—¡Hey, titi!
—Entra.
La cara de Jessica no dio pie a dudas: no estaba de humor. Pero teniendo presente que la detective, desde años atrás, nunca lo estaba, Yondu no le dio mayor importancia y pasó al interior del piso. Hacia tiempo que no estaba por allí, pero no por ello le había perdido el rastro.
—Cuánto tiempo. ¿Cómo estás hoy?
Sin dar respuesta, lo agarró con fuerza por el brazo y lo arrinconó contra la pared. Usando la mano libre empezó a vaciar los bolsillos de su sobrino.
—¡Eh, eh! ¿Qué estás haciendo? No llevo comida encima.
—¿Y esto?
Espetó Jessica, al par que sacó un par de jeringuillas y heroína, junto a varias fotos suyas. Algunas las dejó caer al suelo con ímpetu.
—Es… Es… —Yondu apretó los labios, incapaz de justificarse—. ¡No es nada!
—Muy bien.
Aprovechando el amarre, lo empujó de mala gana en dirección al baño. Los intentos de Yondu por soltarse fueron en vano, sobre todo teniendo en cuenta la súper fuerza con la que contaba la mujer y que le daba clara ventaja; hasta que por sorpresa se vio con una mano esposada a la tubería del lavabo.
—¿QUÉ? Jessica, no. Por favor, suéltame. —Mientras tiraba de las esposas en un vano intento por soltarse, comenzó a llorar—. ¡Suéltame!
—¿Quieres que te suelte? Entonces haz lo que debes. Di la verdad. ¿Cuánto tiempo, Yondu? ¿Por eso insistías en venir aquí siempre? ¿Para tener preparada la primicia para Kilgrave?
Lo sabía desde hacia semanas, incluso le había costado una pelea con la mocosa. Cuando le cogió la cámara que ella misma le había regalado sin permiso y había revisado el contenido. Las imágenes coincidían, sin lugar a dudas.
Los mismos escenarios, la misma ropa. Fotos idénticas a las que había encontrado en el piso de Kilgrave, pero tomadas desde otra perspectiva. En todas y cada una de ellas, al fondo, Yondu siempre la apuntaba con una cámara.
—¡No lo entiendes! ¡No diré nada! ¿Crees que…? —Se retorció antes de mirarla—. ¿Puedes intentar entenderme? Yo no quise nada de esto.
—Lo sé. Sé mejor que nadie cómo funciona esto. Kilgrave te lo ordena y se acabó, ya no existe nada más en el mundo. Sé que no te deja opción. Eres tú el que no lo entiende.
Se sentó en el suelo enfrente de él, apoyada en la pared. Su expresión seguía siendo seria, igual que al abrir la puerta, pero la tensión en su garganta delataba que se esforzaba por no llorar también.
—No te ha cogido al azar, no te ha cogido porque estabas cerca de mí. Lo ha hecho porque sabe lo que significas para mí.
Yondu miró al techo, pensando por primera vez en lo que su tía le dijo.
—Quiere hacerte daño con lo que me está haciendo a mí —comprendió por fin. El cuerpo le tembló—. Lo siento, no pude evitarlo.
—Te ha hecho esto para aislarme a mí. Para hacerme sentir como una infección —corroboró ella—. Una persona más, muerta, o muriendo, por mi culpa. Pero él no sabe que no importa cómo acabe esta historia. Incluso si tú mueres, por mucho que me destroce, no habrá diferencia. Porque sigo luchando. Seguiré luchando.
A pesar de que no la miraba, los ojos de Jessica no se apartaron de él un solo segundo.
—Así que, por una vez, ¿por qué no me ayudas a cambiar lo que él ha planeado?
Yondu cerró los ojos con alivio al saber que, pasara lo que pasara, ella seguiría luchando. Así que cogió aire lentamente y, a pesar de los temblores, cuando volvió a abrir los ojos su mirada había cambiado.
—¿Cómo?
Antes de responder, la mejorada sacó de sus propios bolsillos lo que había sacado al registrar a Yondu y lo dejó a su alcance.
—Si te obligo a dejarlo, por mucho que sea por tu bien, no estará siendo distinto a lo que te hace Kilgrave. Así que elige tú. Sé quien cuide de mí esta vez. Sé el héroe.
—Yo no sé ser un héroe…
Le costaba apartar la mirada de lo que había dejado a su lado. Debía ser fuerte pero, ¿realmente podía serlo? Sentía que no estaba solo, no solo porque siempre contaría con su tía; había alguien más que siempre le daría su apoyo.
Con las manos temblorosas lo cogió y lo tiró dentro del retrete, de manera lenta, como si le doliese cada gesto.
Al verlo, un nudo se cogió en el garganta de Jessica, al principio con miedo. Sin embargo, al ver que Yondu decidía dar un paso al frente y ser valiente, cerró los ojos y suspiró con alivio. Sin darse cuenta se le escaparon un par de lágrimas traicioneras.
Se acercó para quitarle las esposas.
—Haré lo que sea necesario para que ninguno de los dos vuelva a sufrir por él —prometió.
A pesar de que ya podía moverse, el muchacho se quedó allí y escondió la cabeza entre sus propias rodillas. Ahora venía la peor parte.
—Yo también lucharé, no dejaré que pueda conmigo.
Aunque dudó en un principio, en un gesto que pretendía ser cariñoso, Jessica llevó la mano a su pelo y acarició con cuidado sus rizos.
—Lo sé. Confío en ti.
Yondu se rió aunque su mueca avecinó el llanto.
—Yo no lo hago, pero voy a ponerle todas mis ganas, eso te lo prometo. —Se inclinó hacia ella para dejar la frente apoyada sobre su hombro—. Gracias…
La detective no tardó en pasar un brazo tras su espalda para acoger su gesto. Alzó la mirada hacia el techo y arrugó la nariz, buscando controlarse y no acabar llorando ella también.
—No tienes nada que agradecerme.
—Luchas por ambos, claro que te lo voy a agradecer titi.
Jessica rió en voz baja.
—Y dale con el titi…
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