Procesos históricos, Medellin.

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Procesos históricos, Medellin.
Contrastes
És a causa da minha tristeza e alegria.
Quando eu te conheci mal sabia,
que após uns tantos anos de agonia,
o bem você me faria.
Mas veio a tempestade e alagou tudo.
O chão foi arrastado para o fundo.
E ficando cada vez mais mudo,
caminhei de volta ao meu mundo.
Bogotá’s
¿Qué imaginar de un sitio sin necesidad de conocerlo? ¿Cómo fabricar cuestiones y fundamentos sobre aquel lugar sin haberlo pisado? ¿Qué interpretar mientras lo caminas y luego te lo reportan en televisión nacional? Bueno, esas y muchas más preguntas se evidenciaron en mi al vivir en una metrópoli que bajo mi criterio debería llamarse “Bogota’s”.
No faltaba más, si lo que te muestran por la televisión queda muy corto, y además, es informado bajo el prejuicio del poco profesional periodismo colombiano.
Comento esto porque tuve la inmensa fortuna de vivir un encuentro hace poco días en la capital colombiana. El objetivo era visitar diversas localidades del sur de la ciudad, y grata sorpresa se lleva uno al evidenciar la cantidad de mundos que un poco más de 8 millones de habitantes fabrican en una sola ciudad. No es para menos, porque uno como ser humano crea un lugar, también lo imagina, y en últimas, también debería vivirlo. Pero, ¿a dónde trasciende todo esto?
Has escuchado de Ciudad Bolívar, ¿cierto? Si, aquella localidad de “mala muerte”, donde termina mucho de lo robado de Bogotá. En donde se respira la delincuencia, la droga y la poca presencia del Estado día tras día. Bueno, en sí, lo que todos conocemos gracias a nuestras franjas de chismes llamadas noticieros. ¿Saben? Todos deberíamos tener la oportunidad de ir a vivirla, y sentirse de Ciudad Bolívar. Sí, de esa misma localidad que día a día lucha por su pan diario, por su abrazo comunitario, por su camino seguro hacía una nueva ciudadanía.
Pregúntate: ¿existen bibliotecas en Ciudad Bolívar? ¡Claro! Y no solo eso, existe una red de bibliotecas, totalmente comunitarias y fabricadas por las personas de aquella localidad. No saben lo bien que se percibe sentarse en ese valle de libros, de historias, de enciclopedias. Ver libros de poesía como Neruda, como Lorca y como Benedetti. Leer a Shakespeare, Sartre y a Camus ¡en plena Ciudad Bolívar! No sé a ustedes, pero para mí tiene un significado enorme. Es una cachetada hacía la vagancia, el desempleo y el poco acceso a la educación que vive esta localidad, pero sobre todo, es un grito al resto de la ciudad. Es un grito de sabiduría, verraquera y emprendimiento para un Estado y un país que no reconoce a Ciudad Bolívar como algo distinto y lo deja a su deriva y abandono.
Resultó curioso que los niños en Ciudad Bolívar jugaran sin parar, como si el día no tuviera noche, y como si por allí nunca fueran a robar. Pero es más curioso que los niños en la Plaza de Bolívar –en pleno centro de Bogotá- no se dedicaran a jugar. ¿No les resulta extraño? Para mi resulta muy complejo, pero también es otra cachetada que esta localidad le daba a el resto de ciudad, a la “metrópoli” colombiana.
Ahora, pleno centro de Bogotá, Plaza de Bolívar, y una arquitectura que enamora sin permiso alguno. Pero es curioso el cambio. Llegar y ver representado en unas cuantas cuadras el poder de nuestra república: Palacio de Justicia, Casa de Nariño, Congreso, Catedral Primada y Alcaldía de Bogotá. Sumen todos los escándalos, críticas, desaciertos y descaros de todas estas entidades, y entenderán un poco lo que viví en plena Plaza de Bolívar. Fue un contraste muy fuerte, ya que hacía poco había estado en la localidad Ciudad Bolívar, en otro mundo, en otro ambiente, en otra Bogotá. Es curioso que un apellido como Bolívar lleve el nombre de estas dos Bogotá’s. Que quién según la historia liberó a nuestras tierras de la corona española enmarque este contraste es más curioso aún. Si Simón Bolívar visitara cualquiera de las partes se llevaría decepciones en ambos lugares, pero a mi criterio más en su famosa Plaza.
Bolívar al llegar a la localidad que lleva su nombre se llevaría con la sorpresa de ver al horizonte unas montañas erosionadas por las canteras y minas producto de la extracción del material de construcción para Bogotá. También viviría el abandono de una zona de una capital de un país constituido e “independiente”. Pero se llevaría una sorpresa al notar las ganas de vivir y de salir adelante de muchas personas de aquella zona marginal, y quedaría encantado al leer la historia de sus batallas en una biblioteca comunal. Luego iría a su Plaza. Visitaría el centro de Bogotá, recordaría el incidente del florero de Llorente y vería el “desarrollo” de una ciudad que muchas veces no alcanza ni a pegar el ojo. Pero yo se que Bolívar haría esta misma pregunta al igual que yo: ¿por qué no juegan los niños? Y peor aún, ¿por qué no juegan los adultos al igual que en la localidad? También le agregaría, ¿por qué aquí si transitan extranjeros? Bueno, menos mal a Bolívar no lo dejan entrar a los edificios mencionados en su Plaza, ya que por estas épocas sería tildado de ser un loco, y con eso se ahorraría una muerte temprana al ver hacía donde va la Colombia que algún día llegó a liberar.
Ahora miremos hacía el norte y luego vivamos en el sur. Escribamos en las periferias y luego viajemos al interior. Construyamos bibliotecas públicas en Ciudad Bolívar y luego vamos a la inmensa Luis Ángel Arango. Juguemos en el parque del barrio Juan Pablo II y luego vamos al Salitre Mágico. Leamos a Bogotá pero luego vivamos a Bogota’s. Hagamos camping en las erosionadas canteras del sur y luego subimos Monserrate y transitamos sus cuidados bosques. Comamos en Bosa y su comedor comunitario y luego si nos damos una cena en un restaurante de Chapinero. Hablemos, y vivamos el teatro de una casa cultural en la Candelaria y luego vamos a cine en el centro comercial Santa Fe. Escuchemos cuentos en el Chorro de Quevedo para luego tomar un café en La Tasca de Sevilla. En fin, el vivir contrastes nos da como resultado el hecho de fabricar nuevos esquemas. Ese es el sentido de un rumbo distinto, de un paso más seguro y de un abrazo más comunitario en la inmensidad de Bogota’s.
Mi frase de despedida: “Algún dinero evita preocupaciones; mucho, las atrae.” (Confucio)
Realizado por: Sebastián Garaviño.