Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya todos están embriagados, el inferior. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora. En estas palabras son dignos de atención ocho puntos. En primer lugar: las causas eficientes de este mundo no son para sus efectos causas del ser, sino solo del devenir, y tampoco son causas del ser o del devenir sin más, sino (solo) causa de este o aquel hecho particular. Por eso, los efectos persisten en el ser después de haber sido producidos, aun cuando sus causas ya no existan. Pero como Dios es para las cosas creadas la causa del ser sin restricción alguna –«creó todas las cosas para que fueran» (Sab 1,14)–, las pone en el ser de tal modo que sin su conservación no pueden subsistir. (...) el hombre sirve primero el buen vino y después el inferior; pues (también el vino) se hunde en la nada, ya que no puede ser conservado por la fuerza de su causa inmediata.
—Meister Eckhart, Comentario al Evangelio de San Juan (capítulo segundo). Traducción de Rafael Antúñez Arce.
Salud, vecinos 🍷












