Te has ido, no sabes como me duele eso. Me duele que te hayas ido sin que te importará que fue de nosotros, que fue de mí, mis sentimientos. Te fuiste sin voltear atrás y yo me quedé aquí, pensando, escribiendo y llorando por ti. Ahora todo lo que escribo entre líneas lleva tu nombre. Entre palabras y sin darme cuenta, susurro tu nombre. Siempre supe que eras y éramos tóxicos, la cosa es que no me daba miedo a arriesgarme a amarte, porque,me demostraste que podía valer la pena. Cuando las cosas se tornaron difíciles para mi sorpresa, decidiste partir. Dejándome con todo este amor para dar. Dejándome entre sollozos y gritos de desesperación porque pedía (y hasta la fecha pido) que no me dejes. Es patético para algunas personas supongo, el que alguien se lamente y se avergüence así por alguien. Pero habrá otras que entenderán que a veces crees que esa persona lo vale. Ahora entiendo lastimosamente que no debí acostumbrarme a ti, a tus palabras, tus risas, tu sonrisa, tus ojos, tus labios, tus locuras. Si sabías que no ibas a poder estar conmigo, ¿por qué no me lo hiciste saber antes de, maldita sea, enamorarme perdidamente de ti? Me dueles, me duele no tenerte. Pero al escribir esto sólo me doy cuenta de algo, que aún te amo. Aunque te has ido y me has dejado sola con todos mis demonios. Temo verte de nuevo y verte con alguien más porque sólo terminaría de romperme un poco más. Es estúpido aún dedicarte todo esto cuando es seguro que no lo leerás. Pero en fin, te has ido y de nuevo, aún te quiero.