Arundel Cathedral from Castle gardens, West Sussex.
Source: Flickr
RMH

Andulka

oozey mess

blake kathryn
🪼
Stranger Things
Keni
Cosimo Galluzzi
Sweet Seals For You, Always

No title available
Noah Kahan
"I'm Dorothy Gale from Kansas"

JVL

izzy's playlists!
sheepfilms
Mike Driver
TVSTRANGERTHINGS
EXPECTATIONS
ojovivo
One Nice Bug Per Day
seen from Russia

seen from United States
seen from Malaysia
seen from Türkiye

seen from United Kingdom
seen from Brazil

seen from Russia
seen from T1
seen from Italy

seen from Malaysia

seen from Germany

seen from Malaysia
seen from Canada
seen from United States
seen from Egypt
seen from Malaysia
seen from Chile
seen from United States
seen from Türkiye

seen from Italy
@anisparza
Arundel Cathedral from Castle gardens, West Sussex.
Source: Flickr
Lunchtime with Basket-Case
Una lista para superar la vida y la muerte
Es cierto, todo el tiempo estamos muriendo. El escritor Ramón Gómez de la Serna, reconocido por promover la vanguardia y después ser parte de ella en España, se burló de ese hecho cuando escribió su libro ‘Automoribundia’, pues en vez de escribir la historia de su vida se lanzó al vacío para escribir la historia de cómo, cada día, iba muriendo: como todos.
Me hubiera gustado no escribir esta lista. Pero, uno necesita escribir para sanar. Al menos a mí así me pasa, yo no lloro, escribo. Es mi forma de llorar.
Justo hace un mes murió mi abuelo paterno, hace siete días mi abuelo materno. La muerte ha estado cerca, los ciclos que se cierran. Lo sé porque también murió un cactus, el más pequeño de la casa, el más gracioso, el que adoptamos con amor, pero le faltó un poco más de sol, de pláticas, de alegría, de agua, quizá. Como a mis abuelos que se fueron, para nunca más volver.
Por ahí leí que uno tiene un poquito de culpa cuando alguien se muere, lo creí cierto.
A mi abuelo Froylán le faltó un poquito más de sol, faltó que le platicáramos más, que le dijéramos todo lo importante que era para nosotros, pero, como siempre, no dijimos nada. Cuando leí eso realmente creí que las personas pueden ser inmortales si se les quiere como se debe, si uno no escatima en dar amor. A mi abuelo Jesús también le faltó algo de sol, aunque siempre lo buscaba por las tardes sentado en una banca que improvisó con tabiques en el patio de la casa, pero no fue suficiente. Él ya casi ni quería vivir, le faltó amor.
La muerte es cabrona. De verdad que lo es. Uno ya no vuelve a ser el mismo después de la muerte. La verdad, nunca había experimentado muertes tan cercanas, nunca alguien tan querido se había ido de mi lado, yo ya no puedo ser la misma. Me falta algo. Mi error fue dar todo por perdido cuando aún no estaba del todo perdido, meses y meses antes de la muerte de mi abuelo paterno, cuando él pasó a una etapa crónica de su enfermedad, yo ya sentía el vacío: las caras largas, la ausencia de los domingos en familia, la tristeza por ver a quien más quieres sufriendo. Uno sabe cuando se acerca el final, en ese momento supe que se había acabado una maravillosa etapa de mi vida en un instante. Cuando me di cuenta de que esa etapa había terminado, no paraba de llorar, cuando él murió sentí una tristeza brutal que hasta ahora me recorre, pero, al menos sé que ya no está haciendo esfuerzos por respirar. Creo que eso es lo que me da una paz agridulce.
Por ahí también leí que todos estamos luchando una batalla diaria, que por eso hay que ser amables siempre. Es cierto. Cada uno debe llevar a cuestas lo que se debe llevar a cuestas cuando se está vivo: las muertes, las cuentas, las confusiones, los sueños, la vida, la vida.
Ahora que mis introducciones son más largas que las listas, quiero aprovechar para decir que aún no me acostumbro a esta etapa nueva llena de ausencias y de ciclos que terminaron y que sobreviven como fantasmas. No me gusta, pero no puedo negarla. Supongo que me ha hecho fuerte y que he podido seguir sonriendo a pesar de las lágrimas, de ver a los míos tristes. A veces, ser fuerte sirve para seguir viviendo.
En fin, les dejo una breve lista para superar la muerte cuando a nosotros nos toca seguir viviendo:
1.- Después de la muerte, sólo queda vivir. Lo único que se me ocurrió después de que mis abuelos se fueron de la tierra fue vivir, lo que sea que eso signifique. Retomé mi lista de sueños, dejé en el librero la tristeza y decidí andar por el mundo para que me tocara el sol, para sentir el amor, para experimentar la risa. Observé con más ahínco los pistilos de las flores, las nubes y los insectos; me dediqué a hacer lo que me gusta y a olvidarme un poco del ‘deber ser’. Me dediqué a ser: a dormir sin despertador, a comer lo que me gusta, a abrazar fuerte a mi mamá, a mi abuela, a mi papá. Es que sí, sólo queda vivir. Desperdiciar el tiempo en rezos, entierros, lloriqueos y pésames es un desperdicio total, lo único que queda es el momento y nada más.
2.- La vida es un ciclo (in)finito. Cuando crees que no encontrarás el amor, llega alguien que te emociona como si nada hubiera dolido antes. Cuando alguien muere, alguien nace. Cuando alguien se va, alguien llega. Cuando un trabajo se termina surgen nuevas oportunidades. Cuando crees que todo ya acabó, todo vuelve a comenzar. Así funciona, ciclos y ciclos que no dejan de surgir como la vida que nace hasta en el concreto. Una vida conteniendo muchas vidas. Nuestro ciclo terminará cuando la última de nuestras vidas se haya ido, se desvanezca para siempre, y eso quien sabe. Quizá ser polvo sea un forma de ser y de permanecer en el ciclo interminable, uno nunca sabe. La cosa es que todo se renueva, nada perece. Nada se estanca, somos como un río.
3.- ¡Al diablo con los rituales! El séptimo cielo, los rezos, las largas caminatas con un ataúd, los pésames, los llantos, el querer hacer algo cuando se acabó ya no cuenta. No tiene sentido. Eso lo supe cuando no terminé la carta que le escribí a mi abuelo, la dejé a medias, pues él ya no podía escucharme. Lo supe también cuando me asomé a ver su cadáver, él ya sólo era un cuerpo y un cuerpo sin su alma y sin su risa, sin su ejemplo y sin su lucidez no era nada. Llorarle a un féretro no tiene el menor significado. Aventar flores y repetir oraciones sin fin es un desperdicio. Como dice mi prima: él se queda aquí, señalando su corazón y su cabeza. Sí, mis abuelos siguen “aquí” y de ahí nadie me los quita.
4.- Si uno perdió algo es porque ya lo había ganado. La primera sorpresa que experimenté fue cuando mi frijol que, entre dos algodones húmedos, creció en un frasco de Gerber membretado con mi nombre junto a la ventana del salón de clases de la primaria Sor Juana Inés de la Cruz. Al principio, parecía una naturaleza muerta en el recipiente donde mi mamá guardaba los frijoles y lo era, pero lo rescaté. Elegí el más bonito para que diera vida después de la muerte. Sólo necesitaba un poco de sol y humedad para sobrevivir, quería rescatar a todos los frijoles que mi mamá guardaba en la alacena, pero no tuve éxito. Vi como, poco a poco, brotó un tallo verde y lo cuidé como a mi vida, lo regaba, lo ponía al sol, lo resguardaba de los vientos fuertes y hasta un día le hablé, pero murió. No sentí tristeza porque no me habían dicho que debía sentir, pero sí entendí cosas, quizá que todo lo que nace, muere. Como cuando olvidé cambiarle el agua a mi charal y a mi regreso ya estaba panza arriba. Como cuando se murió mi bonsái, como cuando mis abuelos se fueron. Pasa que no existe felicidad sin costo, ¡qué lástima!
5.- Me gusta pensar que morimos como mueren las estrellas. Una estrella muere cuando en su interior dejan de existir las reacciones nucleares (cuando dejamos de sentir, cuando dejamos de hacer, cuando dejamos de soñar, pues como las estrellas, esas reacciones [nucleares] evitan que colapsemos). Las reacciones nucleares llegarán a su fin cuando su núcleo esté compuesto por carbono, rodeado por una capa de helio y un envolvente de hidrógeno. (o, en nuestro caso, cuando nuestro corazón se llene de soledad, de enfermedades, de sinsentido) Cuando llega este momento la estrella se habrá expandido hasta 200 veces más que su tamaño inicial (fase denominada: gigante roja) y después, como ya no habrá presión generada por las reacciones nucleares la estrella comenzará a reducir su tamaño. Una vez que esta presión ha logrado frenar el colapso la estrella original es ahora un cuerpo celeste llamado enana blanca: sin luz propia y entre cien y mil veces más pequeño que el Sol, un cuerpo nomás, sin alma ni nada, pues.
Lo bonito de la analogía de las estrellas es que todos aquellos elementos del sistema solar con masas atómicas mayores a la del hierro se produjeron en el momento en que estrellas más masivas que el Sol murieron. Es decir, la muerte deja huellas. La muerte deja vida. De hecho, el Sol (una impresionante estrella) nació de la explosión de supernova de una estrella masiva. Me gusta pensar que mis abuelos se expandieron y explotaron para dar oportunidad a que nuevos ciclos se presenten y nos emocionen, ¿no?
Una lista para retomar el camino
Amo escribir. Desde hace mucho tiempo que lo sé. Pero, últimamente lo hago cada vez menos y ese hecho me tiene absolutamente contrariada, decepcionada conmigo misma, enojada y triste. Sobre todo triste. Siento que fui muy poco honesta conmigo misma en los últimos… casi dos años. Me guíe por cosas ajenas a lo que algunos llaman pasiones y otros vocaciones. Decidí, en cambio, creer en los terribles números rojos el periodismo actual, en las dificultades de la vida cotidiana, en los créditos bancarios, en las estúpidas cuentas que no acaban, en el futuro sin pensiones que valgan, en las comodidades y los viajes de placer. No me culpo, todo eso es cierto. El periodismo de los clics que busca llenar a una insaciable masa ávida de contenidos (buenos, malos y más o menos) existe y está en una severa crisis que se antoja insostenible por mucho tiempo más, por lo menos con el modelo actual; la vida para los que nos etiquetaron como “millennials” está cada vez más cabrona: la exigencia de tiempo, conocimientos y productos – lo que eso signifique para cada quien - terminados es casi esclavizante, no hay tiempo que alcance y el hecho se generaliza y, por lo tanto, se normaliza, al grado tal que los que nos estamos convirtiendo en adultos (los que no somos youtubers) agradecidos por tener un trabajo que nos dé para vivir más o menos (y ese más o menos significa rentar – con roomies, claro- o depender de un crédito bancario de risa loca por más de 25 años… en pareja, tomar café por $60 pesos el vaso y viajar de vez en cuando, en el mejor de los casos) y no aspirar a tener una vejez digna si no se ahorra lo suficiente, ver y escuchar en streaming y… pasarla bien – en el sentido más hedonista de la palabra- mientras duremos en esta breve, pero hermosa vida. Les decía: amo escribir, pero me preocupé por lo que hasta hace poco no me había interesado en absoluto: el porvenir, el dinero y la comodidad. Elegí mal. Se me olvidó todo lo que me había quedado claro hasta hace poco, me olvidé del hecho casi universal sobre hacer lo que nos gusta. No hay otro camino que hacer lo que nos gusta. No existe y si existe está lleno de frustraciones, cancelaciones de sueños e insomnio generalizado, sólo interrumpido con pastillas para dormir.
Así, en vez de seguir haciendo lo que me gusta, abandoné mi blog el día que murieron mis abuelos y dejé de escribir hasta por hobbie. Me enlisté en una Maestría sobre Publicidad, decidí aprender todo lo posible sobre Social Media, SEO y hasta Audiencias, sobre Mercadotecnía, Branding, SEM, Marketing Digital … y otros tantos términos en inglés. Y al abandonar lo que en serio me gusta como las revistas culturales; la literatura de vanguardia, la poesía con y sin métrica, las maravillosas columnas de Villoro, Roberto Zamarripa, René Delgado y Rosa Montero, las clases donde se discutía sobre todo, menos sobre uno mismo… me abandoné. Ahora, que volví a mis listas en tiempo de crisis, me gustaría retomar el camino original ese que me llevó a escribir la primera lista, el camino donde escuchaba a esa voz que me decía por dónde continuar, que me hacía dormir tardísimo y despertarme tempranísimo, el camino donde sentía que el tiempo no pasaba y que me hacía sonreír y sentir que mi vida era maravillosa. No importa el precio que tenga que pagar.
1. Conocemos la vieja lección literaria: atesoramos mejor lo que perdemos. Creo que era 2015 cuando dije: “estoy cansada de escribir”. Lo decía en serio. Las articulaciones de mis dedos me dolían después de un día laboral cualquiera e inventarme cualquier cosa para llenar las páginas blancas me daba fatiga, por eso tomé la oportunidad que me daba la vida para dejar de hacerlo. Pero, tan pronto como lo vi perdido, más lo valoré. Me acordé de lo mucho que lo disfrutaba y de lo bien que lo pasaba. Quizá sólo tenía que experimentar la pérdida para continuar y con más fuerza:
“No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora…
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!”
2. Con el tiempo, la tierra del origen se transforma en un sitio más cercano a la ilusión que a la realidad. De pronto, los últimos meses, recordé que el origen era más brillante: hacer entrevistas, escribir en vivo, tomar apuntes, proponer temas, salir y comerme el mundo; resumir, anotar, investigar, denunciar, y volver a empezar. Pocas cosas me hacían tan feliz, no sentía nunca que estuviera trabajando y creo que ese es el punto para sentirse en la vida menos infelices que el resto. “No puedo admitir la verdad como inferencia de la consistencia”. La consistencia es pues, para mí, que lo que uno sienta, esté directamente relacionado con lo que uno piensa, por lo tanto, con lo que uno hace en el día a día, esa es la verdad y ahí hay que permanecer estoicos.
3. El lugar común de las paralelas que se encuentran en el infinito tiene una larga historia. No es fácil descubrir una solución cuando no se ve el problema, mucho menos cuando se está en él, pues todo resulta intenso y hasta irresoluble, quizá hasta imposible. Tampoco es fácil reconocerla si aparece donde no era de esperarse. Es decir, la historia de la ciencia está llena de reconocimientos tardíos, de precursores inesperados… como la vida. Uno tiene que volver a su línea paralela que camina sola, pues no tiene que encontrarse con nadie (ni con nada) para seguir su camino infinito…
4. Prefiero la voz baja, el tono de quien conversa y hace una pausa para que intervenga el otro. No disfruto de los gritos, ni del protagonismo. Tampoco de ser el primero en advertir algo, prefiero la voz baja; me he encontrado en la vida con tantas personas que se pierden en las ilusiones del poder o la fama que se transforman en monstruos indelebles: no quiero. No me interesa eso que llaman “liderazgo”, que siempre está disfrazado de tantos males condenables como la avaricia, la presunción y la egolatría; no me interesa eso otro que llaman “poder”, pues está lleno de pesadillas y responsabilidades de otros. Me interesa el otro sin máscaras (muy difícil de conocerlo si uno se pone en el papel de jefe, superior u observador que juzga), me interesa escuchar y la cooperación genuina, no por conveniencia o lambisconería. Prefiero la voz baja, el tono de quien conversa. El trato entre iguales.
“Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Océano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:
tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.
Qué saben de lo eterno las esferas?
de las borrascas de la mar, las gotas?
de puñetazos, las falanges rotas?
de harina y pan, las pajas de las eras?…
¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas!”
5. Asumo el fracaso como un triunfo secreto. Me equivoqué, pero asumo el fracaso como un triunfo secreto. En el camino me encontré con herramientas valiosísimas para lo que de verdad me apasiona, me encontré con un mundo de más anchas dimensiones y descubrí la ambición de lo perfecto. Descubrí que uno no aprende nada en vano: todo sirve, además, gracias a mis “errores” descubrí a personas fuera de serie, pero es momento de retomar el camino.
6. Reconocer es un palíndromo, como mi nombre, se puede leer de ida y de vuelta y siempre se encontrará la misma palabra. Reconocer que me equivoqué puede ser el camino de ida, ahora viene el de vuelta: ir por lo que me gusta asumiendo los costos extra.
“Nunca tendrá tiempo libre, en la medida que nunca tendrá tiempo esclavo. Tendrá un sólo tiempo porque al reconocer al oficio como una forma de vida, reconocerá que el trabajo es deber y placer, es realización plena. A diferencia de otros oficios, la comunicación integra al profesional de ella, nunca lo desintegra y lo mantiene, valga el aparente absurdo, vivo en vida…”
¡MOLTO PIU AVANTI!
“So many people live within unhappy circumstances and yet will not take the initiative to change their situation because they are conditioned to a life of security, conformity, and conservatism, all of which may appear to give one peace of mind, but in reality nothing is more damaging to the adventurous spirit within a man than a secure future. The very basic core of a man’s living spirit is his passion for adventure. The joy of life comes from our encounters with new experiences, and hence there is no greater joy than to have an endlessly changing horizon, for each day to have a new and different sun.”
-Chris “Alexander Supertramp” McCandless, in a letter to Ronald A. Franz in Into the Wild by Jon Krakauer
beautiful pictures taken by akfirebug
April’s favorite beauty products all spelled out and linked to on Paperclipmag.com. (Easy since it’s all Mary Kay!) 📷 by Aaron Dougherty
glamoxury xx
Tᑌᗰᗷᒪᖇ/IG: GᒪᗩᗰᘔYᕼEᗩᖇT
fav matte lipstick 🎂💕
-bvddies-
glamoxury xx
cosmetics ❣️