Portada numero 26: EL PRÍNCIPE
aun me queda mucho del capitulo 26 pero por desgracia uno de mis familiares esta hospitalizado asi que no tengo mucho tiempo para dibujar, perdonen si estos capitulos tardan un poco mas.

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Portada numero 26: EL PRÍNCIPE
aun me queda mucho del capitulo 26 pero por desgracia uno de mis familiares esta hospitalizado asi que no tengo mucho tiempo para dibujar, perdonen si estos capitulos tardan un poco mas.
El Huas, parte 26: Alarma
Lista de capítulos
Estuvimos casi un mes sin vernos. El Huaso prefirió aprovechar la mayor cantidad de tiempo posible para estar con su padre antes de venirse a empezar el semestre.
Lo fui a buscar al terminal de buses, como siempre. Nos fuimos a su casa y nos pusimos al día inmediatamente. Nos besamos apenas cerramos la puerta de su pieza, como dos enamorados que llevan meses sin verse (en realidad, “mes”). Me sacó la polera y yo le saqué la suya, y nos acostamos en la cama, él encima mío y me miró a los ojos.
—Te extrañé tanto —me dijo, con una sonrisa tierna.
—Yo también —alcé mi cabeza para seguir besándonos, y él me correspondió.
Pasó sus labios desde mi boca al cuello en un instante, provocando que me retorciera levemente, entre cosquillas y placer. Bajó besando mi pecho y abdomen, hasta llegar a mi cadera, donde me quitó con facilidad el short y reveló mi sensual ropa interior.
—Te preparaste para mi —dijo mirando el jockstrap rojo que traía puesto, como un niño mirando la juguetería.
—No, me puse lo primero que encontré —le respondí haciéndome el tonto.
—Pero ¿Qué hacemos ahora? —me cuestionó—, esto cambia todos mis planes —dijo pasándome su dedo índice en la zona perianal.
Iba a preguntarle a qué planes se refería, pero el placer que me provocaba su jugueteo me hizo entender todo.
Me volteó, y yo como en modo automático, arqueé mi espelda levantando la cadera, dejando expuesto mi trasero apra que él hiciera lo que deseara. Él rápidamente acercó su rostro e inmediatamente pasó su lengua por mi ano.
Me hizo un beso negro con toda la pasión acumulada en cuatro semanas. Alternaba el uso de su lengua con el jugueteo de sus dedos, mientras a ratos tomaba los elásticos del jockstrap, los estiraba y luego los soltaba, para terminar con un apretón de glúteos.
Se levantó y se sacó el pantalón y el bóxer, quedando completamente desnudo frente a mí. se montó encima de mí e introdujo su miembro casi completo. Su juego previo me había dejado listo para recibir todo su talento. Se movió como nunca, con un ritmo y una velocidad increíbles.
La pasión acumulada durante el mes, y las ganas de estar con el otro por fin fueron liberadas.
El Huaso se aferraba a mi cintura, como punto de apoyo para poder usar todas sus energías para mover su pelvis con fuerza. Se acercaba a besarme por la espalda, y yo disfrutaba el momento, me dejaba llevar. Dejaba que mi pololo me demostrara ese amor que sabía que sentía por mí.
El Huaso luego se acostó de espaldas en la cama, y yo me senté encima de él y lo cabalgué. Moví mi cuerpo como hace semanas no lo hacía, provocándome tal placer que acabé con solo sentir el pene de mi pololo dentro mío. el semen salió por encima de la pretina del jockstrap, por donde asomaba la mitad de mi pene completamente erecto.
El Huaso sonrió al ver el producto de mi excitación, y tomó con sus dedos lo que había caído en su abdomen, y me lo metió a la boca. Yo, acto seguido, me acerqué a besarlo, con tantas ganas que le tiré el pelo en el proceso, aun sintiendo el movimiento de su pene en mi interior.
Durante el beso comenzó a mover su pelvis con fuerza, tomando él el control de la situación a medida que se acercaba el clímax. Su orgasmo no tardó en llegar, y yo lo pude notar al sentir una nueva ola de calor en mi interior.
Nos quedamos acostados, abrazados en su cama, aún desnudos (yo seguía con el jockstrap puesto) por mucho rato.
—Estuvo bueno —le dije para romper el silencio.
—¿Bueno? —me miró perplejo—. ¡Estuvo increíble! El mejor sexo del último tiempo.
—Ya, si estuvo buenísimo —acepté sin discutir. De verdad había estado notable.
Regaloneamos un rato más, y después de ducharnos, el Huaso inició la conversación pendiente.
—¿Y encontraste a alguien? —me preguntó haciendo referencia al trío.
—No, amor. Ni siquiera me preocupe de buscar. Si nunca quedamos deacuerdo en nada —me excusé.
—¿Cómo que no? Dijimos que haríamos un trío con un weon —me sorprendía su insistencia.
—¿Pero estas seguro de querer hacerlo? —le pregunté en serio—. Si igual tu eres celoso… muy celoso. ¿no te va a dar cosita ver a alguien más besándome y tocándome?
—No… bueno sí, un poco —respondió después de pensarlo un poco—. Pero esa es como la gracia igual. Hacer algo fuera de lo común. Aparte da lo mismo si el otro weon te toca o te besa, si tu me amas a mi —me miró con sus ojos de fingida inocencia, que hacían estragos en mi.
—Ya, y si tuvieras que elegir a alguien ¿a quién elegirías? —le pregunté, para saber mas o menos para donde iba la micro.
—¿Hombre o mujer? —ante su pregunta puse cara de exasperación, y él la interpretó debidamente—. Al Sergio yo cacho…
La respuesta que estaba esperando.
—Igual podría ser… —dije fingiendo que evaluaba la idea— ¿no te molesta que yo le guste?
—No, de hecho por eso lo elegí.
Me sorprendió su respuesta.
—¿Quieres ofrecerme como un artículo de beneficencia? —le pregunté enojado.
—No, tonto —se acercó a mí y me tomó la mano—. Me gustaría que fuera con él porque le gustas y sé que te tratará bien. Lo conozco, es mi primo po, y sé que puede ser medio cargante y lanzado, pero cuando le gusta alguien se preocupa por esa persona. No te va a faltar el respeto.
Me volvió a sorprender, pero por lo tierno y preocupado.
—Bueno ya, ¡llama al Sergio y dile que se venga altiro! —le dije en modo de broma.
Nos reimos y nos besamos, y salimos a dar una vuelta a la playa.
Los días pasaban y entramos a clases, los primeros laboratorios y los nuevos ramos estaban causando estragos en nuestras mentes. La nueva modalidad de los ramos con un enfoque más profesional me estresaba bastante.
Una noche de martes estábamos con el Huaso en su pieza preparando los protocolos para el laboratorio del día siguiente.
—No entiendo a qué se refiere la profe con los protocolos —le dije al Huaso, ya completamente superado por las responsabilidades de la U.
—Pero hagámoslo mañana nomas, antes de entrar al lab —me dijo, acercándose a mi para besarme.
—Tenemos que tenerlo listo porque o si no, no nos dejarán entrar —le adverti, sin mucho convencimiento.
—Ya, pero primero despejemos la mente entonces y después seguimos —me beso y me recostó en la cama.
Al poco tiempo nuestras ropas estaban tiradas en el suelo de su pieza y nosotros nos besábamos como siempre, preparando el ambiente para lo demás.
Comencé a hacerle sexo oral cuando escuché que sonaron las alarmas antitsunami.
Nos miramos con cara de intriga. Me asusté un poco, pero pensé “debe ser un simulacro”.
—Tan tarde que prueban estas weas… —comentó el Huaso, como leyéndome la mente.
Me estaba poniendo de pie cuando golpean con fuerza la puerta.
“Patito, salga rápido que hay tsunami” gritaba la dueña de la pensión con terror en su voz, avisando a todos sus inquilinos que había que evacuar.
Nos vestimos rápidamente y salimos lo mas piolamente posible tratando de no levantar sospechas sobre nuestras actividades privadas. Salimos a la calle y la señora de la pensión nos avisó que había que correr al cerro porque había habido un terremoto en Iquique. Nosotros nos fuimos caminando hasta Avenida Argentina, y durante el camino mi celular comenzó a sonar con la alarma satánica de emergencia antitsunami. Traté de comunicarme con mi familia para decirles que estaba bien, y que llegaría con el Huaso a la casa.
Llegamos como en 40 minutos a mi casa, y mi mamá me recibió con un apretado abrazo. Estaba preocupada por mí, así que nos preparó un té para que comiéramos algo. Nos quedamos viendo las noticias, informándonos de lo que ocurría en el norte con el terremoto, y a medianoche nos fuimos a acostar.
—Al menos ahora no tenemos que inflar el colchón —me dijo el Huaso acostándose a mi lado.
—Menos mal —respondí riéndome—. ¿Quieres terminar lo que empezamos en tu casa? —le ofrecí.
—Ya po —dijo después de pensarlo un rato, aunque sin ganas.
—No quieres ¿verdad? —le encaré.
—Estoy cansadito —me dijo con ternura.
—Yo también —me reí—. A dormir mejor.
Nos dimos un beso de buenas noches y nos acostamos haciendo cucharita, yo abrazándolo a él. Pero la comodidad de la noche no duró mucho porque al rato volvieron a sonar nuestros celulares con la alarma de emergencia antitsunamis. Dejamos que sonara hasta que pararan, y nos quedamos dormidos.
Al dia siguiente ambos despertamos ganosos, y al notar que no había nadie más despierto en la casa, nos pusimos manos a la obra, esta vez con el Huaso de pasivo. Le saqué el bóxer y le hice sexo oral, para estimularlo por todos lados. Proseguí con el beso negro, que cada vez que lo hacía me demostraba lo mucho que le encantaba, y luego comencé el acto sexual propiamente tal, con él de espaldas en la cama, en posición de misionero. Nos besamos, nos tocamos y nos acariciamos, y llegamos juntos al orgasmo.
Nos duchamos (por separado) y bajamos a tomar desayuno. Conversamos con mi mamá sobre las noticias, y luego nos despedimos con el Huaso, que se fue a su casa, la cual afortunadamente no sufrió daños con el “tsunami”.
Durante el resto de la semana no tuvimos clases, así que el jueves nos juntamos con nuestro grupito de amigos en la casa de la Claudia.
El Huaso se sentía cada vez más cómodo demostrándome cariño frente al grupo de amigos (y bueno, yo también en todo caso), hasta que por lo general aparecía alguien que no pertenecía al grupo. Esa noche apareció el Diego (junto a otros amigos de la Claudia), y el Huaso comenzó a mostrarse más distante para no quedar expuesto frente a alguien que no era de confianza. Le extrañó que yo conversara tan amenamente con el Diego, a quien se suponía que yo odiaba.
—¿Y de cuando que eres tan amigo de ese weon? —me preguntó en privado, sentados ambos en el sillón, mientras los demás conversaban en pequeños grupos sobre otras cosas.
—Desde mi cumpleaños po —le dije con naturalidad—. Andaba re simpático ese día, así que me cayó bien.
—Pero si es re cargante, ¿como te puede caer bien?
—No sé, lo noté cambiado —omití la comunicación por Facebook, porque sabía que se enojaría—. Aparte, si te tiene tantas ganas, mejor tenerlo de “amigo” que de “enemigo”.
—En todo caso… —dijo después de pensarlo un rato, pero aún con cara de sospecha.
—De hecho, como te tiene ganas, podríamos invitarlo a hacer el trío con nosotros —le dije en voz aún mas baja, para que solo él escuchara.
Se alejó de mi para mirarme a los ojos, con cara de incredulidad. Yo me reí de su reacción y le dije que estaba bromeando.
—Ni cagando —se rió por fin—. O sea, no es feo a mi gusto —lo miré feo ante esa declaración, y retrocedió de inmediato—. No no, si no es feo, pero tampoco creo que me lo comería. O sea ahora esta todo tranqui, pero me imagino que en la cama igual se desata y actúa como era antes, así bien exagerado.
—¿Y por qué te lo imaginai en la cama? —le pregunté fingiendo indignación—. ¡Weon Degenerado!
Se rió y miró para todos lados, asegurándose que no estaba viendo nadie, y me dio un rápido beso. Nos reímos como dos niños haciendo una maldad, hasta que sentimos que alguien nos empezó a sacudir el pelo por detrás del sillón.
—Buena buena tórtolos —era el Victor, que nos había visto besarnos.
El Huaso se puso un poco nervioso, pensando que podría decir algo y el resto de gente que no conocíamos se podía enterar de lo nuestro, pero no pasó más allá de eso. Estaba ya bastante borracho, se sentó a nuestro lado, nos metió un poco de conversa, y se quedó dormido.
Pasaron las semanas y no volvimos a mencionar el asunto del trío hasta fines de julio, cuando estábamos estudiando en mi pieza para las últimas semanas de pruebas del semestre y el Huaso me dijo que vendría el Sergio a la ciudad.
—¿Y a qué viene? —le pregunté haciéndome el tonto. En el fondo me daba mucho miedo, mas que nada por inseguridad, el hacer un trío.
—¿A qué va a ser? —me dijo sin creer que yo le preguntara eso—. ¡A vernos po! Y ahí quizás podremos hacer algo los tres —sonrió coquetamente, seguramente imaginándose en su mente todas las posibilidades de lo que haríamos.
—¿Pero estay seguro de eso? —le pregunté serio, para saber si estaba de acuerdo con la idea.
—Si po. ¿Tu no? —me preguntó preocupado.
—No sé. Es que me da miedo… no sé —le respondí inseguro, como siempre—. Soy el único que no ha hecho nunca algo así, y quizás quede en ridículo…
—Si no quieres hacerlo dímelo ahora y paro todo. Si en el momento te arrepientes, paramos. No te voy a exponer a una situación incómoda —me aseguró mirándome a los ojos.
Con sus palabras de protección me hizo sentir mas seguro, así que le dije que sí estaba dispuesto a hacerlo. La verdad siempre quise hacer un trío, y más aún con el Sergio, que junto al Huaso habían sacado los mejores genes del árbol genealógico (incluído el gen gay), pero no podía negar que sentía un miedo excesivo, producto del riesgo de hacer algo desconocido para mí, y la inseguridad propia de mi personalidad. Pero la confianza que me daba el Huaso, y sus ganas de hacerlo se me empezaban a contagiar a mí. El miedo y la ansiedad se estaban retirando de mi, y en un par de minutos solo quería que el tiempo pasara rápido.
—Dile que venga la segunda semana de agosto —le ordené—, cuando estemos de vacaciones, y así aprovechamos que mis papás irán a Santiago a ver a mis abuelos . Tendremos mi casa sola toda esa semana.
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