"No era una vida..." He escuchado esto tantas veces, y hasta lo he dicho en carne propia. Que fácil es hablar sin saber, sin sentir. El pasado 13 de febrero me realizaron un aborto a las 7 semanas de embarazo. Descubrí el embarazo a las 5. Tomé la decisión por varias razones, pero mayoritariamente porque no tengo los recursos para tener y criar a un hijo. En ese momento se me vinieron a la cabeza esas palabras: no es una vida todavía... Pero que lejos de la realidad que estaba. Desde el momento que se concibe es una vida, cada semana que pasa es una vida que crece. Yo decidí sobre mi cuerpo con total libertad, y que agradecida me siento por haber tenido esa posibilidad. Pero no puedo aceptar que se difundan y se utilicen esas palabras a la ligera. Por que desde el momento que yo noté que había un ser creciendo dentro de mí, para mí fue vida. De repente no me sentía sola, acariciaba mi estómago inconscientemente, lo protegía con mis manos cuando notaba que alguien se acercaba bruscamente a mi... Y cuando se fue, como yo decidí que se fuera, me sentí vacía, una parte de mi murió ese día. No me arrepiento, prefiero vivir con el dolor y la culpa a haber traído a un pobre niño a sufrir a este mundo . Pero fue una vida, fue mi bebé de 7 semanas, y cuando el día del aborto me hicieron un ultrasonido y lo vi, lo supe más que nunca. El aborto no es un tema sencillo, y sin embargo todo el mundo opina sobre él. Defendiendo su punto de pro vida o pro aborto. Pero de tanta polémica los argumentos empiezan a carecer de empatía y se repiten de boca en boca como robots, sin entender el significado emocional que implica. Un embrión, feto, zygoto, bebé llámenlo como quieran, de 1 semana es vida. Para una madre es vida. Para mí fue vida...














