Hace 30 días terminé mi primer trabajo oficial. Me fue bien, conocí mucha gente de la que aprendí muchas cosas para mi vida laboral y personal.
Aprendí que es importante tener modelos a seguir y modelos a no seguir. Se preguntarán que es para mí un modelo a seguir, bueno, en el diccionario urbano de Fou y también de Alors (ven el chiste aquí - quisiera creer, pero soy una escéptica más) se hace referencia a una persona cuyo proyecto de vida nos inspira y mueve. Es todo o casi todo lo que esperamos ser algún día... Aunque seamos realistas, lo más probable es que nos desviemos completamente de los resultados arrojados por el experimento de modelación realizado con las condiciones iniciales establecidas y relacionadas a dicha persona, porque cuando aplicamos nuestras condiciones, sin importar si seguimos los mismos pasos, los resultados tendrán diferencias significativas uno del otro, porque enfrentemoslo, así es todo en la vida.
Por el contrario, existen modelos cuyos pasos no queremos (ni por error) seguir. Modelos que queremos (o me gustaría, personalmente) enterrar, quemar y jamás mirar, a menos que sea para recordarme que eso es algo en lo que nunca me gustaría convertir.
Un modelo a no seguir en particular, el cual encontré en mi trabajo, fue el de la chica de 26 años, con 1 año de casada, reformando la casa nueva que compró junto a su “esposito”. Esa chica desesperada porque llevaba 6 meses intentando quedar embarazada y nada de nada. La que, aunque trabaje, el esposo la mantiene (muy a mi pesar, como mi amada madre), y alardea de eso y de su perfecta vida marital (como mi amada madre), en donde sus suegros viven metidos en su casa, lavando trastes, limpiando la casa, y sin inmiscuirse en los asuntos de la pareja (supuestamente). En donde el hombre cocina (esto lo envidio, me gustaría saber cocinar más) y ella ni sabe para qué es la mantequilla; no que sea malo, pero cuando pelean, ¡no hay comida!. Y mejor aún, ella se jacta diciendo que su amado esposito jamás de los jamases la va a ver desarreglada en un fin de semana, y que, y cito, “vos crees que mi esposito va a llegar de trabajar un sábado y me va a encontrar en pijama, sin bañar y sin maquillaje... NUNCA... Es que yo me arreglo para mi esposito”. -entra al vacío del no entendimiento-.
Yo por mi parte pienso, bacano encontrar alguien que uno quiera, pero maldita sea, porque depender tan ciegamente de esa persona... Que estén casados no significa que el amor y la paciencia les va a durar para siempre... Además, QUIÉN RAYOS SE SIENTE FELIZ DE DECIR QUE SE ARREGLA PARA EL MARIDO. Si a mí, mi pareja no me conoce y no me quiere en las malas (en pijama, sin bañar y sin maquillarme-- o sea mi estado natural) que se joda y se largue, porque no me va a tener en la buenas. En este sentido siento lástima por el esposito... Está enamorado de una mentira.
¿Por qué mi compañera no se puede mostrar como es en frente de la persona con quién va a pasar “el resto de su vida”? ¿Cómo hace para mostrar su perfección en las mañanas cuando se levanta? Acaso ¡¿duerme maquillada?!
Varias dudas tengo al respecto.
Y lo mejor para el final, ¿cómo es posible que se regocije de felicidad al pensar que su vida está hecha porque a los 26 años tiene esposo, casa, carro, carrera y especialización? Y sólo le falte el niño... Un niño que va a crecer con las mismas convicciones y el mismo modelo a NO seguir...
Para mí ELLA es un claro ejemplo de lo que yo NO quiero ser en mi vida. Yo no quiero un esposito que me cocine y me mantenga. Que tenga que recibir regia a toda hora como esposa de los 50s. Que se desespera porque al primer año de casados no ha tenido su primogénito (un pensamiento medieval, si me preguntan) y que piensa que la vida académica culmina con una especialización.
Entiendo que todos tenemos diferentes prioridades en la vida. Para mí es mi carrera. Para ella su esposito. Eso está bien. Pero lo que yo no acepto, o lo que menos acepto de mi modelo a no seguir, es el hecho de que para ella está bien denigrar a otras personas por el hecho de no querer tener el mismo sueño de familia de mediados del siglo 20, sólo que con esposo que cocine en vez de ella.