De madrugada, que es la hora del silencio, cuando los ángeles bajan para arroparnos, siento tu respiración rozando mi oído.
Y me quiebran esas horas, empapadas de ilusión y desatino. ¿Por qué regresas, si ayer no te fuiste?
Pero mi grito se entrega a la oscuridad, sabiendo que solo será un nuevo suspiro, evaporado al raso de las estrellas.
Buenas noches con un beso














