Sísifo, rey de Corintio
Sísifo, rey de Corinto, construyó la primera flota de los corintios y poseía un gran rebaño. Su vecino, Autólico, tenía otro más pequeño.
Autólico se había portado bien con Maya, la madre de Hermes, antes de que este naciera, ocultándola en su casa cuando la celosa diosa Hera quería matarla. Hermes, agradecido, le dio a Autólico el poder mágico de convertir los toros en vacas y de cambiar el color de blanco a rojo, o de negro a moteado. Autólico, un ladrón muy listo, robaba el ganado de Sísifo en los pastos cercanos a su propiedad y convertía los toros blancos en vacas rojas, y los toros negros en moteados.
Sísifo se dio cuenta de que su rebaño menguaba y que el de Autólico era cada día más numeroso. Obviamente sospechaba de su vecino, pero no podía probar que él era el ladrón. Por fin, se le ocurrió la idea de marcar las pezuñas de los animales que le quedaban con las letras SIS (Abreviatura de Sísifo). Cuando desaparecieron los animales, Sísifo envió sus soldados al campo donde estaba el rebaño de Autólico y les ordenó que examinaran las pezuñas de todas las reses: encontraron cinco animales marcados con las letras SIS.
En cuanto reclamó a Autólico este se defendió afirmando que seguro Sísifo había entrado a su rebaño y marcado las reses para culparlo. Todo el mundo discutía y fritaba. Mientras tanto, Sísifo se vengó. Entró a la casa de Autólico y se fugó con su hija, con quien tuvo a Odiseo, el más listo que los griegos que lucharon en Troya.
Un día, el dios-río Asopo se apareció ante Sísifo y le dijo:-”Tienes la mala fama de fugarte con las hijas de las demás. ¿Te has llevado a la mía?-. Sísifo contestó que no se la había robado pero que sabía donde estaba. Pero para confesarlo, pidió a Asopo que hiciera nacer un manantial donde estaba construyendo una nueva ciudad.
Asopo golpeó el suelo con su vara mágica e hizo brotar un manantial. Después, Sísifo le dijo que Zeus había enamorado a su hija y que estaban camiando cogidos de la mano por el bosque del valle.
Asopo, muy enfadado, fue en busca de Zeus, que había dejado sus rayos descuidadmente colgados en un árbol. Cuando Asopo corrió hacia él con su vara, Zeus escapó y se disfrazó de roca. Asopo pasó de largo y Zeus volvió a su forma verdadera, recogió sus rayos y le lanzó uno a Asopo, que desde entonces cogearía de la pierna herida.
Zeus ordenó a Hades que arrestara a Sísifo y que lo castigara con gran severidad por haber revelado un secreto de Zeus.
Hades fue a buscar a Sísifo pero este se negó a ir con él alegando que el dios que buscaba a los espíritus era Hermes y no él. Hades llevaba consigo unas esposas para evitar que Sísifo escapara. Este pidió al dios que le mostrara el funcionamiento de las esposas que Hefesto había elaborado. Al ponerselas, Hades cayó en la trampa de Sísifo; este cerró las esposas y luego puso el collar de su perro en torno al cueyo del dios del Inframundo.
Durante un mes, el tiempo en que Hades permaneció preso, nadie moría. Ares fue el primero en notarlo al ver que en las batallas nadie moría. Pronto encontró a Sísifo y lo obligó a liberar a Hades. En cuanto este pudo volver a su reino, Ares acompañó a Sísifo para ser castigado como Zeus lo había ordenado. Pero Sísifo, una vez más, se salió con la suya pidiendo a la reina Perséfone que lo dejara momentáneamente volver al mundo de los vivos para que le dieran muerte y fuera enterrado debidamente. Esta accedió y pidió a Sísifo volver, pero no lo hizo.
Finalmente, fue Hermes el que buscó a Sísifo y le exigió cumplir con su castigo. Resignado esta vez, Sísifo fue al mundo de los muertos y fue condenado a cargar todos los días una roca igual a la roca en que Zeus se había convertido cuando se escondió de Asopo.
Los corintios amaban a Sísifo por el manantial que hizo que Asopo hiciera crecer.
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Imagen: Anfora con la imagen de Perséfono vigilando a Sísifo empujar la roca.











