Mejores frases de Arry/Arrana Hornwood <3
Canciones del personaje:
If I were a Boy- Glee Cast.
Touch the Sky-Brave.
“Le dolían las malditos manos de tanto coser; había perdido la sensibilidad en la yema de los dedos y hasta las articulaciones de sus muñecas parecían complotarse en su contra. Estaban tiesas como el barro seco. << Tienes manos de herrero, Arrana. Intenta ser más tierna en la confección >>. Las torpes puntadas que daba sobre la tela tenían poco de tiernas, o de delicadas o de bonitas; se veían cada vez más torcidas y no importaba cuanto intentara arreglarlo, las enmiendas sólo empeoraban el aspecto de sus bordados. La joven, con una suerte de frustración casi insostenible, volvió a traspasar la desafortunada labor de costura con la aguja mientras se imaginaba que era el rostro horrible y picado de viruela de su Septa. La mujer estaba sentada a su lado, tejiendo una manta y observando su trabajo con esa molesta mirada benevolente de vieja santurrona. Le hubiera gustado hacerle más agujeros en la cara de los que ya tenía.”
“ Ponerse ropa de hombre generaba en ella una sensación extraña; una especie de euforia secreta, de alegría desbordante y muy íntima que corría de forma enérgica por sus venas y la impulsaba a escaparse de las cadenas de su madrastra. Era como si se despojara del disfraz que la forzaban a llevar día a día y lograra ser libre de verdad. Ser ella, ser la auténtica Arrana, la hija de Lyra Marsh, la niña que su madre llevaba al pantano de los lacustres para que nunca olvidara sus orígenes. La imagen interna que tenía de su progenitora, de la hermosa y salvaje mujer de cabellos pelirrojos muerta años atrás, sonreía con aprobación cuando su hija era ella misma. Sin máscaras, sin modales, sin deberes. Su mamá le sonreía y era lo único que le importaba. Su padre, la esposa de su padre, la Septa y todos los habitantes de Hornwood podían irse al diablo con sus expectativas.”
“ Ella se río mientras soñaba con pasar varios días perdida en los pantanos antes de volver al castillo. Quizás podrían ir a buscar a los parientes de su madre, quedarse con los Marsh o vivir en las casas flotantes de las marismas. No se le hacía una mala idea, cualquier cosa antes de que volvieran a separarla de sus amigos. La vida se volvía aburrida sin Siggy y Willem cómo compañía para burlarse de ella”
“ Desde pequeña, Arrana correteaba por los pasillos de Honrwood imaginando que era una gran guerrera que luchaba en contra de enormes hordas de enemigos. Solía prometerles a los criados que se convertiría en la próxima gran Nymeria. Ese era su sueño. Ya a sus cinco años odiaba los vestidos. Acostumbraba pasar las tardes con la cara llena de polvo y el pelo rojo enmarañado por andar revolcándose en el suelo como si fuera un muchacho rudo en vez de una señorita, sus rodillas nunca estaban libres de costras ni sus brazos de rasguños. En su vida jamás hubo lugar para sueños de amor y bodas. Nada de canciones, ni de banquetes, ni de matrimonios concertados, ni de parir hijos. Lo que ella quería era sentir la adrenalina de la batalla. El sabor de la libertad.”
“ Lo sentía mucho por su mejor amigo, pero su guerra no era sólo contra él. La joven batallaba día a día con todas las personas que intentaban convertirla en lo que se negaba a ser y jamás sería. Su sueño era aprender a montar a caballo, usar una espada tan bien como cualquier hombre, irse de Norte y conocer el mundo de cabo a rato. Era imposible conseguir algo de eso encerrada entre las paredes de un castillo, aprendiendo a coser, a cantar y a bailar para complacer a un aborrecible e imaginario esposo”
“ Él no sabía lo que era sufrir una madrastra odiosa, ni ser echada de su hogar por un padre que se avergonzaba de su forma de ser ni tampoco podía imaginarse lo que uno sentía cuando no encajaba en ninguna parte. El heredero de Puerto Blanco con su cabello rubio, su linaje importante y su rostro atractivo siempre sería bien recibido en cualquier lugar del mundo sin tener que esforzarse demasiado. Para alguien como Arrana, sin embargo, todo era más difícil. Cada día tenía que luchar contra todos aquellos que querían convertirla en una persona diferente, en una damita, en una futura Señora.”
“ —No soy tan miserable si estoy con ustedes —le confesó, aún sentada en la cama y balanceando nuevamente los pies para acostumbrarse a su nuevo calzado. El vestido que le habían regalado los Manderly estaba en el suelo a unos pasos de ella, totalmente inutilizable y mancillado. Arrana no podía entender como a alguien le gustaría usar una prenda de esa rosa horrendo —Es decir, contigo y Siggy. Prefiero estar aquí que sola en Hornwood o en cualquier otro lugar del mundo”
“ Y además, por si se os olvida, nunca dejaría que nadie descubriera vuestro secreto. Antes preferiría casarme con vuestro hermano o incluso con vuestro padre con tal de defender vuestra intimidad. Para eso estamos los amigos, para protegernos.”
“ Los Manderly habían decidido casar al tonto de Willem con una sosa noble sin importancia y ellas como buenas amigas —o dignas idiotas, depende de como se viera— no estaban dispuestas a permitirlo. No dejarían que una desconocida cualquiera, una putilla con padres ambiciosos, llegara de la nada y se interpusiera en la sagrada trinidad que formaban juntos. Desde que tenía memoria, desde que apenas era una niña, sus amigos habían sido la constante en su vida, su familia por elección, aunque sea para dejarse putear y la sola idea de perder eso la enojaba. Eran suyos, ni siquiera el Señor de Puerto Blanco o los mismos Dioses podrían romper esa unión. Nadie. No mientras Arrana estuviera viva.”
“ Con el pasar de los años, Willem, Sigalit y ella habían hecho muchas travesuras juntos, pero ninguna tan peligrosa como aquella. Desafiarían las órdenes de un gran Lord, insultarían a una familia noble y de forma literal, se cagarían en los acuerdos de sus padres. Sabía que sus progenitores los buscarían por cielo y tierra...pero ellos eran más inteligentes. No se dejarían atrapar ni encarcelar en un matrimonio de conveniencia. Iban a ser libres de verdad, por fin, sin tener que preocuparse por las expectativas ajenas. No más lecciones de costura, no más clases de danza, no más intentos de transformarlas en damas decentes. [...] Eran amigos, lo serían por siempre y vivirían juntos hasta el fin de sus días, cuando fueran tan viejos que sus huesos se vieran reducidos a polvo. Y cuando murieran, los enterrarían uno al lado del otro con tumbas que recitaran las aventuras que habían vivido a lo largo y ancho de Poniente, luego de desafiar a un destino esquivo y escaparse de sus crueles deberes. Eran dueños de su vida, tendrían que serlo si querían ser recordados en la historia con alguna canción.“
“ Con la alforja llena a reventar con sus pertenencias más inútiles, ella y su montura cortaron el aire salado de Puerto Blanco con la presteza de una flecha en dirección a la posada donde la aguardarían sus amigos. En dirección a su ansiada libertad. El pelo rojo, revuelto y salvaje, se agitaba a sus espaldas con cada restallido de las herraduras contra el piso de tierra. El galope levantaba las piedrecillas del camino y hacía emerger del suelo una nube de polvo marrón que le hacía picar los ojos. Pero a Arrana no le importaba. Su cabeza estaba repleta de sueños de futuro.”
“ Lady Arrana Hornwood volvía a ser Arry, el huérfano de los caminos. Llevaba siéndolo desde que escaparon de Puerto Blanco y, de alguna retorcida manera, se sentía mucho más espontanea que cuando jugaba a ser una dama bajo el mandato de sus padres. En momentos íntimos, en esos donde hablaba consigo misma, se daba cuenta de que quizá debió serlo siempre. De que quizás debió haber nacido niño. Por supuesto, era una sensación que guardaba muy dentro de su pecho y que no se animaba a compartir con ninguno de sus mejores amigos. Podía soportar burlas de todo tipo, excepto en lo referente a esa pequeña euforia que gritaba en su interior mientras recorría la fiesta vestida con unos sencillos calzones de lana y un jubón de cuero remachado en hierro.”
“ Se sentía imponente, se sentía poderoso, se sentía todo un caballero de verdad montado en su fea yegua baya y preparándose para la justa por detrás de su escudo con la rana saltarina pintada de forma lastimera sobre la superficie de madre. Costra estaba indómita, coceaba y soltaba relinchos molestos a causa del sol que la cegaba y hacía resaltar las abolladuras de la pobre armadura de Arry. Se la había confeccionado comprando piezas por aquí y piezas por allá, con el resultado final de un rompecabezas de hojalata y medio oxidado. No importaba, él seguía creyendo que era un caballero y cuando el tañido lo llamó a las lizas, obligó a su montura a caminar hacia el principio del campo de justas y sostuvo la lanza como si fuera el Gran Aemon, el Caballero Dragón. Quizás algún le llamaran a él también el Gran Arry, el talentoso Caballero de las Ranas.”
“ ¡Había logrado romper una lanza contra un justador mucho más entrenado que ella! ¡eso seguro significaba que tenía augurado un futuro brillante como el Gran Caballero de las Ranas! Pese a la derrota, no podía estar más feliz. [...] Había participado en su primera justa, era todo lo que le importaba y aún era joven y aún tenía vida. Y mientras hubiera vida había esperanza y si no había esperanza al menos tenía libertad. Que era mucho más de lo que hubiera podido decir de sus días en Hornwood. Se sentía orgullosa de sí misma y estaba segura de que su madre, desde el lugar donde se encontrara, estaba esbozando una sonrisa al ver como su hijo, por primera vez, había roto una lanza contra un caballero mucho mejor que ella. << Mis derrotas y mis victorias, para bien o para mal, son para vos, no necesito ninguna dama que me de su favor >>, pensó con gallardía.”
“ — Hace rato me cansé de besar sapos, ahora soy adulta y le como la boca a quién me dé la gana. ¡Y quiero besar a ese gordo, así que quitadle la mano de la cara y desapareced!”
“ Echó una mirada en dirección al espejismo de su mejor amigo para comprobar si había desaparecido. Pero no, seguía allí, con sus ojos celestes, su cabello rubio, haciendo palidecer a cualquiera de los hombres que lo rodeaban. << Joder, es guapo incluso hasta cuando no existe >> “
“ Por un breve instante se sintió mal por estar sonriendo luego de causarle, por lo menos, un cardenal y se vio tentado a pedirle disculpas; se suponía que los caballeros no golpeaban a las damas y muchos menos se batían a duelos con ellas. Era verdad que ni Sigalit era del todo una doncella de las canciones ni él mismo un principito gallardo, pero se sentía incorrecto y por debajo de la satisfacción de ganar el primer embate, le dejaba un mal sabor en la boca.”
“ Era un sentimiento extraño, poderoso. Por primera vez en su corta vida, alguien lo veía como si fuese algo más que una pobre excusa de dama. Alguien lo trataba con el mismo respeto que merecía cualquier hombre. Alguien creía real la mentira tras el disfraz de chico. Eso fue lo que él vio al mirarse en las orbes verdes de la arquera, lo que tanto le había fascinado. No su gesto de galantería, no su amabilidad ni el halago de que llevara su pobre prenda en el Torneo. Fue el hecho de verse reflejado tal y cómo era en los ojos de alguien más. Por un breve instante, Arry Hornwood había existido como algo más que una identidad falsa.”