“He venido a decirte que no me rajo a quedarme esos días en los que no te soportes, en los que sientas que te odias, en los que de pronto caes en esa inexplicable tristeza. He venido a decirte que mis deseos por ti son verdaderamente elevados, hay un placer en lo nuestro más allá de los afectos corporales que nutre todos mis sentidos. Tengo que admitirlo, hay días en los que no me siento valiente, me derrumba la idea de creer que no tiene caso seguir, si es que me equivoco al menos dame sin capricho una señal de que te importo o ten honor de no tratarme indiferente.”
— La frontera del olvido, Quetzal Noah














