INTERVENCIÓN EN LA SESIÓN EN LA QUE SE DECLARÓ AL VINO COMO BEBIDA NACIONAL
Sr. Godoy. – Señora presidenta: en nombre de los senadores de la provincia de San Juan, quiero dejar expresado el apoyo al proyecto en consideración.
Esta situación nació con un decreto de nuestra presidenta allá por noviembre de 2010, en el marco del Bicentenario de la Revolución de Mayo, que planteaba justamente la posibilidad de declarar al vino argentino como bebida nacional y que ha tenido una significación y una importancia fundamentales en las economías regionales que desarrollamos la vitivinicultura.
Esto se traduce en un proyecto de ley que ha contado con la sanción de la Cámara de Diputados y hay que verlo en el marco de la legislación que se ha dictado en los últimos tiempos y que tuvo que ver con la denominación de origen, con establecer las normas generales para la designación y también tiene que ver con el plan estratégico que dio lugar a la COVIAR, a este ente que nuclea al sector privado y al sector público, que ha podido planificar la vitivinicultura en el término de mediano y largo plazo.
La verdad es que esto es muy importante para las la provincias vitivinícolas porque establece y tiene como objetivo que en todos los eventos culturales y sociales que estén en la agenda social, como así también en los eventos internacionales, pueda estar la expresión del vino, que pueda estar el isologo y que se promueva al vino, a la tradición, a la cultura y, fundamentalmente, a las regiones.
Además, hay una cuestión que es muy importante y que tenemos que tener en cuenta, y es que prevé que el vino no es una bebida alcohólica sino un alimento. Es un alimento que está en la canasta familiar, fundamentalmente por sus cualidades nutritivas y alimenticias. Además, está determinado muy claramente que esta capacidad antioxidante que tiene el vino se potencia en el vino argentino.
Asimismo, está la posibilidad de zonificar; y esto tiene que ver con que cuando nosotros promovemos al vino y lo llevamos a los distintos eventos nacionales e internacionales, lo que estamos transmitiendo es la cultura, la tradición y las características de donde se desarrolla este producto.
Como bien decían los senadores Bermejo y Montero, el vino ha sostenido la estructura socioeconómica de las provincias que sostenemos esta actividad. Y también se dijo que nosotros somos el quinto país productor de vino y que estamos en el séptimo lugar en el mundo como consumidores de vino.
En los últimos tiempos se ha producido una transformación importante, que ha sido impulsada fuertemente por el sector privado articulando políticas con el sector público, que ha posibilitado que tengamos nuevas variedades, que podamos diversificar la producción. Esto hay que señalarlo porque en cierto momento comenzó a bajar sustancialmente el consumo de vino, en el que llegamos a tener entre 70 y 80 litros per cápita, y como había una oferta que excedía a la demanda, el sector público y el sector privado tuvieron la inteligencia de promover políticas de diversificación.
En el caso concreto de nuestra provincia, se ha desarrollado intensamente el mosto, que hoy tiene gran aceptación en los mercados internacionales y ha posibilitado que mucha uva la destinemos al jugo de uva y no al vino. Hemos podido desarrollar fuertemente la uva para el consumo en fresco, ganando mercados internacionales, como el mercado de la pasa. Es decir que esta diversificación pudo atenuar los tiempos de crisis cuando la oferta disminuyó y la demanda era intensa en cuanto al vino.
Así que me parece que hemos logrado cambios fundamentales, y esto se debe al sector privado, que trabajó intensamente con el Estado nacional y con los estados de las provincias vitivinícolas para armar el plan estratégico y poder conformar la COVIAR, que creo que funciona bien.
Hoy tenemos inserción en los mercados internacionales. Porque el vino es un bien de consumo. Además, es un elemento esencial de la cultura, de la tradición. Porque en definitiva, es el producto de la viña, pero también del esfuerzo del hombre, en cuya cadena de producción trabajan muchos argentinos y argentinas, desde el trabajo en la viña, luego en la bodega y, finalmente, en la línea para poder elaborarlo y comercializarlo. Pero además, en este último tiempo, se pudo incorporar tecnología que nos está permitiendo competir aun con los países que histórica y tradicionalmente tuvieron una preponderancia en los mercados internacionales, con muy buena calidad, porque tenemos recurso humano y tierras excelentes y un clima adecuado para lograr un buen producto.
Como recién mencionaba la senadora, el vino tiene casi cinco siglos, en el transcurso de los cuales se ha podido conjugar la tradición de todos los procesos inmigratorios que tienen que ver también con lo que recién mencionaba acerca de esos cultivos que se están desarrollando aquí, en la costa.
Porque eran de los inmigrantes y tenían que ver con la tradición y la cultura familiar de poder hacer vino para consumir ellos y entre los vecinos.
Entonces, el vino, como decían recién, ha vivido un proceso de cambio, de transformación, con incorporación de tecnología y con variedades nuevas, como son el merlot y el torrontés. Tenemos suelos y climas que se adaptan a estas variedades. Prácticamente, contamos con casi 2.400 kilómetros de extensión de tierras aptas y con climas aptos para el cultivo de la vid. Desde Salta hasta Río Negro, en las latitudes 24 y 44 sur. Creo que este es un proyecto muy importante que ha recibido un fuerte impulso por parte de los gobiernos provinciales, del gobierno nacional y del Ministerio de Agricultura.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura –su presidente está acá– tiene como objetivo garantizar la genuinidad y la aptitud de los vinos. Nosotros decimos que el vino no es solamente un bien de consumo, que es un alimento y que es una bebida que se debe consumir de manera prudente y moderada, en familia, a los fines de que podamos recuperar la tradición que tenía este país del vino en la mesa y, alrededor, toda la familia. Obviamente, esto se fue olvidando como práctica, como costumbre, a partir de los procesos que ha vivido la Argentina, de la fragmentación de la sociedad y de la pérdida del empleo, donde dejó de reunirse la familia en la mesa con la botella de vino.
Creo que hoy es un tiempo distinto, que lo estamos recuperando. Por eso también esto tiene que ver con que el vino recuperó calidad y mercados internacionales. No ha sido solamente por el sector privado que se reconvirtió. Se logró con mucho esfuerzo, pero también ha sido parte de la política, de la estrategia del gobierno nacional en estos últimos diez años para hacer que este producto se inserte en los distintos mercados internacionales. Y esto ha generado fuerte desarrollo, una gran actividad y un incremento del trabajo en las provincias vitivinícolas.
Así que nosotros lo celebramos con mucha fuerza, con mucho orgullo. A esta bebida, uno la ve en una botella, pero en esta botella hay mucho trabajo, mucho esfuerzo de trabajadores, de productores y de industriales. Por eso, me parece muy bueno que este decreto que dictó en su momento la presidenta −agradecemos que haya tenido el tema del vino en agenda−, hoy lo podamos transformar en ley, ya que implicará la promoción del consumo de vino y, por consiguiente, el desarrollo y el crecimiento de las provincias vitivinícolas.