Agotado.
"Castillo de Naipes" — long sleeve oficial de MANTRA.
Gracias a todos los que aseguraron el suyo.
seen from Italy
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Norway
seen from Malaysia
seen from United States

seen from Maldives
seen from China

seen from United States
seen from United States
seen from Türkiye

seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Moldova
seen from Malaysia
Agotado.
"Castillo de Naipes" — long sleeve oficial de MANTRA.
Gracias a todos los que aseguraron el suyo.
MANTRA — Castillo De Naipes.
Todo lo que armaste se derrumba solo.
Estamos ready's para ponerle reggaeton a los que saben que en el amor si se caen una vez, se tienen que levantar dos veces, tres veces digo. Castillo De Naipes #castillodenaipes #reggaeton #bogota #Sney #Yenexis #TowersMusic #millenium 🔥❤️ (en Colombia Tierra Querida) https://www.instagram.com/p/ChuspYqOXdu/?igshid=NGJjMDIxMWI=
Estamos ready's para ponerle reggaeton a los que saben que en el amor si se caen una vez, se tienen que levantar dos veces, tres veces digo. Castillo De Naipes #castillodenaipes #reggaeton #bogota #Sney #Yenexis #TowersMusic #millenium 🔥❤️ (en Colombia Tierra Querida) https://www.instagram.com/p/ChuspYqOXdu/?igshid=NGJjMDIxMWI=
Castillo de naipes. I
La cortina filtraba la luz del sol arrojando una coloración lechosa en la habitación. Flotaba su tela a la par del humo de un cigarro en el cenicero, lo había dejado para rascarse un segundo la cabeza antes de mirar la hora. Venían de la cocina el olor del café y el pan quemado, que ella dejaba cada mañana. Siempre la cafetera la esperaba encendida, las tostadas que se quemaron mientras la otra mujer la miraba dormir, dejando el reflejo en la ventana de su silueta recostada en el marco de la puerta de la habitación que compartían.Eran casi las doce, se levantó arrastrando los pies tratando de no perder una de las pantuflas que de pronto sentía enorme para su pie de princesa, como todos decían siempre que la veían descalza. Agarro una taza para llenarla, le puso tres cucharadas de azúcar y revolvió distraída mientras volvía a su asiento habitual, frente a la televisión. Estaba encendida en un canal cualquiera, pero pudo notar como los vestidos de novia en pantalla le estaban por causar dolor de cabeza. Tenía que ir a una boda, ya tenía todo preparado, alguien se había encargado por ella. Vestido, zapatos, brindis, sin embargo las ganas de asistir eran cosa suya. Joanna suspiró profundamente mientras sentía crujir la silla bajo su peso, a medida que se estiraba, calculando para no romper la vieja y seca madera del asiento, que cualquier otro ya hubiese tirado. Una fuerte ráfaga de viento abrió las cortinas dejando entrar sol y aire nuevo y fresco en la habitación, un segundo después se sintió casi culpable de apreciar la tranquilidad del momento. El viento traía consigo un suave aroma, diluido, pero reconocible. Colonia de hombre, de una fragancia muy particular y sofisticada. Se tambaleo hasta la baranda del balcón y agarrándose fuerte, alzo la frente con los ojos cerrados. Respiro profundo de nuevo, para alejar su mente de los recuerdos, y la boda volvió a sus pensamientos. Iba a pasar por uno de los momentos más desagradables de su vida, de esos momentos que nadie debería tener que vivir, vería a la persona que amaba ir al altar con alguien más. No cualquier otro, un cercano otro, un querido otro y la agotaba no poder odiarlo por llevarse aquello que querría quedarse para sí misma. La alegría que su rutina con ella le daba, y la agradable calidez que le había dejado todos esos días, le había hecho olvidar aquello. Se había enfocado en disfrutar al máximo su compañía, escapando de la realidad entre sus brazos. Que no sabía si eran los que deseaba. Cayó en cuenta de que se odiaba profundamente por ello, quería estar segura, y aun así su amor no correspondido inclinaba la balanza. Abrió los ojos y bajó la mirada a la caída de ocho pisos desde su balcón, admiró como la luz del sol se reflejaba en las ventanas de los edificios vecinos. Nadie se daría cuenta, se dijo quizás pensando, quizás en voz alta y no se enteró. Había escondido muy bien ese amor por muchos años y, aun cuando se volvió un secreto a voces con el tiempo, se las había arreglado bien para que nadie fuera de los círculos correctos lo supiese. Después todos los sabían y no parecía incluso importarles, eso la había trastornado mucho, no esperaba aprobación de nadie pero tampoco completa indiferencia. Nadie que la protegiese de sí misma, de su propia estupidez. Una voz sonó como un eco en sus oídos, mientras el nombre se abría paso por sus labios entre abiertos. Ana, susurró con pesar. Le dijo todo el tiempo que la situación era demasiado, la misma que iba a llegar en cualquier momento enfundada en su vestido de dama de honor.Pensó en ella y se sentó en el piso con las piernas cruzadas, sacó un cigarro nuevo del bolsillo de la bata y lo encendió. La deseaba, la quería, pero no lograba entender porque dejaba que su amor no correspondido la arrastrara. Quería estar segura de que su amor era tal, y por eso no se atrevía a decírselo. Le aterraba, sentía que sólo iba a desatar el caos, como soplar sus sentimientos sobre un castillo de naipes. Largo rato se quedó allí, tanto que cuando escuchó la puerta no supo si era la primera o la quinta vez que llamaban. Agarró las llaves de la mesa, miró al balcón nuevamente y suspiró, pensando que ya era tarde. Para todo.Del otro lado de la puerta la esperaba una mujer, con el maquillaje corriéndole por las mejillas entre sudor y lágrimas, y una sonrisa resplandeciente, como su vestido de novia bajo las luces del pasillo y como la que se formó de inmediato en el rostro de Joanna.
El diablo está en los detalles
No lo preparan a uno para ser el imbécil del que dirán lo que sea. Dirán que no haces tu trabajo, que se lo robas al otro, que no los tienes en cuenta. Ellos, los que aparecen cuando va a tomarse la foto, pero no cuando se estaba preparando la fiesta. Es injusto y uno se llena de coraje, de ganas de decirles en su cara que son unos flojos, unos perezosos, que son injustos y miserables en sus acusaciones, pero tiene uno que mirar cómo el circo hace lo tuyo y uno sigue brincando entre los aros, tratando de no caerse, de no tropezar. Pero uno es torpe, nadie le dijo a uno que la inocencia no sirve para nada. Lo único que sirve a la larga es ser suspicaz, político, mantener las fichas bailando en fino balance para que por un lado u otro nadie tenga nada que decir. Pero eso nunca se logra, porque a uno no lo prepararon para ser moneda de oro, sino para hacer el trabajo, y ya.
Nunca, nunca hay que descuidar los detalles. Y no descuidar los detalles es pensar en quién más se beneficia de lo que uno dice. Y quién se molesta por lo mismo. A ver cómo lo suaviza, para que dependiendo del circo, parezca una cosa, o la otra. No importa cual, pero que parezca lo que cada uno quiere ver. Esa es la manera. Suavizar los bordes, atenuar los filos, matizar los tonos. Siempre tratando de que las cosas parezcan menos obvias, menos claras. Haciendo que todos queden contentos, aunque nadie haya entendido nada. Cargando la capa invisible, esperando que para colmo de las desgracias, no aparezca el niño que lo va a señalar a uno por media tinta. Por cobarde.