En uno de nuestros días de campamento mientras nos preparábamos para continuar con la ardua batalla en la búsqueda de los objetos. Mientras mis pensamientos divagaban de aquí para allá conforme hacía la comida logré recordar cómo había abordado un tema bastante incómodo en aquella mansión de Azeroth, donde alguna vez pensó en ponernos en nuestra contra, y el tema del cual habíamos conversado se había vuelto por demás delicado para ambos.
Una vez terminé de hacer la comida para ambos me senté sobre una roca que frente al fuego causaba una sombra inmensa pero se veía el brillo de mis ojos azulados totalmente concentrados el algo que no paraba de darme vueltas en la cabeza.
-- Harry. Hay que hablar sobre lo que pasó en el castillo. -- No era una propuesta, era más una orden que otra cosa, no era por ser grosero, simplemente no se me daba 'pedir' las cosas. Yo era alguien que tomaba oportunidades y ya después me fijaba en las consecuencias.
Comencé a servir el estofado tranquilamente mientras soltaba un suspiro y comenzaba con aquella plática, la cual era un tanto difícil de abordar pero para no volver a dudar debía qué.-- Si fui mandado para asesinarte y llevar la gloria a Inglaterra bajo la capa de un hechicero sin nombre. -- Dije esto mientras mis ojos se fijaban en los suyos, tan serios como el agua fría que pasa por un riachuelo, tan calmados y pacíficos.
-- Pero no conocía tu rostro, ni tu nombre, eso hasta que Paarthurnax apareció y tu... estuviste ahí para salvarme.