Sobre Venezuela y otras democracias
Hubo elecciones en los últimos días en Venezuela. Algo que ya había ocurrido el año pasado, y esta vez igual que la anterior, había expectativas sobre la posibilidad de un cambio en el signo político de los vencedores. O al menos yo percibí ese tipo de expectativas. No obstante, quizás acostumbrado a lo que suele resultar de esas esperanzas, debo decir que mi postura al respecto era más bien cercana al agnosticismo.
Bien es cierto que Hugo Chávez el totémico guía de ese autodenominado socialismo bolivariano, ha pasado a mejor vida. Y que el designado como heredero, realiza algunas declaraciones cuanto menos chocantes en alguien que se supone serio, como el hecho de establecer comunicaciones con pájaros poseídos por espíritus. Y sí, también es perceptible el ansia que tenía este heredero por canalizar hacia sí la devoción que le profesaban al ex-presidente sus partidarios. Todo esto, a mí mismo también me ha hecho pensar por momentos que quizá ahora todo esto motivaría un cambio de tendencia. Pero, a la hora de la verdad, no hubiera puesto la mano en el fuego porque algo así pasara.
Al fin y al cabo, y aunque se podría decir que el fallecido líder bolivariano tendía al populismo unipersonal, lo que podría hacer pensar que con su desaparición se desvanecería toda la estructura y jerarquía que se había creado a su alrededor, también es cierto que su discurso se ha implantado desde hace ya tiempo, con cierto éxito, como se puede ir comprobando en más países de Sudamérica. Y es un tipo de discurso que yo diría, tiende a generar polarización entre unos y otros, que lleva a ese "conmigo o contra mí" y que aunque se pierda a un líder, rápidamente aparece otro para continuar con el cometido, y por supuesto, se tiende a preferir al heredero, antes que a "los otros". Antes muerto.. Y a mí, la verdad que esto me empieza a resultar familiar. Luego, además en Venezuela, la honestidad y la legitimidad de los resultados, quizá pueda ser puesto en duda, al menos un poco más que en otros sitios.
Por otra parte, nunca nadie, y tampoco yo, Dios me libre, debería caer en el error de subirse a un pedestal, y creer que sabe mejor que nadie lo que conviene a los demás. Si alguien como Chávez o su sucesor despierta tanta simpatía en tanta gente, es simplemente porque eso, para ellos, al menos según su percepción es lo que más les conviene. Insisto en que ciertamente se pueden albergar sospechas en los resultados exactos de las elecciones, en que algunos votos "se pierdan", y ese tipo de situaciones. Pero en unos resultados en los que el vencedor lo hace por menos de 300000 votos en un censo de unos 15000000, uno puede asumir que incluso aunque el nombre del vencedor variara hacia uno u otro lado, la opinión o el voto en general, está dividido. De esto yo extraigo que en Venezuela hay más o menos tanta gente que apoya al sucesor de Chávez como a su adversario político. Por más increíble que le parezca a alguien, o le pese a quien le pese.
Esto, que es totalmente plausible, y bastante normal. A mí al menos me da la sensación de que mucha gente no lo admite como posible. Siendo esa tendencia y opción política algo que muchos rechazan, al mismo tiempo son incapaces de concebir que la gente pueda optar de manera legítima por esa ideología. Y esto, me produce de nuevo sensaciones familiares.
No es extraño, también a este lado del océano, encontrar en estos tiempos opiniones de incredulidad respecto a cómo ciertas personas son capaces de votar por ciertas opciones, partidos o políticos. Ocurre por ejemplo en España, donde existe gente que no es capaz de entender como sigue respaldando a los partidos mayoritarios, con mayoría más que absoluta en votos, que también mayoritariamente generan listas de imputados en sus filas, y copan páginas de escándalos de corrupción. Ocurre también en Italia, donde nadie hubiera creído que Berlusconi obtuviera un respaldo considerable, siendo un personaje cuya reputación no puede caer mucho más bajo. Y así podríamos seguir. Sin olvidar, que en la mayoría de estos casos, todos los escándalos que dañan la reputación son de dominio público, en sociedades en las que, si uno quiere, puede hacerse una idea de lo que ocurre (solo una idea, porque lamentablemente, el periodismo, o los periódicos y periodistas, son ya en muchos casos, incapaces de ofrecer información pura)
Por ir cerrando, solo se me ocurre concluir que estos son elementos de las democracias tal y como las conocemos (y por supuesto con distintas adaptaciones). Seguramente el sistema de gobierno menos malo que conoce el hombre, pero no por ello necesariamente bueno. Es la dictadura de la mayoría, y esto, en determinadas circunstancias, y según para quienes, puede ser un verdadero sufrimiento













