Hace poco me enteré que Hugh Laurie, además de ser el actor de Dr. House, es un gran músico. Y que una vez vino con su banda a tocar la Argentina.
Me sorprendieron varias cosas del comienzo del show. Una por ejemplo es su forma de pedir silencio. En lugar de hacerlo verbalmente, se pasea por el escenario, relaja los brazos y cuando los aplausos empiezan a calmarse, se acerca al micrófono, abre la boca y mientras toma aliento para hablar, el público entiende que les está pidiendo su permiso y le regala el silencio y su atención.
Probablemente muchos no podemos dejar de ver en él al personaje de Dr. House. Lo que hace al abrir el show, a mi modesto entender, es una muy buena muestra de percepción y creatividad. Una forma de ser desde el otro que nos habla de ese gran artista que és.
Mientras preparaba la keynote para el asombroso AOC 2016 que compartimos, pensaba si lo que estaba armando podía hacerles sentido a los participantes. Si este experimento de contar historias haciendo magia podría servirles de alguna manera.
Algo interesante del mecanismo de inscripción, bautizado como san sarú, es que recolectaba 3 preguntas de los participantes:
¿Qué puedo aportar yo al evento?
¿Qué espero recibir del evento?
Contanos más sobre vos (ocupación, formación, empresa/institución, etc.)
Eso me propuso un lindo desafío por delante: como interpretar las 99 almas inscriptas. Pasé algunas tardes leyéndolos, acompañado de unos buenos mates, había cosas muy lindas. Pero en tanta información me perdía de lo grueso.
Así que hice una nube de tags de cada pregunta.
Dado que las experiencias parecían tan relevantes y que mi amiga Maria Thompson, en una sesión de coaching expresivo, me lo había recomendado también para generar empatía, me decidí por incorporar una experiencia personal al comienzo.
Tuve esa imagen dibujada en mi pizarra durante varias semanas. La veía todos los días, en un intento por ser desde el otro.
















