estancia no está desordenada, más bien organizada tal como lo está su mente, por secciones, cada una llena de conocimiento sobre temas completamente diversos y que a veces parece que no tengan relación en absoluto. “ claro. “ con mano derecha hace pequeño gesto para que se siente si quiere, pero cada cosa que hace se arrepiente casi de inmediato, demasiado nervioso como para actuar con la naturalidad que querría. “ puedes molestarme, no pasa nada. “ confiesa con una pequeña sonrisa, no le importa distraerse de su lectura si se trata de ella, además, encuentra imposible que algo que narcissa haga pueda llegar a molestarle. “ solo quiero leer unos capítulos de historia de antropología filosófica. “ más bien repasar, pues son cosas que ha leído en otros volúmenes más allá del entregado por docente de la asignatura, pero nunca rechaza refrescar memoria cuando se trata de sus estudios. durante un momento breve dirige la mirada a la cama, después vuelve a ella. “ podemos leer ahí, o… “ de repente teme haber dado un paso en falso, así que se retracta prácticamente de inmediato. “ o puedo leer en el escritorio, no pasa nada. “
accionar es silencioso en el momento en que pequeña sonrisa se cuela en labios y se sienta sobre colchón, dejándose caer con lentitud. ‘ entonces te molestaré todos los días. ’ bromea, cantarina risa escapando a la par, colocando propios libros sobre su regazo distraídamente acariciando las esquinas de los mismos, presencia contraria desata vorágine en su interior desde la aquella noche en italia. asiente, a pesar de su gusto por la lectura nunca se ha aventurado en el campo de la filosofía, pero es que siempre logra quedarse embelesada con sílabas que salen de labios impropios, acertadas, cultas, como si él tuviera todas las respuestas del mundo guardadas en psique, es algo que realmente admira, una de las cosas que más le gustan de su persona. ‘ ¿aquí? ’ interrogante que se escapa para asegurarse, mirada alternándose entre él y la cama. ‘ claro, claro. ven, siéntate aquí. ’ palmea superficie del colchón con visible emoción porque la simple idea de volver a tenerle tan cerca hace que se olvide de lecturas pendientes. ‘ ¿cabemos los dos, verdad? ’ ríe, se aparta unos centímetros de posición inicial para que tenga espacio a su lado y pega su espalda a la pared, dejándose caer. ‘ sino, puedes recostarte, uhm... aquí. ’ señala propio regazo lleno de libros que no duda en apartar al instante, le cuesta que anatomía no se guíe por nerviosismo que siente, que sílabas no sean fiel reflejo de lo mucho que ansía sentir cercanía de nuevo, es por eso que mejillas se tiñen sutilmente de carmín, temiendo que propuesta haya sido absurda. ‘ como quieras. ’