Esta semana me encontré revisando fotos viejas sin planearlo. No buscaba nada en particular, pero de pronto estaba ahí, frente a versiones de mí que creía olvidadas. Personas, lugares, gestos que quedaron detenidos en una luz que ya no existe.
Sentí una mezcla de ternura y distancia. Como si pudiera agradecerle a quien fui sin necesidad de volver a serlo. A veces, mirar atrás no es para quedarse, sino para confirmar cuánto camino hay entre ese instante y el presente.
Hoy, domingo, cierro la semana con esa sensación: el pasado sigue ahí, pero ya no me define; me acompaña, como una sombra amable que me recuerda de dónde vengo.













