Halley Catesby-Brontë.
1 de Julio de 2029. Ha pesado 2 kilos 800 gramos y medido 47 centímetros.
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Halley Catesby-Brontë.
1 de Julio de 2029. Ha pesado 2 kilos 800 gramos y medido 47 centímetros.
Los primeros test de Halley...
Test de APGAR realizado 1 minuto después del nacimiento
Test de APGAR realizado 5 minutos después del nacimiento
Prueba del talón
||Acabo de ver en borradores que tenía esto guardado y que se me pasó publicarlo, por eso lo publico ahora ❤
-Sé que Miryam está llorando, lo sé en cuanto escucho lo que le dice la doctora. Los sigo a todos por el pasillo, sintiendo que el corazón no puede latirme más deprisa ahora, y miro a la doctora sonriendo-.
—Claro, entro. -Digo antes de reír nervioso-.
—Sí, pero no sé si estoy preparado para esta guerra. -Respondo pues no existe una academia en la que nos enseñen a cómo ser padres ni tampoco a cómo ser hijos. Entro tras la cama de Miryam y miro a mi alrededor, sintiendo un sudor intenso recorrer mi espalda y mi nuca, concentrándose en mi rostro. Me pongo a un lado de la cama de Miryam, y me tomo la libertad de colocar el extremo de la sábana verde, antes de coger su mano-.
—Todo va a ir muy bien. -Aprieto su mano y me inclino para darle un fuerte beso en la frente, antes de mirar a la doctora.
Claro... -Le respondo a la amable doctora sonriendo, sintiendo su mano en mi hombro, antes de reír por lo que Johann le responde. Cuando las puertas del paritorio se abren, siento un escalofrío. ¿Y si algo va mal? ¿Y si Halley no sobrevive? ¿Y si yo no salgo nunca más de esta sala? Ahora tengo miedo, mucho miedo, un miedo del que trato de olvidarme, pensando solo en ese horrible dolor que me asola el vientre, como si me lo estuvieran retorciendo por dentro. Siento una intensa y extraña presión en la vagina, pero saber que es la cabeza de mi hijo, y la fuerza con la que trata de venir al mundo, trato de relajarme, y respiro hondo mientras me suben la ropa y me tapan. Aprieto la mano de Johann a quien miro sonriendo, aún llorando-.
—Lo sé... -Digo y cierro los ojos al sentir su beso en mi frente, antes de mirar a los médicos y asentir con la cabeza a lo que me dicen. Ellos van a estar aquí solo por si lo necesito, además de que será la doctora quien ponga sus manos para coger a Halley. Sé que tengo que empujar cuando el cuerpo me lo pida, por eso aprieto la mano de Johann con mucha fuerza, a la vez que empujo hacia delante conteniendo la respiración, y con los ojos cerrados, sintiendo que me desgarro por dentro al hacerlo, y que mis pies se clavan en esas plataformas.
-El nervioso padre va a entrar y es lo mejor que puede hacer, ver como su hijo nace, estar a la lado de esa madre que se parte por dentro del dolor. Me acomodo de forma que pueda ver a la muchacha, entre sus piernas asoma un pequeño círculo que es el centro de la cabecita del pequeño que viene al mundo.-
—Así es, lo estás haciendo muy bien. Ya sabes, toma aire y cuando tengas que empujar lo vas soltando poco a poco por la boca. -Miro a la guapa mamá y al joven que la está acompañando en todo momento, su esposo.-
—¿Sabéis ya cómo se va a llamar? -Os pregunto a ambos cuando después le digo a la muchacha.-
—Empuja, Miryam, con todas tus fuerzas. -Sé que está teniendo otra contracción.
-Miryam me hace daño en la mano, pero no me importa, porque quiero sentir su dolor, de la única forma en la que me lo pueda trasmitir. Aprieto su mano y trago saliva, sintiendo mis ojos llenos de lágrimas. Sonrío por lo que dice la doctora, y me inclino mirando a Miryam-.
—Lo estás haciendo genial... -Digo y le doy un beso en la cabeza. Cuando escucho la pregunta de la doctora, asiento con la cabeza-.
—Sí... Halley. -Le respondo y en ese momento, las lágrimas empiezan a rodar muy rápido por mis mejillas-.
—Como el cometa. -Continúo sonriendo.
-La doctora me dice que lo estoy haciendo muy bien y yo asiento con la cabeza, relajándome en la cama. Abro los ojos para mirar a Joahnn cuando me habla. Le veo borroso por las lágrimas y por haber tenido los ojos tan apretados. Le sonrío por lo que me dice, pero sobre todo sonrío al ver cómo pronuncia el nombre de su hijo, y lo que dice sobre él. Halley, como el cometa... Miro a la doctora y asiento con la cabeza a lo que dice. Tomo aire, y aprieto de nuevo con mucha fuerza la mano de Johann. Estoy sudando como nunca antes había sudado, el corazón me va a mil por hora, y me siento cansada y vulnerable, mientras siento un líquido caliente por mis viernes saliendo de dentro de mí. Me he olvidado de soltar el aire otra vez, porque lo que se me ha olvidado mientras empujo, es respirar. Tengo los ojos cerrados de nuevo, pero sigo empujando. Al hacerlo, noto como mi vagina se ensancha, y siento perfectamente la cabeza de mi hijo empezar a deslizarse entre mis piernas.
-Miro a ese emocionado padre, siempre siento un cosquilleo en mi corazón cuando veo a una pareja que tiene tanta ilusión en tener a un bebé, en este caso, la emoción está servida porque estos dos papás, están llenos de emoción.-
—Qué bonito nombre, como el cometa. -Digo sonriendo y la joven aprieta con todas sus fuerzas. la cabeza del pequeño ya ha salido del interior de su cobijo de estas semanas atrás, donde el vientre de su madre ha sido como una cueva en ese gran universo. Tomo su cabeza entre mis manos, que tantos niños ya han traído al mundo aunque todos siempre son especiales, ningún parto es como otro y ningún bebé tampoco, al igual que los padres. Giro con cuidado al bebé, que ya viene al mundo y digo.-
—Ya está aquí. -Digo mirando a los padres antes de tirar del todo de él y de cogerle entre mis manos, no hace falta que le dé un cachete porque Halley viene llorando al mundo, debe de echar de menos ese universo que le ha tenido todo este tiempo. Una enfermera me da una toalla y le arrullo en ella, está llorando pero se nota que lleno de vida. Antes de hacerle el debido reconocimiento médico, sus papás tienes que conocerle. Con el bebé en mis brazos me acerco a ambos y le dejo el bebé aún con el cordón umbilical unido a su madre por la placenta para ponerle en su pecho.-
—Aquí tenéis a vuestro cometa.
-Pasa tiempo. No sé cuánto, pero pasa tiempo mientras Miryam me aprieta la mano y empuja con todas sus fuerzas. Parece que pierde la vida y es que de alguna manera lo está haciendo, porque de dentro de ella se está yendo en este momento, la vida más hermosa que el mundo ha conocido, la vida a la que amará como a ninguna otra, la vida de nuestro hijo. Eso sí, la está perdiendo solo para ganarla. Veo como la doctora toma a mi hijo entre sus manos, un pequeño ser vivo lleno de grandeza. Es más pequeño de lo que parecía en las ecografías, pero es mucho más grande de lo que podía imaginarme. Llora y yo lloro con él, apretando la sudorosa mano de Miryam, mi pareja, la mujer que amo, pero ante todo y sobre todo, la madre de ese bebé que ahora llora y con todo su derecho, porque le hemos quitado del lugar en el que más cómodo podía estar. Al mirarle me doy cuenta de lo fácil que es que alguien que no conoces aún, te haya hecho sentir lo que no te ha hecho sentir nadie a quien conoces. Sonrío pero lo hago llorando, mientras veo que le tumban sobre el pecho de Miryam, envuelto en una toalla. La gente esperando al 28 de julio de 2061, para ver pasar a Halley y ya está aquí. Me inclino sobre Miryam, y pongo mi mano derecha sobre mi hijo, sintiendo un escalofrío al hacerlo-.
—Hola, Halley... -Susurro sin dejar de sonreír mientras lloro.
-Johann aprieta mi mano y yo aprieto la suya, sintiendo la cama y mi ropa cada vez más mojada. Siento que voy a desfallecer, que me voy a desmayar de un momento a otro, que ya no tengo fuerzas para nada más... Que me quedo sin aire porque ya no puedo respirar, mientras siento el agua de la vida saliendo de mí. Pero entonces le oigo llorar y abro los ojos. Todo da vueltas a mi alrededor, pero ahora ya nada importa. Ni el dolor, ni la asfixia... Ahora solo importa conocer el rostro de ese chico que me lleva robando el sueño nueve meses, y que no me deja dormir desde hace varias semanas. Ese chico de poco más de cuarenta centímetros que llora en las manos de una mujer que no conoce... Veo que le envuelven en una toalla y lloro, lloro mucho, tanto como hacía mucho tiempo que no lloraba, porque lloro por mil cosas a la vez. Escucho su llanto, y me doy cuenta de que es lo mejor que he escuchado nunca. La doctora le pone en mi pecho, y siento algo que es simplemente indescriptible, algo que jamás antes había sentido nunca, porque este pequeño cometa de carne y hueso que pasa hoy por mi vida, es lo mejor que me ha pasado nunca. Lloro poniendo mi mano libre sobre su espalda, bajo la de Johann para llevarle contra mí-.
—Ya estamos aquí, mi amor... -Le digo a mi hijo antes de mirar a Johann que llora como yo-.
—Qué guapo es... -Digo y vuelvo a mirar a ese bebé recién nacido que llora sobre mi pecho: mi hombre favorito.
Johann, Miryam y Doctora Thurston
-Miryam llora poniendo su mano sobre nuestro recién nacido al que yo no dejo de mirar. Es lo mejor que he visto en mi vida... El chico más guapo del mundo. Con suavidad y cariño, toco su mano con la yema de mi dedo índice, sintiendo un escalofrío al ver lo grande que es mi dedo comparado con su diminuta mano, la cual cojo con cariño. Tiene la piel mojada y resbaladiza, cubierta de una capa de grasa que me hace sonreír. Ese es el abrigo materno que ha tenido durante estas 36 semanas, el cual no tendrá nunca más, pero el que sin embargo, no dejará de tener nunca. Asiento sonriendo a la doctora-.
—Muchas gracias, doctora Thurston... -Digo por la enhorabuena que nos da, antes de darle a mi hijo un beso en la cabeza con los ojos cerrados. Un escalofrío recorre mi cuerpo entero, y escucho las instrucciones que me da la enfermera, quien con cuidado y mimo, desenvuelve al pequeño Halley de la toalla, para después colocar una pinza en el cordón umbilical. Me dice que espere y yo asiento con la cabeza mirando a Miryam-.
—Es una preciosidad... -Digo sobre nuestro hijo.
-Miro a Johann cuando la doctora le hace esa pregunta, y sonrío al verle asentir con la cabeza. Miro de nuevo a la doctora sintiendo el dulce peso de mi hijo sobre mi pecho. Le llevo contra mí-.
—Muchas gracias... -Le digo a la doctora, y después miro a la enfermera, que desnuda a mi pequeño mientras le habla a Johann. Yo le oigo hablar, pero sobre todo oigo todo lo que he vivido hasta ahora. Ese llanto lleno de vida, que ha retumbado en este paritorio, donde mi hijo pasará las primeras dos horas de su vida. Trago saliva y miro a Johann sonriendo, aún llorando-.
—Lo es... A nuestra familia y a nuestros amigos, les va a encantar. -Digo inclinándome sobre mi hijo para darle un beso en la cabeza, como ha hecho Johann, sintiendo como mi bebé se mueve en mi pecho, encogiéndose ligeramente cuando la enfermera le toca. Aún está llorando-.
—Uy... Cuánta guerra vas a dar tú, enanito... -Digo riendo suavemente mientras lloro feliz, y miro a Johann, porque ya han pasado los tres minutos necesarios para cortar el cordón umbilical.
-Me emociono al ver el beso que le das a nuestro hijo, tanto o más de lo que me he emocionado al dárselo yo. Le has hecho el primer tatuaje, la primera marca que llevará de por vida, porque vaya a donde vaya, allí llevará tu beso. Río por lo que le dices, y me humedezco los labios-.
—Es el hijo de un soldado, no podía ser menos. -Bromeo guiñándote uno de mis ojos, sintiendo las lágrimas que caen por él cuando lo hago, y cojo la tijera que me tiende la enfermera a quien doy las gracias, para después tomar aire. Voy a separar a mi hijo de su madre, pero en verdad no voy a hacerlo, pues nada en este mundo puede romper la unión más real y grande de todas las uniones posibles: la de una madre y su recién nacido. Corto, sintiendo en la tijera la rara textura de ese cordón, que parece blando y duro a la vez, y escucho el sonido que hace, viendo la sangre que mana de él. Le devuelvo la tijera a la enfermera, y te miro sonriendo apretando tu mano-.
—Felicidades, mamá... -Digo entonces soltando tu mano para ponerla en tu cabeza y darte un fuerte beso en la frente mientras lloro. Halley ya no está en ti, pero está contigo. Hoy más que nunca.
-Veo como cortas el cordón umbilical que me une con mi hijo, y cuando lo haces, siento una extraña sensación. Es como si me hubieran arrancado de las entrañas lo que más dentro tengo de mí. Lloro sintiéndome vacía, pero después sonrío porque nunca antes me había sentido más completa como me siento ahora. Estoy cansada, pero más llena de fuerza que nunca, y con una enorme sensación de felicidad y libertad, mezclada con otras muchas sensaciones. Miro al cielo a través de la ventana y trago saliva sonriendo, antes de mirarte-.
—Felicidades, papá. -Digo sonriendo antes de mirar de nuevo a Halley, mi pequeño Halley Catesby. Dicen que existen tres amores. El primer amor, el amor imposible y el amor de tu vida. Creo que mi primer amor eres tú, no sé si hubo alguno imposible, pero de lo que estoy completamente segura, es de que Halley Catesby, es el amor de mi vida.
Johann y Miryam
Así que ya sabes, Halley, valor y a por la vida, que es muy bonita aunque al principio asuste un poco.
Johann Catesby
“-Cuando era pequeña me contaron que los recién nacidos llegaban a las puertas de las casas de sus padres, traídos en el pico de una cigüeña, dentro de un pañuelo de tela blanco y suave. Me hablaban de la maternidad como si fuera un sueño, una alegoría de la propia vida. +”
||Rol del nacimiento de Halley Catesby
-Entro en el cuarto de una de las pacientes que ha ingresado durante la tarde, ya que ese es mi turno hoy en el hospital. Entro a la habitación de mi paciente, la señora Brontë, que aunque esté casada así es como me consta en el papel que mantengo en la carpeta, una enfermera entra conmigo al igual que lo hace una ATS.-
—Buenas tardes, Miryam. -Digo sonriendo a la muchacha y después miro a su esposo que parece más nervioso que ella.-
—¿Cómo van esos dolores? -Pregunto y miro en mi reloj de pulsera y mirando después en el informe para ver cómo van las contracciones. La enfermera mira a la muchacha por debajo de la sábana y me dice que me asome. No me da tiempo a que la chica me responda porque cuando lo hago la cabecita del niño ya asoma.-
—¡Ya viene! No cierres las piernas. -Le digo a la mamá.-
—¡De pronto has debido de dilatar mucho! -Y en ese momento vienen ya unos celadores porque la ATS que me acompaña los ha avisado.-
—¡No te pongas nerviosa que todo va a salir bien! -Los celadores entran al cuarto y comienzan a ponerse atrás en la cama para llevarse esta con la joven al paritorio.-
—Vamos. -Le digo al joven muchacho que en este momento está pálido.
-Miryam me dice algo precioso mientras me acaricia el pelo, y cuando voy a responderle, escucho el ruido de la puerta abrirse. Miro por encima de mi hombro y al ver entrar a parte del equipo médico me aparto poniéndome de pie. El corazón me late aún más deprisa ahora, y me pongo al lado de Miryam para cogerle de la mano y darle un beso en ella con una sonrisa, mientras la enfermera mira bajo las sábanas. Al escuchar a la doctora hablar, siento un calor enorme recorrerme el cuerpo-.
—¿En serio? -Pregunto asustado y suelto la mano de Miryam al ver a los celadores. Parpadeo varias veces seguidas para no llorar, y miro a la doctora, empezando a caminar tras ellos, tras la cama en la que Miryam va recostada.
-La doctora Thurston entra en mi habitación, seguida de una enfermera y una ATS. Yo trago saliva nerviosa como en todo momento cuando han entrado, y aprieto la mano de Johann sintiendo el beso que me da después. Voy a responder a la doctora sonriendo, pero lo que dice, me borra la sonrisa de los labios, porque en este momento, siento miedo, miedo a que algo malo pueda pasar. Trago saliva con mucha fuerza y miro a Johann, que ha empalidecido, antes de mirar de nuevo a la doctora y asentir con la cabeza a lo que dice sobre no cerrar las piernas-.
—Vale... -Digo y me humedezco los labios. Cuando suelto la mano de Johann y la cama empieza a rodar empujada por los celadores, siento las lágrimas rodar de nuevo por mis mejillas. Halley ya está aquí, y en pocos minutos, mi sueño más grande se habrá hecho realidad. Cierro los ojos llorando pero sonriendo a la vez, y pido que todo vaya bien, pero no se lo pido a Dios, sino a mi madre... A la abuela de mi hijo, que estará ahí para cuidar de que nada vaya mal.
-Los jóvenes son primerizos, se nota siempre en sus rostros, esos nerviosos, las lágrimas, voy caminando deprisa pero sin quitar la vista a esa joven a la que veo llorar pero sonreír y pongo mi mano en su hombro.-
—Ya verás como todo sale bien... -Miro al joven que sé que es soldado.-
—Usted entra al parto ¿verdad? Si es un soldado es usted muy valiente. -Le digo con una sonrisa a la vez que vamos deprisa por el largo pasillo que nos lleva hasta el paritorio, al llegar abren las puertas los celadores con sus propios cuerpos cuando giran la cama para entrar a éste de espaldas y así dejar colocada la cama como debe de estar. Encienden las luces y entonces los enfermeros, celadores y ATS empiezan a disponer todo. Me acerco a la parte donde están los lavabos para lavarme las manos con cuidado antes de que mi enfermera me las seque con una toalla y después me ponga yo los guantes de vinilo en color azul mientras que a Miryam la colocan y suben el camisón poniendo después para tapar sus piernas una sábana de color verde mientras que tiran de los lados de la cama donde se escondes unas plataformas para que reposen sus pies, instrucciones que le van dando y ayudando las ATS.
Doctora Thurston, Johann y Miryam
-Te acomodas en esa cama y yo te sonrío. Me muerdo el labio inferior cuando me dices que sabes que no me iré-.
—Nunca... -Digo pasando mi mano izquierda por tu frente, sin soltar la tuya con la derecha, para llevarme tu sudor en mi piel. Entonces me dices que estás agotada, y río contigo. Te suelto la mano, y me siento en la cama, rozando tu vientre varias veces con mis nudillos-.
—¿Estás ahí, Halley? Porque si estás ahí ya has oído a mamá... Dice que está agotada, así que no le hagas esperar mucho más. -Digo sonriendo emocionado, porque estoy seguro de que ya debe de faltar muy poco. Frunzo el ceño como si estuviera oyendo al bebé, y me inclino, apoyando la cabeza en tu vientre. Asiento como si le estuviera escuchando, y me aparto suavemente-.
—Dice que ya falta poco, pero que está muy cómodo aquí dentro...
-Sonrío cuando me dices que nunca, y trago saliva, mirándote mientras te llevas el sudor de mi frente, aunque la emoción más grande llega después, cuando te sientas en la cama, y llamas con los nudillos a mi vientre, preguntándole a Halley si está ahí. Río por lo que le dices aunque lo hago con los ojos llenos de lágrimas. Sonrío observándote mientras frunces el ceño y te apoyas como si estuvieras escuchando al niño. Río por ese mensaje que me das de él, sintiendo un cosquilleo de dicha dentro de mí-. —Pues dile que ya no puede quedarse ahí, que le echamos mucho de menos en casa... -Digo sonriendo y trago saliva, viéndote borroso porque mis ojos están llenos de lágrimas.
-Te ríes, pero estás tan emocionada como emocionado estoy yo, por lo que me muerdo el labio inferior. No solo eres la mujer de mi vida, eres la mujer de todas mis vidas. Asiento con la cabeza, y me agacho sobre tu vientre-.
—Ya has oído a mamá, Halley... Se te echa mucho de menos en casa. Ya sé que hay que ser muy valiente para salir aquí afuera, a tierra abierta, con lo cómodo que se está ahí dentro, pero tienes que salir, porque tienes que nacer... -Sonrío sintiendo mi vista nublarse mientras miro tu vientre, pensando en mil cosas a la, pero sobre todo en que mi hijo está ahí dentro, tan lejos y tan cerca a la vez, como enero y diciembre. Me humedezco los labios, aguantando un poco la respiración para no llorar-.
— Mamá tiene muchas ganas de conocerte, y el pesado de papá también... -Digo riendo con suavidad-.
—Así que ya sabes, Halley, valor y a por la vida, que es muy bonita aunque al principio asuste un poco. -Sonrío y te doy un beso en el vientre.
-Te agachas sobre mi vientre y dices unas palabras preciosas, unas palabras que hacen que las lágrimas rueden por mis mejillas. Tienes razón, nacer debe de dar mucho miedo. En el vientre de nuestras madres, nada nos da miedo... Pero la vida asusta mucho, a veces demasiado. Aún así, tenemos que aferrarnos a ella. Cuando te escucho hablarle así a Halley, pienso en mil cosas a la vez, pero sobre todo en una, en la misma que llevo pensando desde que me he puesto de parto, en ese ángel que nos está viendo desde el cielo. Trago saliva y te toco el pelo cuando me das ese beso en el vientre-.
—Eres tan bonito, Johann, que espero que Halley quiera ser como tú...
Johann y Miryam