Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.
-Vicente Aleixandre, Sombra del paraíso: El poeta, fragmento. Editorial "Seix Barral" (I, 1984), p. 129.
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Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.
-Vicente Aleixandre, Sombra del paraíso: El poeta, fragmento. Editorial "Seix Barral" (I, 1984), p. 129.
"El entenado", de Juan José Saer en la Línea B
El amor consiste en encontrar a alguien con quién compartir tus rarezas.
La Ciudad y Los perros.
Mario Vargas Llosa.
Seix Barral. Barcelona, 1963.
Primera Edición.
Trópico de Capricornio — Henry Miller
¿Novela erótica o autobiográfica?
Henry, es el protagonista de la novela: Un empleado de la telegráfica «Cosmodemónica», un cuasi consumado degenerado sexual, filántropo de ocasión, misántropo en mayor medida, fácilmente un misógino, un crítico del capitalismo, y sobre todo un exaltador de la discordia y de la individualidad.
La trama de esta novela es simple, se configura en dos modos de narración:
I. Relata sucesos específicos en la vida de Henry (narrados por él mismo).
II. Presenta los monólogos interiores de Henry respecto a su día a día y a temas diversos que causan cierto temblor en su ánimo: El sexo, los judíos, la literatura, las mujeres, la prostitución, la pobreza, etc.
No podríamos considerarla novela erótica (solamente). A pesar de sus agresivas descripciones del acto sexual, cuenta, mayormente, con un argumento que no da cabida exclusiva al coito, más bien utiliza al sexo recurrentemente para una mejor descripción de escenarios o personajes. Esto nos lleva a un segundo punto: ¿Novela autobiográfica? Digamos que no, pues, además de diversos factores que examinará el lector durante su lectura, está el hecho de que no todo lo que narra Henry (personaje) ha sucedido realmente en la vida de Henry (autor). Diversos apuntes biográficos guardan cierta contradicción con la novela… En todo caso, podríamos considerarla una semiautobiografía.
Permítame, lector, advertir lo siguiente: esta novela no es un elogio de la lírica y del buen gusto de la tradición literaria. Sin embargo, señalo que, el propio Miller (autor y personaje) no consideraba a gran parte de su obra como «literatura». Incluso, en el proemio de Trópico de Cáncer, dice: «Esto no es un libro […] es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte […]».
Leer a Miller es examinar las opiniones de un rebelde, de un —consolidado— precursor de la contracultura. Miller, en su obra, no solo arremete contra la falsía moral humana, sino que arremete contra la propia, exhibiendo lo más bajo de sus apetitos y su inmoralidad.
Novela con matices filosóficos críticos, que roza agresivamente con una pornografía suave.
¿Leerías a Miller?
Escribir es la actividad más placentera que conozco
Seix Barral publica El Silencio, la nueva novela de Don Delillo, una historia que condensa en 112 páginas las consecuencias de la comunicación, la información y la tecnología en la actualidad. “¿Qué pasaría si, de repente, falla el sistema? ¿Y si fuera solo una pantalla blanca?”, se pregunta el también autor de Submundo.
Noches sin dormir.
Elvira Lindo se marcha de Nueva York. Es su último invierno allí. Lo jura y lo perjura. Mientras se despide se asiste no de la ciudad, pero sí de su mística, para sobrevivirla. Por las páginas de estos diarios nocturnos pasan música y músicos, cine y actores, cultura y escritores y artistas vivos y muertos, bulevares, calles, puentes. También el amor de la autora a los suyos (¡cómo nos agarramos a ellos para vivir, cómo los necesitamos!), y también de los pocos amigos que ha podido hacer allí a pesar de su extrovertida, generosa, mediterránea personalidad. Porque el frío no sólo está en la calle, también en el interior de las personas, y hasta en el de un restaurante donde, por no ser clientes VIP, les dejan junto a una rendija en una ventana.
Hace malabares para agotar su estancia en Nueva York sin mandarlo todo al diablo. Como resulta, sus noches insomnes, que le procuran a sus diarios un tono que, aunque íntimo, carece de la solemnidad de su monumental Lo que me queda por vivir. A veces con gracia (pero esto no es un Tinto de verano, ni tampoco un Manolito), y siempre alerta, confidente, severa consigo mismo misma y respetuosa con los demás, también al retratar dulces escenas de amor conyugal o familiar (mención de oro a la despedida de su padre). Lindo describe su vida neoyorquina pero en realidad se describe a sí misma. Y, como todo lo que ella escribe, resulta adictivo de principio a fin.