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@eileenvidler-blog
El monstruo de lago Ness.. - Negó, riendo entre dientes - ¿No has escuchado de un tipo de aquaman que secuestra campistas? - Bromeó sin caso - Bien, tienes razón. Debo trabajar en eso todavía. Pero aún es peligroso sin supervisión ¿Qué me asegura que sabes nadar? Venga, vamos a hacer las actividades - Sonrió complaciente.
— No estaría aquí si fuera cierto. —sacudió un poco la cabeza, siendo razonable pese a que era un simple chiste. Los momentos en plena soledad eran apreciados por la blonda, por lo que un bufido escapó de sus labios. — Te lo asegura la ficha medica que tuve que rellenar, y sé nadar. — aclaró con la mirada en el agua mientras seguía muy cómoda, sin planes de levantarse o hacerle caso.
“¡Ey.. tú, sí, aléjate del muell..! De acuerdo, haz lo que se te de la gana…” Intentó señalarle, pero terminó rindiéndose al notar que no tenía caso con el campista. Se suponía que debía coordinar la actividad del día pero le era imposible, la mayoría era mayor que él y lo tomaban por un menor. “ No tiene caso.” Rascó su mentón con un deje de frustración, debía ser más rígido si quería que le tomaran en serio. “¿En serio tengo tanta cara de crío?” Le cuestionó a uno de los campistas, algo decepcionado ya que no quería llegar a ser rígido ni tampoco hacer incómoda la situación para ambos lados.
— Es solo agua, eh. — advirtió encogiéndose de hombros mientras se sentaba sobre la madera, sus pies apenas rozaban contra las inexistentes olas. — El monstruo del lago Ness no va a salir a comerme. — bromeó, viendo el perfil del coordinador y pataleando el agua. — Y no, no es tu cara de crío, es tu sobre protección, supongo.
“amo a eileen sdksldjflsdjfljdf”. —anónimo.
a moodboard: Leó & Eileen.
“ Mierda que te perdono, chiqui.” “ Vale, de hecho, de saber que eras tú, hubiera seguido de largo.”
Pasando de la manera más casual por los pastizales del campamento, escuchó una voz que, aparentemente, iba dirigida hacia él. No se dio el trabajo de mirar a la fémina, sino que se acercó para sentarse a su lado y tomar la guitarra que cautelosamente custodiaba. —Puedo intentarlo,— ¿Hace cuántos años no tocaba una guitarra? Más de diez. Sin embargo, los recuerdos afloraban al ser rescatados de su memoria; acomodó el instrumento sobre su regazo para comenzar a tocar las cuerdas con cuidado.
— Eres libre de hacerlo. — accedió al joven, aunque demasiado tarde, parecía saber lo que hacía, así que solo se dedico a observar con atención su trabajo. — Gracias. — dijo de forma rápida, ya que no lo quería desconcentrar de su trabajo.
Se encogió ligeramente de hombros, haciendo una mueca con la boca. —La he interrumpido por cosas peores, —comentó casual, aunque no se trataba de una mentira. Eran varias las ocasiones que se pasaba por aquella casa durante su estadía en el campamento, incluso a veces más que en su propia cabaña. —Ya, ya, andando, —soltó, haciéndole una señal con la mano para que lo siguiera.
— Vale, vamos. — soltó rápidamente, siguiendo la silueta del joven. Jamás se había acercado a tal mansión, deambulando por el campamento logró verla de lejos pero siempre pensó que debía tener un gran sistema de seguridad y sería hasta peligroso pasar cerca de allí. — ¿Siempre sueles llevar invitados? — rompió el silencio tras unos minutos, esperando que no lo tome a mal o en doble sentido, era una simple curiosidad.
–Es una de mis muchas cualidades. Junto con la modestia,– dejó que una juguetona sonrisa se formara en sus labios, denotando el tinte bromista que sus palabras tenían. Con Eileen era fácil, sin embargo, el bromear, el simplemente ser. –¿No? Un día de éstos iré por la noche a tu cabaña, y tocaré fuera de tu ventana hasta que despiertes… O me lances un balde de agua fría, lo que pase primero,– prometió con un asentimiento de su cabeza, moviendo las clavijas del instrumentos y jalando de las cuerdas hasta que estuviesen afinadas. –¿Otra, eh? Tú nunca dejas de sorprenderme, Eily,– admitió con las oscuras cejas enarcadas, dedicándole a la neerlandesa una mirada que bien podría ser interpretada como orgullo. –Claro que quiero. ¿Cómo podría negarme a algo así? Siempre he pensado que tienes voz de cantante,– admitió, dando por terminado su trabajo de afinación y tendiéndole la guitarra de vuelta.
—Eres toda una caja de pandora, ¿eh? — canturreó sin busca de respuestas, era una simple observación que siempre creyó, pero ahora se confirmaba. Pese a ese misterio, la joven sentía que lo conocía del todo y podía contar con él, tal vez era un error pero con el pasar del tiempo ese pensamiento desaparecía. — Las del balde agua serían mis compañeras de cabañas, por mi parte hacer semejante maldad...no esta en mis planes. — le comentó como si el joven de verdad planeara estar como todo un Romeo en su ventana, pero las ideas descabelladas encajan con él. Tomó la guitarra, tocando alguna que otra cuerda para verificar el trabajo del joven.—¿Quieres alguna canción en especial o improviso? — inquirió, sintiendo cierto nerviosismo por cantar delante de él.
Soltó un bufido ante la gran impotencia sentida por no poder ayudar a la chica, cruzándose levemente de brazos mientras pensaba en una alternativa. —¿Qué tal otra guitarra?— sugirió, siendo aquello lo primero que pasó por su mente. —Al menos puedes practicar con otra hasta que encuentres a alguien apto para afinarla.— justificó, ofreciéndole una pequeña sonrisa de aliento.
— Suena bien, — admitió luego de pensarlo un par de veces. — supongo que iré cuando se oculte más el sol. — para la joven no tenía sentido volver hasta allí para morirse de calor, y menos volver. Aprovecharía lo que queda de la tarde para buscar a una persona que sepa de guitarra o practicar, la fatiga era más grande que sus caminar bajo los rayos de sol. —Así que lo haré, gracias. — expresó con un leve mohín de alegría.
— ¿Y que hay del proceso inverso? — Continuó interrogante, porque si bien más que capaz era en afinar el gran instrumento mencionado, no creía poder lograrlo con los desconocidos sonidos de una guitarra. — Oh, por favor. — Bufó, rodando los ojos. — Si sabes exactamente como deben sonar, simplemente hazlo. No creo que vayas a romperla. — Animó a la otra a realizar el cometido. Y es que, además, difícil sería encontrar a otra persona capaz de afinarla en un corto periodo de tiempo.
—No lo sé, mis conocimientos son básicos. — explico, mirando a la guitarra con atención y luego elevo la mirada hacía ella. — Si supiera más no estaría aquí.— encogió de forma rápida los hombros, sonando jovial y despreocupada. — Claro, pero sería la misma nada, prefiero prevenir antes que lamentar. — no era fanática de los primeros intentos al azar, no le iba muy bien y tampoco era la mejor oportunidad para tratar de hacerlo. —Encontraré a alguien para que me ayude, es decir, ¿para que está el salón de música? — finalizo, de forma irónica, todavía no había encontrado la persona indicada para recibir ayuda.
Apenas reconoció la menuda silueta de la bien conocida campista, se acercó, sin poder evitar que una sonrisa se marcara en sus facciones al percatarse del instrumento que sostenía entre sus manos. –La guitarra es casi de tu tamaño,– comentó con un claro tono bromista, no permitiéndose el dejar pasar una oportunidad como ésa de hacer referencia a la diferencia de estatura entre él y Eileen. Y lo dijo con un tono que evidenciaba el cariño que guardaba hacia la neerlandesa. –Sabes que sí,– la pregunta inicial fue respondida entonces, mientras el inglés tomaba el instrumento y se disponía a hacer lo dicho. –¿Decidiste darle una oportunidad a tus habilidades musicales?–
—Muy gracioso, eh? — una de sus finas cejas se alzó, en realidad no le molestaba, sabía que era una simple observación así que no encontraba razón alguna para enojarse, simplemente fingía. —Gracias, no sabía que tocabas. — admitió, aunque Caspar parecía una persona con dotes musicales y ahora lo confirmaba. No veía su silueta hace varios días, así que una efímera sonrisa se asomaba entre sus facciones.— Otra oportunidad, mejor dicho. — corrigió, observando con atención como afinaba la guitarra. —Después de afinarla puedo cantarte, ¿quieres?