el amor. Como fan de Bowie, parte de mí hubiese deseado que se exploraran ciertas épocas con mayor detalle, como su periodo experimental a mediados de los 90 o su último álbum, Blackstar, pero es innegable admitir que lo que presenta la película ya es un sueño cumplido por sí mismo. Tan solo presenciar varias de las presentaciones en vivo totalmente restauradas en una sala de cine es suficiente, sobre todo las de Ziggy Stardust y las del tour Isolar II. Moonage Daydream es un tributo presentado a través de más de cincuenta años de trabajo en una sola película, limitándose al explicar y prefiriendo demostrar, haciendo un uso potente de sus imágenes y canciones. Utiliza todos sus recursos para asegurarse de que la atención nunca abandone la pantalla, para intentar crear un retrato tanto del trabajo mismo como del individuo detrás de todo. Pocas veces se detiene para un respiro; es un sueño, el tiempo en una botella. El principio es el fin y el fin es el principio, es Bowie mismo flotando en el espacio.
Fabio González Rojas
Estudiante de Ciencias de la Comunicación, director, escritor y músico independiente. No hace nada bien, pero lo intenta










