UNA REFLEXIÓN SOBRE EL USO DEL LENGUAJE Y EMPATÍA EN NARCISISMO
La imitación como proceso empático en el reino animal, tiene como fin en la mayor parte de las veces evitar a depredadores, y favorecer la supervivencia. En algunas especies de estilo parasitario, como el Cuco o cuculus canorus la imitación y falsificación, tiene la finalidad de preservar el desarrollo de su ciclo vital. Comparativamente en el caso de los parásitos obligados u holoparásitos, para preservar su desarrollo han de buscar un hospedador, preservando en él su salud, durante el tiempo que este sea compatible a sus necesidades nutricionales o hasta que su muerte comience a ser necesaria para su supervivencia.
En nuestro caso una imitación de tipo reflejo empático, para el común de las personas, tendrá el fin de ayudar a coordinarnos, hacer manada y regularnos emocional y socialmente, Damasio habla de la emoción y la empatía como base biológica de las normas sociales, la ética y la moral, por tanto, estaría a la base de las leyes y justicia. Es la emoción de agrado o desagrado – la aproximación y evitación, las que motivan conductas que terminan por ser establecidas a modo de ley social. (el desvanecimiento de estas emociones o su modificación en significado, implicarían cambios a nivel socio conductual gran escala).
Tras bambalina a este proceso empático social, ubicamos estudios realizados respecto a semántica corporeizada, en que se reconoce la incidencia de la activación del área de broca durante los procesos empáticos, (Glenbeg, A. sf. Universidad de Wisconsin) dándose cuenta de una suerte de dialogo interno, en que establece conexión entre el relato de los hechos o un siempre relato y reacciones musculares que responden al mismo. Simplificando, la producción de este dialogo interno o la misma escucha de un relato, activa respuestas orgánicas que, de forma simulada, prácticamente literal, generan una vivencia de los hechos contemplados en un “como si estuviéramos dentro” Iacoboni, M.(2009). En este sentido el dicho “ponerse en los zapatos del otro” toma tanta relevancia como la importancia que tiene el modo en que nos referimos a nosotros mismos o la forma en que permitimos que otros den relato de nuestra historia (nuevamente llegamos al punto en que la palabra, toma forma en el cuerpo ya como síntoma o como narrativa personal, implicando respuestas no menores, por ejemplo: en funciones ejecutivas).
Pero ¿cómo se relaciona todo esto con narcisismo? Hace algún tiempo, en una conversación con una estructura de tipo narcisista histriónica, ésta me mencionaba la importancia de poner atención a la intencionalidad de la representación personal, explicando que las prendas seleccionadas incluso por personas que dicen no tener interés en el mundo de la moda, quieren decir algo con lo que usan; me pidió poner atención a mis cercanos y a mi propia persona. De una forma trivial, hacía referencia a Waztlawick y sus axiomas de comunicación “es imposible no comunicar”
La relevancia de este análisis que parecía trivial, posiblemente se asocie a confianza y procesos empáticos, en el caso del narcisismo se busca ganar la confianza del otro inicialmente. (Tendemos a confiar en lo que nos refleja tanto afectos <desde otros>, como una buena imagen de nosotros mismos <desde nosotros>).
Podemos recordar entonces, que estamos sujetos al lenguaje “somos en el lenguaje” y existimos en la medida en que el otro nos define por medio de la mirada y la palabra (psicoanálisis-siempre Maturana y otros). Si se nos refleja existencia en la mirada, podríamos decir que la mirada Narcisa, pareciera evocar (traer a la memoria) lo que nos falta, lo que ya estuvo ahí en nuestra narrativa. Esta danza con el narciso
llega a ser, en un continuo de emociones opuestas (afecto – rechazo, apego-abandono), en que no deja caer al sujeto de la misma red, sino que lo avienta hacia recuerdos o deseos displacenteros o inalcanzables, en una inagotable persecución de la desesperanza aprendida, la que entre otros acuerdos se logra mediante el acceso total a la narrativa, por medio de un muy preciso reconocimiento de la forma de funcionar del otro, un proceso empático a medias, debido a la baja capacidad de emular lo que el otro siente, muy propia del narciso (ver imagen).
El relato narciso anula la existencia del otro por medio del relato omnisciente, que abarca una descripción de sí mismo muchas veces de intenciones pulcras, sentimientos honestos, victimizados o justificables, mientras por otra parte una descripción del afectado, en carencia de sus propias habilidades, cuestionable y propuesta desde la duda de las habilidades de discernimiento, una descripción de los otros, del mundo y de las proyecciones futuras, cargadas de negatividad, en la que la solución o escape, tienden a redirigir al afectado o hacia una ilusión de salida o hacia el mismo narcisista. (no me extenderé en esto).
En cuanto a la empatía como proceso de lenguaje no verbal, no es casualidad que el narciso vista en algún detalle similar al de un familiar de la víctima u hospedador, que se maquille mínimamente como tu persona de confianza, que consulte por algún ser querido encontrando ahí diálogo, que exacerbe valores que has grabado a fuego, no es casualidad que esa interacción inicial resulte tan compatible y sin resistencias, porque no hay resistencias si bailamos contra el espejo, el narciso refleja en un inicio las cualidades sociales más aceptables y deseables para el interlocutor.
En el nivel de empatía aprendido por el narciso, esta vivencia del otro “como si estuviera dentro” mencionada por Iacoboni, pareciera abrir acceso a la semántica corporeizada de un modo patológico; por medio de descripciones perjudiciales y persistentes, que terminan siendo sentidas como reales, sobre sí mismo en su bondad y grandeza, sobre la victima u hospedador, sobre las incapacidades de este, sus limitaciones, la confianza en el entorno y el futuro. Lo que, si pensamos suena muy cercano a la activación de distorsiones cognitivas de Beck en un trastorno depresivo, con su consecuente entrega de voluntad.
Podríamos pensar que la forma de acceso al otro, no es solamente parte de una serie de estrategias patológicas, sino que ocurre también en el plano físico, en el que es aceptado por el hospedador. Las aves hospedadoras del Cuco o Cuculus conorus (ave parasitaria mencionada al inicio), han desarrollado adaptaciones desde su biología, produciendo óvulos o huevos únicos, inconfundibles al engaño. Así con una simpleza estructural mucho mayor a la nuestra, logran sortear la convivencia con agentes parasitarios, pues en ausencia del lenguaje, sólo existe el tiempo presente y la experiencia logra ser en mayor medida objetiva.
La experiencia intersubjetiva dada en la relación narcisista deconstruye al otro desde lo patológico, desfragmenta y desmantela, suplantando en muchas ocasiones los rasgos de personalidad del hospedador e intenta reinvestirse de las cualidades que considera optimas, socialmente aceptables que ha robado. Es un plagio, que ocurre únicamente a nivel psíquico y que toma parte en el cuerpo y la sociedad, en la medida en que le permitimos ocupar un lugar en nuestras dinámicas de atención intersubjetiva, otorgándole valor emocional a la distorsión paulatina, que nos devuelve en su danza este espejo.
Hace falta el desencanto, quitarle el velo a esa fantasía, nos duele la sensación de pérdida de nosotros mismos, transformarnos en un ser psíquicamente desmantelado, nos duelen las consecuencias reales y sociales de esta danza que siempre fue ficticia y que permitimos volverse realidad, y que tomo pretexto de asidero en nuestra carne.
Alcanzar la etapa de quitar el velo al agente parasitario y verle como tal concederá la libertad necesaria, la libertad de un cuerpo sujetado desde la deconstrucción por medio del lenguaje, para poder reescribir y retomar en derecho su relato. (Cornejo, P. 2023)