El amor es un equívoco: Zizek, Chaplin y la pretensión de cambiar a quien amamos
Es posible que muchos de nosotros estemos familiarizados con la idea de “cambiar al otro”. Por motivos que no es sencillo clarificar, en las relaciones amorosas (en su más amplio espectro) existe cierta tendencia a no aceptar del todo a una persona como es y, a cambio, emprender el intento o esfuerzo de cambiarla a como creemos que debería ser, o como creemos que nos gustaría que fuera. Su personalidad, su conducta, sus hábitos, sus ideas, su forma de ser y estar en el mundo. De un amigo quisiéramos que fuera más cortés, de una pareja que fuera más atenta, de un hijo que fuera más obediente, etc. Y esto en distintos grados: a veces se trata solo de un deseo superficial, sin consecuencias graves, un “nice-to-have”, por usar la expresión en inglés, sin embargo, a veces esta pretensión de cambiar al otro sí tiene efectos nocivos, tanto para la persona que la emprende como para la relación de amor en que esta ocurre.
¿Por qué sucede esto? En parte quizá sea posible decir que así es como funciona una de las etapas del amor. La fascinación inicial que sentimos por una persona cuando nos enamoramos, por ejemplo, es tal vez el momento de más engaño en el amor, aquel en el que la persona que ocupa ese lugar en ese momento parece ajustarse del todo a aquello que buscamos, queremos o creemos desear. Como en Les Amants, el cuadro de Magritte, las personas que “caen en el amor” de algún modo están enceguecidas por ese mismo enamoramiento, lo cual es una forma amable y hasta vagamente poética de decir que están enceguecidas por su narcisismo: enamorados, no vemos a la otra persona como es, sino como creemos que es porque así nos gustaría que fuera. Ese aspecto del narcisismo, el que considera únicamente su propia visión de mundo. De ahí la importancia del “momento de la verdad” (literalmente) que implica el fin del enamoramiento y el posible comienzo del amor, pues podría decirse que enamorarse es relativamente sencillo, pero el desafío auténtico es amar, esto es, salir del narcisismo y ver y aceptar y amar al otro por como es y no por como nos gustaría que fuera.
En el video que ahora compartimos, el filósofo Slavoj Zizek explica parte de este peculiar aspecto del amor sirviéndose de City Lights , la película silente de Charlie Chaplin (1931) en que un vagabundo se enamora de una mujer ciega y, fingiendo que es un millonario, la cuida hasta que ella puede recuperar la vista, gracias a lo cual termina por darse cuenta de que el hombre que tanto se preocupó por ella es en realidad un mendigo, tierno quizá, pero mendigo. En pocas palabras: no es quien ella creía que era; y él, por otro lado, se presenta ante ella como quien es y no como pretendió ser.
“Este momento es siempre peligroso, patético”, dice Zizek a propósito de la escena final de la película, pues ese instante de reconocimiento en que una persona se muestra al otro como realmente es, expuesta, vulnerable, puede mirarse también como un estar en vilo, un instante en el que parece que puede pasar cualquier cosa, cumplirse todos nuestros temores –pero también nuestro deseo.
¿Y no será que por eso a veces nos afanamos tanto en cambiar a quien amamos? ¿Porque, paradójicamente, tenemos miedo de exponernos y mostrar lo que somos?
Referencia: The Pervert’s Guide to Cinema, Sophie Fiennes (2006)