Las luces están más apagadas que de costumbre, la música no se oye y si acaso lo hace sólo es a lo lejos, como cuando amaneces en una isla desierta sin haber tomado una gota de agua, salvo la que se fue por tus fosas nasales al intentar contener la respiración por mucho más tiempo del que estás acostumbrado a aguantar y no puedes escuchar los gritos de auxilio de otras embarcaciones, solo el sonido de las olas cayendo pero inextricablemente, sin expresar la melancolía con la que el sonido de las mareas anteriores se esfumaron, como lo hace la luna antes de que el alba recién se haga notar en los cielos. Nuestros amores están con nuevas personas, el puesto en la mesa familiar ha sido ocupado por alguien más, las sonrisas ya no son por ti, la ausencia se volvió cotidiana y la presencia de otro ser la ha llenado, siendo como los juguetes para los niños: Reemplazables, temporales y prescindibles; Un juguete más Un amor nuevo, Otra sonrisa, una caricia … De las tantas que tendrán Creyendo ser indispensables con la certeza de que estamos como sustitutos de otro que alguna vez ocupó el mismo espacio que ahora ocupamos nosotros. Fragmentos de textos que en algún momento serán libros Pequeñas lágrimas que entre tanto llenarán mares Millones de sonrisas que conducirán a una sola Miles de historias que construirían novelas. Existimos para aprender y dar lecciones, para que cuando el momento llegue estemos tan perfectamente seguros de lo que queremos que no lo dejaremos ir por nada, mientras tanto nuestros corazones se sentirán vigorosos y cuando menos lo esperen estarán lánguidos otra vez, carentes de lo que al principio creían tener: fuerza, buenas energías. Pero volvería con el pasar del tiempo, todo estaría en su lugar otra vez, solo que con nuevas experiencias y la vil certeza que con base a tantas caídas se está cada vez más cerca de la erudición y la supresión del dolor
Los poemas de melenuda.










