Sentir
Es de valientes enamorarse, aceptar que el amor te ha derrotado, aceptar su derrota como el más grande de tus triunfos y llevar ese triunfo al límite de un mundo que te ve como un perdedor. Está claro que hemos empezado a ser criados como seres faltos de romanticismo, y que aquellos que son románticos se han vuelto los rebeldes de esta nueva era, donde no hay cabida para la pasión y las cosas sencillas, que se han vuelto complicadas porque al parecer todos están mirando. Queremos ser llamados intelectuales, creemos que la inteligencia es todo eso que los demás ven y presumimos, creemos que está solamente en los libros que leemos, hemos dejado de buscar la inteligencia en nosotros mismos, inteligencia de existir, de guiarnos, de seguir el instinto, de confiar en sí mismo, inteligencia de sentir. Hemos dejado de sentir. Nos preocupa todo, trabajo, dinero, estudios, críticas, nos preocupa todo menos sentir. Tal vez no me di cuenta cuando fue que todo se volvió mas importante que sentirse vivo. Tal vez me quede atrás el día que me quede mirando al cielo y me perdí encontrando fantasías en las nubes, o tal vez fue aquella vez que mientras dormía puse en pausa mi sueño y lo deje en esa sonrisa. La verdad es que no sé cuando habrá sido, solo se que soy feliz de que así sea. No me arrepiento de haber perdido contacto con una realidad que ni siquiera me interesa y que castiga por seguir insistiendo en la fragilidad de sentir. Le digo que no a un mundo de no-románticos, de fríos, de despiadados, de egocentrismo, de ayudar solo por ser reconocido, de reconocer por el falso éxito de pasar por encima de los demás, de hincharse en el yo. ¿Cuándo llegará ese momento en que reconozcamos que lo único que nos hace reales es eso que sentimos y hacemos sentir? Porque a mí, lo único que me asegura que existo, es el aire que sale de mi boca cuando suspiro de tantas cosas que logro sentir.








