Sucrette: Te echo de menos. Mucho.
Castiel: Asómate a la ventana.
Sucrette: ¿Dónde estás? No te veo.
Castiel: En mi casa. ¿En serio te asomaste? JAJAJAJAJAJAJA, que tonta.
Sucrette: Gilipollas.
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Sucrette: Te echo de menos. Mucho.
Castiel: Asómate a la ventana.
Sucrette: ¿Dónde estás? No te veo.
Castiel: En mi casa. ¿En serio te asomaste? JAJAJAJAJAJAJA, que tonta.
Sucrette: Gilipollas.
Castiel: Te amo.
Sucrette: ¿Hasta dónde?
Castiel: Hasta cuando empiezas a joder.
Las Cosas de Él y de Ella- Celos. Castiel y Sucrette
Aquí traigo otro capítulo -super salteado- de Las Cosas de Él y de Ella. Un fanfic dedicado a Castiel al completo, como sería Castiel y como sería si fuera yo, aunque bueno, no es que sea yo, es que tiene rasgos de mi carácter y de la Sucrette real.
En fin, disfrutadlo.
Y si queréis más, reblog, comentarios, notes, lo que sea. También podéis pedirme fics o One-Shots con o sin trama y de cualquier chico de CDM y Eldarya, que encantadísima los subo para vosotras.
Celos
Sucrette
- ¡Castiel!- la voz irritante de Amber interrumpe nuestra charla.
Lysandro, Rosalya, Castiel y yo giramos a ver a la chica rubia que llega con su sequito y con aquel rostro prepotente, parece tener un semblante ganador. Como si por estar ahí y haberle llamado hubiese ganado. Me estaban dando unos escalofríos tremendos.
- ¿Qué te parece mi nuevo modelito?
Cutre. Muy cutre.
Respóndele que está horrible, que te deje en paz. Es molesta. Frunzo el ceño irritada por su constante provocación y su sonrisa de superioridad al ver que los ojos de Castiel están centrados en ella. ¡Tan molesta! No es como si aquel top que casi deja ver sus pechos sea muy alucinante, además, seguro que lleva push-up.
Estúpida Amber.
- ¿Eh?- responde él, frunciendo el ceño hacia ella.
Rosalya me mira fijamente con una sonrisa bastante pícara al ver mi rostro un poco enfurecido por la situación, sin embargo, su diversión solo me irrita más.
Aunque sé que no siente nada por ella, me es muy molesto ver sus aires de coquetería constantes, me dan ganas de estrangularla en estos momentos, pero decido controlarme y no saltarle al cuello como una histérica. Levantaría sospechas y tampoco tengo ganas de preguntas en estos momentos, solo tengo ganas de una cosa, que se vaya esa y arrastrarle al sótano para besarle.
- Me he comprado ropa nueva y he pensado que quizás podría mostrártela- parpadea un montón y vuelve a enfocarse fijamente en el pelirrojo. -Con ropa nueva digo toda mi ropa nueva.
Voy a matarla.
Necesito salir de aquí. Respiro hondo y oigo la risilla sofocada de Rosalya, Lysandro se mantiene un poco impasible, sin embargo al oir aquella vulgaridad ha alzado su ceja sorprendido y decepcionado. Y por mi parte, no miro a Castiel solo carraspeo.
- Si bueno, seguro que es agradable seguir oyéndote presumir de que te has comprado unas bragas nuevas en las rebajas y has dejado de usar las mismas todo el año pero si me disculpas, prefiero ahorrarme el horror. Que lo disfrutes-
Y salgo de allí, en dirección a mi taquilla para recoger mis cosas.
Creo que nunca había tenido tanta prisa por ver a Delanay, pero en esta ocasión, un minuto más y hubiese corrido a estrangularla con mis propias manos y desde luego que no me apetece ir a la cárcel por asesinato.
En seguida suena el timbre y agradezco el estar sentada junto a Kim y no junto a él como en lengua, seguro que va a burlarse de mí o a regodearse en mis celos. Ya lo estoy viendo.
- Hola tía- saluda Kim sentándose a mi lado.
- Hola- digo con una sonrisa más calmada.
- ¿Sabes que le pasa a Amber? He oído que alguien le ha metido un zasca y está de mal humor, estaba echando pestes fuera de clase.
Resoplo y me ruborizo.
- Ni idea, seguro que le han dado calabazas, o eso espero-
Kim sonríe.
- Los celos son realmente malos- susurra y yo me ruborizo más.
- No sé de qué me hablas-
•∞•
Castiel
Nunca había disfrutado tanto algo como lo estaba disfrutando ahora.
Sucrette había estallado en celos y tanto Rosalya como yo habíamos comenzado a reir cuando la vimos ir y volvimos la vista a Amber, ruborizada y enfadada por aquel comentario. Eso había sido increíble, realmente increíble y más iba a serlo cuando la secuestrase en el sótano.
La clase de ciencias termino y la vi hablando con Kim, salí detrás de ella y, cuando se despidió, aparecí sorpresivamente por detrás y coloque mi mano en su boca, esto iba a ser lo mejor de lo mejor.
La arrastre al sótano mientras forcejeaba un poco. Nadie se percató de esto y eso me lo hizo más divertido todavía. Solo nos vio Alexy, quien puso su sonrisita de “que pillines” pero los ignore y la arrastre cerrando la puerta tras nosotros.
- ¡¿Qué demonios haces?!
- Bragas que usa todo el año, ¿eh?
Ella se ruborizó y me golpeó en el brazo, aparentemente avergonzada, estaba intentando mostrarse cabreada frente a mí.
- Déjame en paz-
- Que celosa eres, niña.
Ella se cruzó de brazos y bajó los escalones hasta el final, quedándose mirando hacia arriba. Hinchó sus mejillas y me sacó la lengua, ruborizada y avergonzada. Que adorable niña celosa. Aparto su vista inmediatamente y me dio la espalda para sentarse en una mesa que habían colocado allí porque sobraba.
- Es su culpa por coquetearte de todos modos, además, es un poco molesto verla mirándote con esos ojos de “voy a devorarte ahora”- gruñó.
- Y luego dices que no tienes crisis de celos- baje las escaleras con una sonrisa llena de arrogancia.
- No estoy celosa, estoy molesta- contestó como una niña pequeña.
Me coloque frente a ella y situé mis manos a cada lado de sus caderas.
Ella me miró fijamente y frunció el ceño, cruzándose de brazos, su rostro permaneció totalmente serio y sonreí prepotente. Mis manos rodearon su pequeña cintura y tire de ella aún más cerca de mí. Ella seguía con aquella mueca infantil de celos, sin embargo me gustaban mucho sus facetas y esta me encantaba.
- Mi niñita celosa…- me burle, besando su ojo, mientras lo cerraba para dejar que la besara.
Sus manos se posaron en mi pecho y me miró aun a los ojos con cierta molestia todavía. Sonreí y la bese lo más suave que pude, al final se dejó convencer por mis besos y continuó mi beso de una forma más salvaje que de costumbre.
Hm, demasiado bueno.
- No puedo soportarla…- susurró, besándome unas cuantas veces más. Cortos pero incitadores.
Sonreí y la apreté más, hasta que nuestros cuerpos estaban totalmente pegados, me sentía de un humor increíblemente bueno. No solo porque había atacado a Amber con esa voracidad por celos. Era linda. Muy linda.
- Tan linda la niña.
- Te recuerdo que el niño también es lindo cuando se pone celoso de tonterías.
Alce una ceja entre curioso y un poco molesto.
Ella estaba intentando recordarme las veces que Nathaniel había saltado a toquetearla arbitrariamente sin sentido, cuando el militar saltaba y ella colocaba una mano en su hombro para calmarle, como Lysandro parecía ruborizarse cuando ella estaba a su lado y como el friki estaba cogiendo confianza, demasiada. Pero no iba a caer.
- ¿Disculpa?
- No te hagas el tonto, estamos a la par.
Sonreí, quitándole importancia, de hecho, era más importante aprovechar este momento en el que ella quería evitar a toda costa que era una chica celosa. Sonreí suavemente, intentando ser petulante, creativo y volver al tema principal.
- No intentes cambiar de tema, centrémonos en que Amber usa la misma ropa todo el año- reí.
- Te odio-
Sonreí suavemente y la bese más intensamente.
Ella continuó mi beso y apretó mi chaqueta con demasiada fuerza, tirando de ella hacia mí, la fuerza que aplicó me pegó aún más, si era posible claro.
- Calma ahí, niñita.
- Cálmate tú, niñito- se burló, un poco más suave. –Ven aquí-
Y ahora me besó ella, intensamente.
Nuestros labios conectaron inmediatamente, fuerte y rápido, las lenguas se encontraron y ambos continuamos hasta que el ambiente se caldeó un poco.
- ¡Desde luego que vais a saltaros encima!-
La burla de esa voz ya comenzaba a sonarme.
Nos separamos bruscamente, más bien ella, que saltó unos metros más atrás, mirando asustada la puerta. Miro a la albina y ella relajó su postura, lo más suave posible y con más calma.
- ¡Rosalya!- chilló. -¡Debes dejar de hacer esto!
- Menuda relación en secreto- se rió.
- Sigo diciendo que eres demasiado mirona- me burle yo.
Ella se acercó a Sucrette y tomó su mano.
- De todos modos, vengo a robártela. ¡Ha sucedido algo!
- ¿Eh?
- Tú ven- tironeo de ella y, en seguida, ella miró hacia mí.
Sacó la lengua y guiñó un ojo, dejándose arrastrar por su amiga. Al menos me había divertido, tenía una novia realmente divertida.
Sucrette: ¿Qué prefieres, quedarte dormido ahora y tiener una noche con muchas horas de sueño o hablar conmigo sobre todo y nada, solo porque nos queremos y nos necesitamos?
Castiel: Buenos días. Lo siento. Me quedé dormido.
Feliz cumpleaños, Castiel.
Siempre llegando tarde... en fin, espero que os guste.
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Estaba nerviosa.
Todo tenía que salir perfecto, se sentía agitada y emocionada, a pesar de que él había insistido en que nada de sorpresas, ella quería hacerlo. Y ella siempre ganaba sus guerras.
Sucrette caminó a lo largo de la habitación, estaba ansiosa, desesperada.
Había invitado a Castiel a su casa. Se había asegurado perfectamente de que sus padres volverían en 2 días de su fin de semana romántico. Había preparado la cena -lo mejor que podía hacerlo- y había comprado una tarta de chocolate para él.
Su casa estaba en silencio. Completo silencio que la estaba crispando. ¿Por qué el tiempo pasaba tan despacio? Maldijo en voz baja y continuó caminando, de un lado a otro.
Y por fin. El timbre sonó.
Abrió y espero impaciente la llegada de él, nada más verle sonrió, lanzándose a sus brazos y dando un fogoso beso que casi le hace caerse hacia atrás.
- Que cariñosa- bromeó.
- Feliz cumpleaños- murmuró ella, besándole otra vez.
Se apartó de él y le invitó a pasar.
Cruzó hacia la entrada y se quedó quieto viendo las decoraciones que había puesto su novia, no era nada ostentoso y aunque le pareció exagerado que ella hubiese pegado a las paredes cintas negras y rojas, le pareció un detalle... pero él nunca diría eso.
- ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que vengan tus padres?- preguntó, observando todo y pensando en que tendría que recogerlo todo.
- Dos días.
Castiel abrió los ojos sorprendido y se giro a verla, Sucrette seguía en el recibidor, con una sonrisa inocente en su rostro.
- ¿Dos días? ¿Estás de coña?
- No.
Avanzó hacía él y se encolgó de sus brazos. Castiel la sujetó de la cintura y la mantuvo cerca de él.
- Cierra los ojos. Voy a darte tu regalo.
Castiel suspiró.
- ¿Eso no se hace después de cenar?
- Sí y no. Shh.
Castiel sonrió y mantuvo sus ojos cerrados, la impaciencia podía con él, quería ver que había hecho más para él. Esto era demasiado. El no quería sorpresas ni nada ostentoso y, con la decoración del salón y todo esto ya era suficiente, no tenía que molestarse tanto por él.
- Ábrelos.
Castiel así lo hizo, sorprendiéndose.
Una hermosa cinta reposaba en su cabeza, haciendo un lazo, al igual que en su cuello que tenía otro. Se había 'envuelto' para él.
- Espero que te guste tu regalo- la picardía en su voz era obvia.
Castiel sonrió.
Su novia estaba allí plantada, con aquellos pantaloncitos cortos, aquella camiseta que él le había regalado de Bad Unicorns, y unas medias altas. Estaba preciosa...
- ¿Puedo abrirlo ya?
Oh, sí, esté cumpleaños iba bien.
Se llevarían de maravilla xD
Armin: ¡Mira, un parque para perros!
Castiel: Ya lo he visto.
Armin: ¿Y por qué no estás tú dentro?
Castiel: Porque no te estoy sacando a pasear.
Armin: Te has pasado, tío.
Castiel: Si sigues ladrando así vas a quedarte sin chuche.
Amber: ¿Cómo estás Castiel querido?
Castiel: Bien.
Amber: ¿No me vas a preguntar como estoy yo?
Castiel: ¿Para qué? Si no me interesa.
Castiel: Oye, ¿y tu novio?
Amber: No tengo.
Castiel: JAJAJAJA, ya lo sé. Solo quería recordártelo. ¡Solterona inaguantable!