Capables de respecter la tranquillité des autres, sauf pour aller se servir dans le frigo.
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Misplaced Lens Cap
TVSTRANGERTHINGS
DEAR READER

pixel skylines

❣ Chile in a Photography ❣
Peter Solarz
I'd rather be in outer space 🛸

No title available
Cosmic Funnies
Sweet Seals For You, Always
taylor price
No title available
Show & Tell
noise dept.
One Nice Bug Per Day
we're not kids anymore.
macklin celebrini has autism

titsay

Discoholic 🪩

seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Malaysia
seen from Türkiye

seen from United States
seen from United States

seen from France

seen from United Kingdom

seen from Türkiye
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from Germany

seen from Russia
seen from Türkiye
seen from Czechia
seen from Czechia
seen from Canada

seen from United States

seen from Canada
@laburlanegra-blog
Capables de respecter la tranquillité des autres, sauf pour aller se servir dans le frigo.
(vía https://www.youtube.com/watch?v=8jL0vy2YaDg)
Acabo de llegar a mi casa. Estaba en una fiesta a tomar por el culo. Me habían propuesto quedarme a dormir en casa de una amiga, pero me apetecía llegar a mi casa, a mi cama. No sé, no es tan raro. Me ha pedido un taxi. No podía pagarle con tarjeta, así que a medio camino me ha parado en un cajero. No sé por qué razón no he podido sacar dinero. Le he pagado la carrera hasta ahí, hasta el centro. Por curiosidad he vuelto a intentar sacar dinero...y esta vez ha funcionado, pero el taxi ya se había ido. Me ha dejado cerca de donde pasa el autobús de noche, así que he ido a mirar a qué hora pasaba, pero quedaba muchísimo para el siguiente. He ido mil veces desde ahí a pie hasta mi casa, no hay más de 20 o 25 minutos, así que me he echado a andar. A los dos minutos (o menos) me doy cuenta de que hay un tío siguiéndome. No puede ser. Qué paranoica. Boulevard ancho, aún queda gente por la calle. Cruzo de acera, y el tío detrás de mí. Sigo andando, me alcanza. Que si tengo papel. No. Que qué tal, que si ha estado bien la noche. Sí, muy bien, gracias. (a todo esto yo sigo sin mirarle, sin pararme, acelerando el paso). Que a dónde voy, que por qué voy sola, que le gustaría conocerme. Le digo que no quiero andarme con bobadas, que no tengo costumbre de hablar con gente que no conozco a las mil por la calle y que prefiero seguir con la costumbre, que buenas noches. Que si quiero un cigarro. Que no, que buenas noches. Decido pararme para dejarle pasar, y el tío, que había acomodado el paso al mío me rebasa, se da la vuelta y se queda plantado delante de mí, cerrándome el paso. Decido que mejor me doy la vuelta, aunque tenga que esperar cinco millones de años al autobús y no miro atrás. No he dado ni dos pasos cuando paso al lado de otro hombre, más mayor. Me hace un ruido (yo qué sé, una especie de beso baboso) y me echa la mano. Me zafo. Con los nervios no recuerdo bien qué dice. Le digo que ya vale, que si no le da vergüenza. Me sigue. Cruza la calle detrás de mí, que he acelerado el paso hacia el bus. Llego a la parada. Media hora para el próximo. Tengo hambre y el tío (el primero y el segundo) ha desaparecido. Decido dar la vuelta a la manzana. De camino, alguien dentro de un coche aparcado (en fin, un tío, aunque ni siquiera miro) me pita. Sigo andando. Sale del aparcamiento con el coche, me sigue. Va muy despacito por la carretera a mi lado dando acelerones. Giro. Encuentro un sitio abierto. Entro a comprarme un bocadillo, está lleno pero soy la única chica. Mientras hago cola un gilipollas intenta colarse. Arqueo la ceja y le miro fijamente, se da cuenta. El chico que está delante de mí me sonríe y me dice algo así como que menudo capullo. Le sonrío, más agobiada que otra cosa. El tío que está preparando los bocadillos de seis en seis es una máquina, en la tienda suena techno a tope. El chico de delante de mí le hace una broma sobre eso, me hace gracia y sonrío. Cuando llega el momento de pagar, el de delante dice que le cobre lo mío también. Le oigo. Oye, no, no, gracias, no nos conocemos de nada. En serio, no le cobres lo mío. Le miro antes de salir, le sonrío, le doy las gracias "quand même" y me voy deprisa. Cuando llevo cien metros andados y la boca llena giro la cabeza y el chico de la cola, el que ha querido pagarme el bocadillo, me está siguiendo. Y parecía majo, de verdad, un poco chavalín para mí, pero majo, pero de verdad que lo que menos necesito es que me sigan otra vez. Me da la risa porque algo me tiene que dar y la risa es lo más práctico. Oye mira, que no, que es tarde, venga, hasta luego. No, pero es que he tenido un "coup de foudre" contigo ahí dentro. No, no, en serio, que es muy tarde y me quiero ir a mi casa, lo siento. Si supiera decir en francés "no tengo el coño pa farolillos" es lo que hubiera dicho. Él me dice que no me roba mucho tiempo, me sonríe, y parece majo. Transochado pero simpático. Lo siento, lo siento. Me doy la vuelta y no miro si me sigue, si no, si vuelve a su casa, si hace un triple mortal. Llego a la parada del bus de antes. Sigo comiéndome el bocadillo, no han pasado ni cinco minutos. Un chaval cruza la acera directo a mí, no nos hemos visto en la vida, estoy sola, comiendo, es de noche. Que le de mi número. Oye mira, lo siento, no. Me giro y me voy hacia un grupo de chicos que también esperan el bus. Me siento allí. Estoy agobiada, agotada, cabreada, profundamente triste. Profundamente triste. En la parada de enfrente, donde espera un grupo de chicas (¡un grupo de chicas! ¡chicas!), un tarado mental llega y se pone a aporrear el cristal de la parada y a gritarles, y da patadas al cristal y anda en círculos alrededor de la parada dando golpes y patadas y puñetazos a los cristales de la parada donde están estas chicas que no le hacen ni caso pero seguro que están asustadas. Y llega el autobús y me siento sin mirar a nadie, intentando ser lo más discreta del mundo, llegar pronto a casa, lavarme este asco. Los chicos de delante me piden por favor que les avise de no sé qué parada pero yo no soy yo, soy un zombi. Y les aviso con la voz más neutra y más muerta que me he oído en tiempo. Y al bajar en mi parada (por Dios, por fin) la gente se dispersa, pero un chico va andando delante de mí en dirección a mi casa. Por favor, que no vaya a mi casa. Y TENGO MIEDO. Pero va a mi casa, saca las llaves, abre el portal. Y a mí se me descompone algo por dentro pensando en subir en el ascensor con él. Abre la puerta, ni nos miramos, bonsoir bonsoir, subo corriendo por las escaleras.
De verdad, al próximo hijo de la gran chingada que diga que el feminismo no sirve de nada, que misandria yo qué sé o alguna otra barbaridad, de verdad que con la hostia que le de con el puño americano con forma de gatito que me compre el lunes le dejo la dentadura nueva. En serio. No es justo que yo me sienta culpable y amenazada por ir sola por la calle. No es justo que me echen la mano. No es justo que me acosen. NO es un piropo ni halagador que me acosen. No es justo el miedo, no es justo que no pueda pararme a hablar con gente que quizá sí merezca la pena.
No suelo contar estas mierdas. No suelo contar mis mierdas. Viviendo en este país me ha pasado un millón de veces, pero esta de verdad...ras le bol.
Hola, basta de ir por la vida como héroes y reconozcamos que hay cosas que aunque sean estúpidas o de hija de puta, molan y te proporcionan la felicidad de quien es un simple mortal.
1. Romper cosas follando. Mobiliario o ropa, los polvos salvajes molan.
2. Que tu ex utilice con su pareja las...
Cette merveilleuse sensation de tout faire de travers.