“¿Te vas a callar la puta boca?” preguntó bastante irritado con su compañía, quien no paraba de hacer ruido a medida que cruzaban por esos tenebrosos pasillos. Su dedo descansaba sobre el punto índice de su pistola, atento a cualquier mínima amenaza. Claro, no había sido lo suficientemente idiota como para que el arma de su disfraz fuese solo de juguete, y bien que había hecho. Frenó, mirando apenas de reojo a la persona que tenía a su lado. “¿Escuchaste lo mismo que yo?” habló muy bajo, señalando con su mano libre su oído, “Quédate atrás.” añadió serio. Dio media vuelta y apuntó con seguridad a una puerta apenas a metros de ellos. Estaba más que seguro que la abertura a su izquierda había rechinado, como si alguien la quisiese abrir, sin embargo quería tomar la precaución de no herir a nadie de la casa.









