"Los niños son inocentes y aman la justicia, mientras que la mayoría de nosotros somos malvados y por esa razón preferimos el perdón."
—G.K. Chesterton
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"Los niños son inocentes y aman la justicia, mientras que la mayoría de nosotros somos malvados y por esa razón preferimos el perdón."
—G.K. Chesterton
"Después de todo, es probable que las personas con talento creativo estén investidas de rasgos patológicos extremos de los que resulten intuiciones geniales, pero que al mismo tiempo les impidan llevar un estilo de vida estable en el caso de que no puedan transformar sus alteraciones psíquicas en una producción artística o filosófica significativa."
—In Search of the Miraculous, Theodore Roszak
“Erguido bajo el golpe en la porfía, me siento superior a la victoria. Tengo fe en mí; la adversidad podría, quitarme el triunfo, pero no la gloria."
—Díaz Mirón
"Todo se borrará en un segundo. El diccionario acumulado de la cuna hasta el lecho de muerte se eliminará. Llegará el silencio y no habrá palabras para decirlo. De la boca abierta no saldrá nada. Ni yo ni mí. La lengua seguirá poniendo el mundo en palabras. En las conversaciones en torno a una mesa familiar seremos tan solo un nombre, cada vez más sin rostro, hasta desaparecer en la masa anónima de una generación remota." —Annie Ernaux
«Yo creo ser, muchas veces, uno de los más jesuíticos perezosos de Italia. Duermo diez horas seguidas sin despertarme, sin soñar; me despierto con la cabeza pesada y la boca pastosa; salgo a la calle para no hacer nada; vuelvo a casa para descansar; como vorazmente, como un muchacho que se masturba todas las noches; sorbo una gran taza de café; fumo cinco o diez cigarrillos; me tumbo en una poltrona y extiendo las piernas una sobre otra; leo un periódico de pies a cabeza, como un pensionista achacoso; vuelvo a la calle para encontrarme con algún escéptico conocido, con el cual hago un poco de esgrima de ironía estúpida y amarga; entro en un café, engullo una taza de chocolate harinoso, como con disgusto tres o cuatro pastelillos de hojaldre o rellenos de sucias conservas de frutas; hojeo un haz de periódicos sobados y estropajeados, y casi sonrío al ver de pasada las caricaturas jocosamente coloreadas; vuelvo a la calle bajo la gran luz teatral de los focos eléctricos; sigo a una prostituta empolvada y encaminada como si fuese mi primer amor; entro en una librería para comprar con poco dinero libros sin cortar y que no leeré jamás; me detengo ante las tiendas de comestibles y contemplo los quesos untuosos y las latas de sardinas con apetito; voy a una casa donde me dan el té y me bebo cuatro tazas, esperando que me venga un poco de talento; o subo a un burdel si tengo gana y también si no la tengo —así, para matar los minutos y las horas, para no acordarme de lo que debo hacer y no hago, para embrutecerme, para envilecerme, para acallar el remordimiento, para amordazar la conciencia—. De vez en cuando, si no puedo hacer menos, escribo una o diez cartas para pensar más, para desembarazarme de todos, y alguna que otra noche, cuando me siento verdaderamente colmado e inconsolablemente melancólico, empuño mi gruesa pluma negra y escribo lo que se me desborda del alma; lleno de prisa diez, veinte, cuarenta carillas blancas con mis desahogos, con mis actos de contrición, con mis refinados e ingeniosos absurdos. ¿Pero qué queréis que salga de un hombre que vive entre el sueño y el café, entre la mesa y el lecho, holgazán y soñoliento, bueno solamente para tocar a diana, pero en cobarde fuga el día de la verdadera batalla?»
—Giovani Papini, Un hombre acabado
«La Ciudad», de Constantino Cavafis
«Creo en un tipo de cine que concede mayores posibilidades y más tiempo a su público. Un cine a medio crear, un cine inacabado que alcanza su plenitud gracias al espíritu creativo del espectador, dando así lugar a cientos de películas. Le pertenece a los miembros de ese público y corresponde a su propio mundo. El mundo de cada obra, de cada película, narra una nueva verdad. En la sala oscura, damos a todos la oportunidad de soñar y de expresar libremente su sueño. Si el arte logra cambiar las cosas y proponer nuevas ideas, solo puede hacerlo mediante la creatividad libre de aquellos a quienes nos dirigimos: cada individuo del público. Entre el mundo fabricado e ideal del artista y el de la persona a la que se dirige existe un vínculo sólido y permanente. El arte permite al individuo crear su verdad según sus propios deseos y criterios; también le permite rechazar otras verdades impuestas. El arte ofrece a cada artista y a su público la oportunidad de tener una visión más precisa de la verdad oculta detrás del dolor y la pasión que la gente común experimenta cada día. El compromiso de un cineasta con intentar transformar la vida cotidiana solo puede fructificar a través de la complicidad del público. Este último actúa únicamente si la película crea un mundo lleno de contradicciones y conflictos que el espectador pueda percibir. La fórmula es simple: existe un mundo que consideramos real, pero no completamente justo. Ese mundo no es fruto de nuestra mente y no nos acomoda del todo, pero mediante las técnicas cinematográficas creamos un mundo cien veces más real y más justo que el que nos rodea. Esto no significa que nuestro mundo ofrezca una imagen falsa de justicia, sino, por el contrario, que resalta mejor los contrastes que existen entre nuestro mundo ideal y el mundo real. En este mundo, hablamos de esperanza, tristeza y pasión. El cine es una ventana hacia nuestros sueños y, a través de ella, es más fácil reconocernos. Gracias al conocimiento y la pasión adquiridos así, transformamos la vida en beneficio de nuestros sueños. La butaca del cine brinda más ayuda que el diván del analista. Sentados en una butaca, quedamos entregados a nuestros propios medios, y quizá este sea el único lugar donde estamos tan unidos y, a la vez, tan distantes unos de otros: ese es el milagro del cine.»
—Abbas Kiarostami, 1995, An Unfinished Cinema
"Deseo —por poco gusto que tenga por el proselitismo— que el mayor número posible de mis amigos artistas o literatos, hoy en su mayoría absorbidos por una pasión puramente estética o enfrascados en querellas estériles de un grupo contra otro, hagan como yo: que viajen no como turistas (que es viajar sin corazón, sin ojos, sin oídos), sino como etnógrafos, de modo que lleguen a ser lo suficientemente humanos como para olvidar sus pequeñas manías de blancos y eso que imaginan ser su persona intelectual".
—Michel Leiris
"Por eso, no sólo se agradece por lo recibido sino que se agradece el hecho mismo de dar gracias. De ese modo nos hacemos merecedores de lo recibido. El agradecer es también un servicio que hacemos. Por eso servir no es ser útil, servir es ser agradecido. Por eso el servir no humilla y, por eso también, el trabajo es vivenciado como fiesta. En la fiesta no nos extraviamos sino nos encontramos, porque hacemos memoria de lo más sublime: nuestra existencia la vivimos gracias a un acto absoluto de donación: de la fuente de la vida proviene todo nuestro sustento y todo eso es pura generosidad."
—Rafael Bautista, Del mito del desarrollo al horizonte del vivir bien. ¿Por qué fracasa el socialismo en el largo siglo XX?
“En el éxtasis individualista la fiesta ya no es común [...] La desnaturalización de la fiesta acaba no sólo siendo fiesta de unos cuantos que ya no invitan a nadie más, sino que esos cuantos celebran la miseria de la humanidad toda".
—Rafael Bautista Segales
«La mayoría de los hombres, el rebaño, nunca han experimentado la soledad. Dejan a papá y mamá, pero sólo para gatear hasta una esposa y silenciosamente sucumbir a un nuevo calor y nuevos vínculos. Nunca están solos. Nunca se comunican con ellos mismos .Y cuando un hombre solitario cruza su camino, lo temen y lo odian como una plaga; ellos le tiran piedras y no encuentran paz hasta que estén lejos de él».
—Hermann Hesse, de Cartas Escogidas
“Amar y trabajar son los dos pilares freudianos de una elemental estabilidad subjetiva. Trabajar no es ganar dinero, sino sostener un interés. Y amar no es tener pareja, sino dar lo que no se tiene, lo cual implica, de alguna manera, dar”.
—Marcelo Barros
«Aprender otra vez a hablar. A los cincuenta y siete años aprender no un idioma nuevo, sino aprender de nuevo a hablar. Tirar por la borda los prejuicios, aunque al final no nos quede nada. Leer otra vez los grandes libros, no importa si los leímos o nunca los leímos. Escuchar a la gente sin dar consejos, sobre todo a la que nada tiene que enseñarnos. No reconocer jamás a la angustia como un medio para la realización. Combatir a la muerte sin proclamar el combate. En una palabra: valor y justicia». —Elias Canetti, La provincia del hombre
"Tuve un maestro que solía decir que la labor de una buena narrativa es la de confortar al perturbado y perturbar al confortable. Creo que gran parte del propósito de la ficción seria es la de otorgar al lector, que como todos nosotros se encuentra aislado en su propio cráneo, un acceso imaginativo a otros seres. Ya que una parte ineluctable de ser humano es el sufrimiento, parte de la razón por la que nosotros los humanos acudimos al arte es para una experiencia de sufrimiento, necesariamente una experiencia vicaria, más como una suerte de “generalización” del sufrimiento. ¿Tiene sentido esto? Todos sufrimos solos en el mundo real; la verdadera empatía es imposible. Pero si una pieza de ficción puede permitirnos identificarnos imaginativamente con el dolor de un personaje, podemos entonces más fácilmente concebir a otros que se identifican con el nuestro. Estro es sustantivo, redentor; nos sentimos menos solos en nuestro interior".
—David Foster Wallace
«Los años me han enseñado a apreciar la sabiduría de los cobardes y a desconfiar de la intolerancia de los héroes. Un hombre que cree en algo se vuelve rápidamente insoportable, mientras que un hombre que sólo tiene opiniones nos permite no tener ninguna o tener tantas y de todas las clases como queramos. Prefiero un alma vacía pero llena de dudas a una gran alma que no se apoye en una mente plagada de interrogantes. Cuando damos alas a nuestras esperanzas para que echen a volar lejos de nosotros, permanecemos afables, clementes y escépticos con la vida, cuyo encanto aniquilan los hombres que creen».
—Emil Cioran, Ventana a la Nada
“The reader and the author often fail to understand one another because the author knows his theme too well and almost finds it boring, so that he dispenses with the examples and illustrations of which he knows hundreds; the reader, however, is unfamiliar with the subject and can easily find it ill-established if examples and illustrations are withheld from him.”
— Friedrich Nietzsche, Human, All Too Human, 202
«Muchos de los jóvenes a los que he enseñado se encontraban en lo que llamaría un estado de hedonia depresiva. Usualmente, la depresión se caracteriza por la anhedonia, mientras que el cuadro al que me refiero no se constituye tanto por la incapacidad para sentir placer como por la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea buscar placer. Queda la sensación de que efectivamente «algo más hace falta», pero no se piensa que este disfrute misterioso y faltante solo podría encontrarse más allá del principio del placer. En buena medida, este fenómeno es consecuencia de la ambigua posición estructural de los estudiantes, que se divide entre su antiguo rol como sujetos de las instituciones disciplinarias y su nuevo estatus como consumidores de servicios.»