HUIR O SACRIFICAR TU JUVENTUD
2019. A las nueve de la noche sonó el pito del transporte que sube cinco días a la semana a la parte más alta del barrio Mundo Nuevo para buscar al recepcionista nocturno del único hotel “cinco estrellas” de la ciudad de Cumaná. Interrumpió, como casi siempre, el último momento que comparte Josué con su familia frente al televisor. Este salta para tomar sus cosas que están sobre la mesa y saluda a sus padres con un beso en la mejilla y pidiéndoles la bendición. Extrecha su brazo derecho para saludar a su hermano Moisés mientras escucha a su madre pronunciar un “Dios te bendiga”, y luego se dirige a la puerta, con los ojos de los tres que se quedaban en la sala sobre él.
Después de cerrar la puerta con cuidado, observa el Jeep blanco que lleva el símbolo del hotel “Venetur”, a pesar de que hace pocos meses pasó a llamarse “Paradise Cumaná”. Saluda al chófer amistosamente mientras toma, como de costumbre, el asiento del copiloto, -pues casi siempre es el primero en la lista de los trabajadores por buscar cada noche-,cierra la puerta con fuerza y así inicia la ruta hacia las casas de los demás empleados que completan la lista.
Durante el viaje, que dura unas cuarenta minutos la mayoría de las veces, Josué observa detalladamente todos los lugares por donde pasa, pestañeando a causa de la fuerte brisa que golpea su rostro, mientras escucha la música que proviene del radio, ligada con con las conversaciones de los demás varones que se suman, y de los cuales él es el menor; tiene diecinueve años.
Una vez dentro del complejo turístico, el vehículo disminuye la velocidad y la música deja de sonar. “Todavía no se bajen”, dice el chófer mientras estaciona. El olor a gasolina se puede percibir con más intensidad. Una vez estacionado, todos se dirigen a la oficina de control para validar su asistencia en un aparato captahuellas, y a continuación cada uno se va hacia su respectivo departamento a cumplir con sus labores.
Luego de haber recibido y anotado las novedades que le indicó la recepcionista que cumplió desde la tarde hasta la noche, el front desk fue todo de Josué, que al igual que a su colega, le tocó cumplir la jornada solo, pues su compañera de turno estaba disfrutando sus dos días libres. Después de todo, la noche estaría tranquila, pensó Josué, pues no había mucha ocupación de habitaciones. Había baja temporada, por lo que procedió a realizar su auditoría nocturna.
Josué era el encargado de auditar el trabajo que realizaran durante el día todos los demás recepcionistas, tanto física como virtualmente. Así transcurrieron las primeras horas de su guardia. Una que otra vez, atendía a algunos clientes que llegaban a hospedarse durante la madrugada. A veces se trataba de viajeros solos, o con sus familias, cuyo cansancio les impedía continuar su viaje; otras veces, eran esposos infieles con damas de compañía, la mayoría de las veces en estado de ebriedad, que podían hospedarse si corrían con la suerte de tener sus documentos de identidad encima.
A las tres de la mañana, su estómago gruñó, y como ya había realizado la auditoría y no había persona en el lobby más que él , fue al comedor a calentar en el microondas su comida. Cinco minutos después estaba de vuelta y se sentó a comer con calma en la parte trasera de la recepción, donde aún no quedaba exento del frío del mar, al mismo tiempo ahogándose en sus pensamientos.
Luego de haber comido e ido al baño, se colocó una chaqueta sobre su uniforme y otra vez volvió al front desk, puso música con poco volumen y comenzó a leer digitalmente una novela policíaca de John Grisham titulada “La Citación”. Poco más de media hora después, todavía leyendo en paz, sintió un leve dolor en la coyuntura que unía su bíceps con su hombro derecho y solo por curiosidad, -pues pensó que pudo haber sido causado por su mala postura-, intentó girar su brazo derecho hacia atrás circularmente, mas sufrió un fuerte dolor que le privó de cualquier otro movimiento, se oscureció su visión y cayó al suelo desmayado.
Unos quince segundos después abrió sus ojos, estando tirado a lo largo en el piso, sintiendo que su cabeza explotaría por el dolor acompañado por un ruido perturbante, parecido al de las turbinas de un avión. Como pudo tomó sus lentes, que estaban junto a él, y se los colocó. Cuando tuvo más fuerza, se puso de pié con mucho cuidado, no entendiendo qué le había pasado, pero a la vez pensando en hipótesis. Sudaba a chorros, mas su cuerpo estaba helado a causa de los nervios. Tomó rápidamente su radio portátil y sin ni siquiera saber qué decir, le pidió al operador de cámara se dirigiera al front desk, pero éste ya se dirigía al lugar.
Después de un pequeño diálogo, el operador de cámara le confirmó a Josué que había sufrido un desmayo, acompañado por convulsiones, por lo que se decidió llevarlo prontamente a la enfermería del hotel, donde luego de un chequeo se determinó que el estrés y el debilitamiento que produjo en su cuerpo el hecho de haber estado trabajando de noche los últimos cinco meses, y simultáneamente estudiando tiempo completo, fue lo que le causó el desvanecimiento.
Josué no paraba de pensar cuán vulnerable se sintió, y en todas las veces que su padre, especialmente, le advirtió de lo perjudicial que sería para su salud trabajar en horario nocturno y a la vez estudiar y cumplir con sus demás responsabilidades personales. Por un momento también pensó en lo injusto que era el hecho de que estar obligado a trabajar en esas circunstancias que le agotaron física y mentalmente con tal de ayudar a su padre, quien era policía, a costear los gastos del hogar y los de su carrera universitaria; prácticamente estaba siento explotado por un sueldo mínimo insuficiente, en un hotel donde, por ética laboral, debía darle el mejor trato a hijos de políticos y trabajadores corruptos que derrochan grandes cantidades de dinero que no ganaron dignamente con esfuerzo.
Sin embargo, lejos de abatirlo, la experiencia le animó a seguir dando su esfuerzo, ahora más prudentemente, motivado por la cantidad de jóvenes que hay en Venezuela que desean hacer hasta lo último con tal de terminar sus estudios. Pero mientras tanto, pensó Josué que tendrá esperar a ver si la situación mejora, pues si no es así, le tocará partir lejos de su patria, pero al menos un poco más mentalizado y preparado académicamente.














