De profesión: actor
Quienes le gustan actuar en escenarios grandes saben que afrontan un gran desafío, pero hay quienes piensan que lo hacen por diversión. En este reportaje, usted descubrirá por qué el teatro es catalogado como una verdadera carrera profesional.
Por:
Eduardo Aguilar Peña
Diana Romero Izquierdo
Primera llamada. Los actores se preparan para entrar al atrio, mientras el público busca las mejores butacas para ver el escenario.
Segunda llamada. Los actores dan sus arengas para subir al escenario. Los minutos pasan y el público se prepara para ver la dramatización de la obra.
Tercera llamada. Las personas -con trago en mano y charlas a medias- se apresuran a tomar sus asientos. La función está a punto de comenzar. Las luces se encienden y aparecen los actores para el desarrollo de la obra.
Es jueves por la noche, y en medio de la oscuridad se puede ver el escenario lleno de cajas forradas con periódicos, un armario con el espejo roto y un reloj gigante que determina la hora final. Las luces se encienden y empieza la obra. En ese momento, aparece Sergio Ota, actor egresado de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD), quien interpreta a Lisandro, un joven vestido con un pantalón y camisón rayado, botines negros, una corbata roja arrugada y con los pelos parados. El público observa con atención mientras exclamaba:
“No tener un nombre, no tener una posición en esta vida o en esta muerte, estoy en un cuarto de 7x7 metros y medido con una wincha profesional, me tocó representar a todos ustedes”.
Así como él, son muchos los actores que participan en diversas dramatizaciones de reconocidas obras de acuerdo al género en el que se da. Drama, comedia, suspenso, romántico,... en fin. Una variedad que de seguro a usted le daría mucha risa, o a lo mejor, se le escapa una lágrima.
Sin embargo, hay jóvenes que desde muy pequeños sueñan con ser actor. No necesariamente un galán como suelen haber en conocidas telenovelas. Sino un actor que se comprometa a brindar la mejor expresión artística y que cautive al público. No obstante, hay quienes piensan que participar en talleres de expresión artística es como un hobby y no como un curso cualquiera.
Ota nos cuenta lo siguiente: “Desde muy jóven siempre me he apasionado por participar en teatro. Me tuve que enfrentar a mi propia familia. Al principio se negaron a ayudarme, pero luego me comprendieron y seguí mi camino. Tuve que gastar mi dinero de la matrícula del 5to ciclo de Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín para pagar la inscripción al examen de admisión en la ENSAD, dejando la universidad a mitad de carrera”.
¿Por qué debemos estudiar teatro? Para la docente de la ENSAD, Guadalupe Vivanco, el estudiar teatro hace que el nivel de confianza y autoestima se dispara. “Estudiar teatro maneja profundamente tus emociones, controlas los nervios y disfrutas de la experiencia de mostrar tu talento frente al público”, señaló.
Otra razón por lo que debes estudiar teatro es cuando se interpreta a un personaje, ter permite moldearlo a tu manera. La creatividad se vuelca en esa persona imaginaria a quien puedes darle voz, gestos, pensamientos, una historia y una vida. No hay límites para la imaginación y la exploración, algo que solo la magia de actuar te permite ir descubriendo.
Si bien es cierto, el teatro ha logrado tener una mayor notoriedad y aceptación en la sociedad, sin embargo este público fiel es un tanto particular, y es que en su mayoría los que asisten a estos eventos teatrales, son personas con un mejor nivel económico. Basta con observar la cantidad de montajes y obras que hoy en día están a disposición de la población. Cabe la acotación que las distintas expresiones teatrales pueden desarrollarse y gestionarse desde el sector privado o el sector público. Sin embargo, la mayoría de puestas en escena normalmente se dan por parte del sector privado.
Estudiar teatro en un principio costará en un principio para el postulante. Pero cuando se practica verá que es la mejor válvula de escape para una mejor diversión. Ota recuerda lo difícil que fue cuando ingresó a la ENSAD: “Para ingresar tuve que pasar tres etapas, la primera es de conocimientos; la segunda es de aptitud artística, en la cual tres jurados observan el monólogo o diálogo no mayor a cinco minutos, evaluando la capacidad de resolución de la escena, toma de decisión y riesgo; la tercera etapa es una entrevista con los estudiantes”.
Para el reconocido dramaturgo Alonso Alegría, el egresado de Artes Escénicas tiene muchas más posibilidades y oportunidades de 'fabricarse su necesidad' que el egresado de un conservatorio de teatro en el que sólo estudia actuación. “Es más fácil ganarse la vida como músico generalista -que puede desempeñarse competentemente como director de orquesta, o si no como compositor, o puede ser como arreglista, o si no como sonidista, o acaso como copista de música, o si no, por fin, tocando el oboe”, comentó.
Conviven en la cartelera propuestas diversas, algunas pequeñas en inversión pero fuertes en contenido, otras con gran presupuesto y que privilegian el espectáculo. Pero también el mayor entusiasmo por estrenar, entre aquellos que no tienen un teatro propio, hace que las temporadas duren menos tiempo. Las temporadas que duraban de 8 a 10 semanas son menos frecuentes. Las funciones de ahora van por un mes, por uno o dos días a la semana o por solo una e irrepetible vez.
El teatro encuentra su momento pleno frente a un público presente adquiere mayor relevancia cuando el realizador teatral, más allá de ver al público como un soporte financiero, lo concibe como un interlocutor que complementa y activa la proposición dramática subyacente en la puesta en escena.
Para la realización de una obra teatral en el sentido nato del término, se requiere de la presencia física de un público que participa activamente, comprendiendo e incorporando lo observado. De ahí la importancia de los espectadores como parte fundamental de la representación teatral. Como bien señala el sociólogo del arte Jean Duvignaud, el teatro se encuentra involucrado con las experiencias que nutren la vida social y es quizá el arte más sensible a ellas. En este, la obra no sólo implica una relación entre un lector y un texto, sino que va más allá y busca enfrentar dos figuras cinéticas: la representación y el espectador. De modo que en este encuentro no sólo encontramos un factor estético, sino también una realidad viviente.
“Mucho es lo que se aprende en clase, pero es el triple lo que se aprende al trabajar como asistente, al ver a un profesional aplicar -o quizás dejar de lado--lo que uno ha aprendido en clase. La consigna es no despreciar ninguna oportunidad para trabajar en teatro, considerar que es una inmensa suerte estar vendiendo boletos o recogiéndolos, sencillamente porque son boletos de teatro”, sostiene Alegría.
Todas las escuelas de teatro siempre están preocupados por el desarrollo del alumno, por renovar, debatir y desarrollar nuevas formas de trabajo, de investigación para la escena. Si bien antes se postulaban 30 e ingresaban 8; ahora, con este crecimiento económico, postulan 100 e ingresan 40. “Cuánto más alumnos ingresan, hay más posibilidades de formar nuevos actores”, señaló Vivanco. El mercado del teatro ha crecido, ya no es más una pesadilla para los padres, dejó de ser un hobbie ante los ojos de la sociedad, para convertirse en una carrera profesional.
Lima, una ciudad que alberga miles de pobladores con sus alrededores que encierran miles de historias por contar, donde se escucha más la bocina de un carro que las risas, el enojo, los llantos, los gritos, ya sea de amor, engaño, tristeza, etc. Realidades que merecen un lugar para ser contadas. En un país donde la farándula tiene más vitrina que la cultura, en donde es más importante la portada de un diario chicha, que la agenda de un centro cultural, así es la Lima, una ciudad en donde también existen numerosos elencos de teatro que interpretan la vida misma sobre las tablas.
En los últimos años el teatro peruano ha crecido con propuestas diversas y originales, pero el público no ha crecido al mismo ritmo. Si bien es cierto, el teatro ha logrado tener una mayor notoriedad y aceptación en la sociedad, sin embargo este público fiel es un tanto particular, y es que en su mayoría los que asisten a estos eventos teatrales, son personas con un mejor nivel económico.
Así como Ota, hay otras jóvenes promesas que viven de su carrera, para él las tablas de un escenario es como pisar una iglesia, es sagrado. No importa el lugar donde aprendas. El teatro es el verdadero paraíso.









