Sin duda alguna, es hermoso ser cristiano redimido por la sangre de Jesús, pero es mucho más difícil luchar con sus propias fuerzas para ser “moralmente perfecto” Esta es una de las razones por la cual en medio de esta pandemia, en medio de actividades laborales, me he cansado y he querido decir que no vale la pena entregar mi vida a Cristo, sin embargo, todo cambia, así como la noche no es para siempre, la oscuridad no permanece, un solo rayo de luz de la Santidad de Dios, de su esencia es capaz de matar toda la oscuridad que pueda estar en mi corazón. No puedo hacer nada para ganarme el favor de Dios hoy y mañana no, el amor de Dios por mi no cambia, sin embargo, aunque conceptualmente lo sé, en la practica se me hace difícil vivirlo. Me he dado cuenta que he querido conocer a Dios más por lo que el me da que por lo que es Él y Él es mucho más grande y me pueda saciar más que unos panes y peces. La santidad es un hecho, gracias a Cristo que descendió como humano e hizo posible que podamos ser puros por medio de Él, aunque esto implica darle el centro de nuestra vida. He gobernado mi corazón por 21 años y he dado gloria y honra a lo creado y no al creador de todo, por lo tanto, me cuesta darle gloria a Él, gloria a aquel que es Santo, que es Perfecto, que no falla, que es inmutable y que no es condicionado por un capricho mío. Me ha invadido el desanimo pero entiendo que todo esto es proceso para la santidad.