El día había llegado y un cielo nublado cubría el lugar donde el duelo iba a librarse. Un claro en el bosque cercano al castillo de Cliffkeep había sido elegido como sitio del enfrentamiento. El rey Edwardo y parte de sus corte, y la propia princesa Astrid, esperaban el comienzo del evento, prestos en las carpas, rodeados de la guardia real, que se habían armado para presenciar el llamado Holmgang. El primero en salir fue el propio Anlaf, señor vikingo de Warfjord, con una armadura de cota malla encima y su hacha de guerra en la mano derecha, llevaba en el cuello una cruz de hierro colgada de una cadena, que le había sido dada tras recientemente ser bautizado a petición propia.
El rey lo había permitido, bajo consejo del capellán, si el vikingo iba a morir, bien podría morir como un cristiano. El guerrero parecía estar feliz, no solo de salir de su celda, sino de tener su hacha en la mano, e hizo una reverencia a la corte, que de inmediato le abucheo.-¡Rey Edwardo!¡Hoy peleo por el honor de vuestra hija, y mi futura esposa!.- Los abucheos se tornaron en insultos, mientras Anlaf le sonreía a Astrid.-¡Tras hoy, su mano será mía!.- Entonces sonaron las trompetas y abrieron paso a los caballeros de Mercia que escoltaban al principe George.