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¿Qué es eso? —señaló con su cabeza al animal entre los brazos de la rubia, ignorando las disculpas que salieron de los labios ajenos tras haber colisionado contra ella—. ¿Es un gato? —preguntó, alzando su vista a la muchacha, sin expresión alguna en su rostro—. ¿Por qué tienes un gato? Ni pienses en llevarlo a la casa.
Abrió la boca varias veces para responderle, aunque la rubia la interrumpió en cada ocasión. Una vez Muse terminó de hablar Fawn inspiró profundamente, preparándose para darle una larga charla sobre lo importante que eran para ella los pequeños felinos y lo bueno que sería para ellas el tener una mascota, aunque a último momento decidió comentarle otra cosa—. Se llama Muse. —Dijo, con una brillante sonrisa—. Como tú. Y no tendrás que verla, estará siempre en mi cuarto y yo me ocupo de ella, ¿sí? Por favor, te prometo que no te molestará jamás.
Menos sensible —espetó, escupiendo la goma de mascar que tenía en su boca para después sacar una cajetilla de cigarros que tenía en el bolsillo de su pantalón. Se llevó un cigarrillo a su boca y lo prendió con su encendedor después de varios intentos fallidos. Le dio una calada y, por primera vez en la noche, se volteó a ver a Fawn, con una expresión no tan amigable en su rostro. Ahora se encontraba parada en el medio de la calle, con sus brazos cruzados y su cigarro entre sus labios, siendo iluminada por la poca luz de un farol que había encima de ella. Sabía que Fawn tenía razón, pero Muse jamás admitía haberse confundido y menos lo haría con ella—. Sigue caminando. Anda ya antes de que te arrastre de los pelos hasta la casa.
Se quedó en silencio, parada en su lugar de brazos cruzados y sin mirar a su líder--. No. --Escupió, ahora sí levantando la vista y observando a Muse con el ceño fruncido--. No, hasta que admitas que te equivocaste... --Y sabía que lo que diría ahora no sería aceptado, y sabía que Muse se enojaría y le tiraría otro discurso sobre la ética de las pandillas, pero no pudo evitarlo--. ...Y vayas a disculparte con la niña. --Añadió, y una vez que comenzó a bajarle la adrenalina se sintió empequeñecer--.
Eres... el gatito más precioso que he visto jamás. --Le sonrió al animalillo que llevaba en brazos, una criatura flacucha con cabello sucio blanco y naranja y grandes ojos que no se decidían entre miel y verde--. Ahora te llamas Muse, y te alimentaré, y te bañaré, y te cuidaré, y... --Se vió interrumpida al chocarse contra otra persona, y tanto ella como el gatito gimieron de dolor. Abrazó a Muse contra ella y miró a la otra persona--. Lo lamento un montón, de verdad... No te ví.
Compasión —murmuró por lo bajo, tratando de terminar la oración de la rubia, pero luego negó con su cabeza al escuchar aquella misma palabra salir de los labios ajenos—. Pedirme que sea compasiva es lo mismo que pedirle a Destiny que no sea puta: imposible —encogió uno de sus hombros e hizo una pequeña mueca, totalmente desinteresada en seguir hablando de aquel tema—. Yo me metí en esta vida a su edad, si realmente quiere pertenecer a una pandilla deberá saber a qué se enfrenta. Le hice un favor.
Y sería lo mismo que pedirme a mí que sea… ¿qué? —Preguntó, curiosa, observando a la otra chica. Estaba a punto de añadir algo más cuando oyó su último comentario. Se mordió la mejilla, aunque no podía evitar lo que seguiría—. ¡No todo el mundo es como tú, Muse!—Exclamó, olvidándose, por un momento, de que estaban en la calle—. Todos tienen una familia distinta y una vida diferente, y no es culpa de esa niña que tú lo hayas tenido difícil. No llegas a nada desquitándote con cualquier persona que cruzas, y, honestamente, a veces eres peor que un niño renegón. —Masculló luego, con el ceño fruncido y mirando a sus pies. Sabía que recibiría gritos, o algún golpe, pero no se disculparía. Al fin y al cabo, Muse sí estaba siendo exagerada. Bueno, más de lo usual—.
Fawn —llamó a la rubia con un tono de voz autoritario, pero sin detener su paso. Dejó que la chica tomara su mano sólo por lastima; porque no quería espantarla, Muse sabía que tenía potencial y la necesitaba en su pandilla. Negó con su cabeza ante la pregunta de la joven—. Nunca se hes demasiado dura en ésto. Además fui muy considerada. La dejé con vida, ¿o no?
Tragó con fuerza, asintiendo a regañadientes--. Aún así creo que podrías haber tenido más... ¿cómo era la palabra? --Se quedó pensando unos instantes, y pegó un pequeño salto cuando la recordó--. Compasión. Deberías haber sido un poco más compasiva. --Le sonrió a su líder, aunque al ver que la otra chica miraba al frente sin prestarle atención las esquinas de su boca cayeron--. No tenía ni quince años, era una niña.
Que no, que no puedes pertenecer a mi pandilla —masculló, explotando el globo que había hecho con su goma de mascar entre sus dientes mientras que, en una de sus manos, daba vueltas un bate de béisbol. Miró a la pelirroja que tenía enfrente, ya cansada de que le estuviese preguntando tantas veces lo mismo, y, antes de que la contraria pudiera pensarlo, Muse le dio con el bate en las piernas—. Ya, cállate, joder. Harás que quiera darme la cabeza contra una pared. Mierda —se quejó, llevando una de sus manos a su frente e ignorando el llanto de dolor de aquella desconocida—. Te arrancaré la cabeza con mis propias manos si no te callas.
--Cerró con fuerza los otros al ver como se tensaba el brazo de Muse, sabiendo lo que sucedería a continuación, y no los abrió hasta que sintió el llanto desesperado de la pelirroja. La observó con pena y arrepentimiento por unos instantes--. L-Lo lamento muchísimo... --Musitó, bajando la cabeza, antes de dirigirse trotando hacia la rubia, tomando su mano libre entre las dos de ella--. Muse... ¿No te parece que fuiste muy dura? Podrías haberle quebrado las piernas...