Caminé hacia los licores, y no sólo había unas tiras de papel alrededor de la imitación de cava donde guardan las botellas de vino acostaditas en lindos estantes de madera, sino que había un letrero que declaraba (por suerte no con comic sans):
"Por disposición oficial se suspende la venta de vinos y licores a partir de las 5 pm"
Si estuviera con mis amigos, les hubiera tirado otra vez el discurso de que vivimos en un condenado país fascista donde no se puede fumar en los bares y besar en los parques, donde las libertadas más romanticas han sido vedadas y el único lugar público donde no se es mal visto (o prohibido) dormirse es en el sucio asiento de un autobús.
Pero no estaba con ellos, estaba en un supermercado nice una tarde de domingo, sin posibilidad de conseguir un vino barato y con el recuerdo del que me tome en un parque, con queso, pan y marihuana.
Entonces me fui a la salchiconería y agarré más probaditas de salami no sé que y queso ahumado con cosas bien sabrosas.