Arrancaré del calendario los meses de abril y mayo,
para formar con ellos un sin fin de inefables sentimientos, para que no existan más,
excepto como un peso sobre mi corazón, de días truncos,
semejantes a mariposas nocturnas,
con las alas quemadas, incapaces de emprender el vuelo.
Descendiendo a la ansiada libertad, desplegándose
de todas las restricciones;
de las horas, de la rutina de los días,
de estar aquí y después allá, hasta estremecerme de emoción
Y al amanecer... me levantaré,
saldré por la puerta estrecha e iré a pasear por el campo.
Veré a las golondrinas rozar la hierba. Me dejaré caer sobre la tierra húmeda,
y junto al río contemplaré a los pececillos deslizándose entre las cañas.
Las agujas de los pinos dejarán sus huellas en las palmas de mis manos.
Así podré entre abrir y examinar de cerca esto que ha crecido dentro de mí,
durante primaveras y veranos.
Anhelando las noches de éxtasis en mi habitación,
para extender sobre ella mis posesiones,
y volver por las avenidas temblorosas salpicadas de rocío,
con las ventanas ciegas por las cortinas que las cubren.
Subir a mi morada y pasar revista a mis tesoros cuidadosamente guardados en el armario,
que no ocupas mis pensamientos desde aquel día,
y que te llevaste... mi desvelado amor cautivo.