Rock Panameño Post-Invasión
Son las 12 p.m. en pleno tranque infernal frente al Hospital San Fernando (como siempre), el radio a mil para intentar escapar del estrés que causa este tráfico de la selva de concreto, cuando de pronto suena en una estación local “Múdate o muérete” de “Los 33”, uno de los cuatro singles que compuso su primer disco de 1988 “Llévate lo que quieras”. Empiezo a “jamaquear” la cabeza hacia los lados y de arriba abajo ¡Dios Mío! estoy de nuevo en los 90, (ojalá que la gente del metrobus que tengo al lado no se ría tanto, ¡o me grabe!). En esta época es cuando empiezo a conocer la magia del rock, y a escuchar bandas panameñas las cuales siempre pensé eran como cometas que solo podías ver muy de vez en cuando debido a la poca exposición con la que contaban en ese tiempo. Uno, sino el único bar en el que se podía “parkear” a escuchar buen rock era el Groucho Bar en la Vía Argentina, que de un sitio de Happy Hours se convertiría en el hogar del rock nacional; aparte de eso dependíamos de los saraos, toques en gimnasios de escuelas, fiestas privadas en la que nos “colábamos” y esos eventos raros que aparecían muy esporádicamente.
Es entonces cuando empiezo a recordar a todas esas bandas “Post Invasión” y a las que quizás ya formadas en plena dictadura, solo vieron realizados sus proyectos una vez derrocado el régimen. Pongo un pie en la máquina del tiempo y empiezo a remembrar a bandas como “Peso Neto” y su “Vampiro Abstemio” que nació en 1986, pero oficialmente salió en el primer LP de la banda hasta 1989, marcando ese año y principio de los 90’s con esta pieza con un sabor a los 80’s y ese rock melódico insigne de la era.
Me llega un olor rico a humedad que me recuerda la playa porque se acercaba una hermosa llovizna (que solo incrementaría el tranque) pero de pronto recuerdo a “Océano” y su “El derramó su amor por ti”; empiezo a remontarme nuevamente, me siento en un auto descapotable recorriendo las calles de la ciudad (como el principio de su video oficial), solo puedo imaginarme lo que se sentía escuchar esto en su fecha de alumbramiento, por allá por 1987, que “trip” debió haber sido. Pero nuevamente como con muchas bandas, el single alcanzó mucho más reconocimiento en la temprana mitad de los años 90.
La programación incluye “Me guió por los signos”(1997) de Instinto, en este punto estoy poseída y ya no me importa si la gente del metrobus se está c@gando de la risa o pegados en el vidrio tomándome fotos como atracción de zoológico.
Sigo todavía en otra época recordando cómo estas bandas, además de otras como Cabeza de Martillo, Quarzo, Los Tímidos, Tierra de Nadie, Xantos Jorge, etc. reinaron en la época Post-Invasión, nacía una nueva Républica en manos del desaparecido Guillermo Endara, la democracia era restaurada, las persecuciones, miedos, toques de queda y otros impedimentos de la escena musical, desaparecían. Este era el momento del renacimiento del rock panameño, un nuevo auge y empuje inspirado también por lo que sucedía detrás de las fronteras con el poder del hard metal, el grunge, el rock industrial y el nacimiento del rock alternativo. Gracias a la presencia de todas estas bandas aparecían otros grupos como Factor VIII, Son Miserables, Los Rabanes, Cage 9, Rencilla y Big Fat Hen (Actualmente Polyphase).
Rematan la programación con “Ganas de Verte” de Son Miserables y ya perdí toda noción del tiempo, estoy en el gimnasio de la escuela (por allá por 1998)(si, wao)con mi amorcito de secundaria debajo de las gradas sintiendo todas esas cosas bonitas que uno experimenta cuando es chico y está en presencia del primer amor. My God, que pifia los 90’s.
Ahora cuando quiero escuchar buen rock nacional tengo que remontarme a un lapso de 1986-2003 aprox. Sí, entiendo que los tiempos cambian y por ende la música “evoluciona” ( a veces involuciona), pero el sabor de esa hermosa década donde volvimos a ser “libres” no puede ser comparada con absolutamente ninguna otra. Ahora me toca disfrutar de otras bandas alternativas que sacan la casta por la escena panameñas, Señor loop, Llevarte a Marte y un par más que ahora no puedo recordar.
Las bandas de garaje siempre están, con el mismo sonido singular californiano, (para mi aburrimiento, pero para gustos los colores ¿no?) pero ese es otro tema. Suenan las bocinas de los autos, carajo, me regresan al presente donde seguimos siendo “libres” pero ya la gente no se atreve, se ponen ellos mismos las cadenas. Gracias a todos esos DJ’s que todavía gustan deleitarnos con esos recuerdos.