FÁTIMA MIRANDA, OTRO TIPO DE ESPECTÁCULO.
El pasado viernes fui con mi amiga María Noconforme a ver esa fuerza de la naturaleza llamada Fátima Miranda, de la que puedo presumir ser su amigo. Un espectáculo que recomiendo vivamente. Fátima es un portento, una equilibrista de la voz, de los sentimientos y de las sensaciones.
Acompañada del gran músico folk Marc Egea (con más de 25 álbumes en su haber) a la zanfona - aka hurdy gurdy- ese instrumento tan completo y envolvente que yo conocí, en mi suma ignorancia del folklore castellano y mundial, gracias al maestro Joaquín Díaz, interpretó su nuevo espectáculo “aCuerdas”. Un chou de hora y media en el que el folklore y la vanguardia se dan la mano con la mayor naturalidad. Arriba se puede ver un resumen.
El comienzo fue atmosférico y sobrecogedor, como del más allá, nos dejó todo “ñecos”. El registro de voz de Fátima (superior a cuatro octavas) me trajo a la cabeza los trinos de Minnie Riperton pero con una intensidad inusitada que dejaba a la apadrinada de Stevie Wonder a una altura psé. Y a Yoko Ono en la matanza del cerdo.
Según evolucionaba el espéctaculo – zanfona, flabiol, cuerda, arpas de boca mediante- Fátima fue introduciendo su rápido, nervioso y expresivo sentido del humor. Me parece increíble su capacidad para no quedarse sin resuello ante la avalancha de acontecimientos. En realidad, esa enorme solvencia no es más que el fruto del trabajo y preparación más puntillosas, con toda una serie de extensas técnicas vocales, de respiración, etc, detrás.
La cosa acabó con robots y un “Ñeñee” bastante galáctico que me hizo recordar inevitablemente a mis admirados Pascal Comelade y Jaume Sisa.