¿Quién podía ser a esa hora? Bueno, quizá ya no era tan temprano o eso supuso cuando los rayos de sol le golpearon de lleno al entrar a la sala de estar, necesitaban cortinas más gruesas. Suspiró y abrió la puerta, mostrando la sonrisa más alegre que tenía cuando había trabajado hasta tan tarde la noche anterior. — ¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?—preguntó, mirando a aquel que había tocado la puerta.
Un vehículo sospechoso, esas eran las palabras que usaban los oficiales de tránsito para que su trabajo lo hicieran ellos, los militares. Como si no tuviera mejores cosas que hacer como dirigir a unos soldados en Iraq o Afganistán. Meneando la cabeza inspeccionó el lugar y una a una fue a las puertas de los vecinos. Tocó una puerta más y esperó una vez más, cuadrándose de hombros cuando la señorita salió del interior del hogar--Buenos días, disculpe las molestias. Estamos buscando al dueño de este carro--Le enseñó la foto, con un discurso memorizado--¿Lo reconoce o nos podría decir de quién es?














