Me he enamorado como un tonto… (Parte 5)
Pendientes, tareas, revisiones, programaciones de examen y un sin fin de pendientes hacen que el tiempo pase mas rápido de lo normal y que la agonía sea menor.
Pasó cerca de 1 mes hasta que pude volver a verla. La excusa vino de una pequeña reunión en casa de Héctor y Jessy. Ya teníamos tiempo planeando hacer algo y es que en medio de la pandemia con tantos días encerrados, todos deseábamos poder ver algunos rostros conocidos.
-”Hola, ¿cómo estás?”, le escribí en whatsapp un miércoles a medio día. Aún no conocía los cambios de sus turnos, entonces no me arriesgaba a poder marcarle para no incomodarla. El día transcurrió con los pendientes que iban saliendo del colegio que por un momento olvidé por completo revisar el celular, cosa que creo que mi salud mental me agradeció un poco.
Casi a las 9 de la noche una serie de mensajes llegaron todos seguidos, como si hubiera perdido la señal de internet y de golpe todo lo acumulado de un día encontrara receptor.
-”Hola, todo bien, ¿cómo estás tu?”, pude leer en el primer mensaje, “mi día estuvo de la chingada... unos pedos en el hospital y otros aquí en el depa” continuó su mensaje.
-”¿Quieres hablar de algo o te puedo ayudar en algo?”, fue lo siguiente escribí instintivamente.
-”No, no te apures, se tiene que arreglar este pedo”, contestó a los pocos segundos.
No se si les ha pasado, pero hay ocasiones en que pueden sentir el enojo, la tristeza, la alegría o cualquier otro sentimiento por medio de un mensaje de texto, y este era uno de esos momentos.
-”Bueno, si hay algo en lo que pueda ayudarte, aquí ando”, atiné a decirle. “Oye bueno no quiero molestarte mucho, solo quería decirte que el viernes tengo una pequeña reunión con unos amigos, y quería saber si querías acompañarme” terminé el mensaje, y salió de línea.
“¿Qué es lo que les sucede a las personas que están platicando contigo y de repente salen de la aplicación?”, dije que manera poco audible para mi mismo. “Quizá se molestó porque la ando invitando a una reunión, o tal vez cree que me vale madre la situación”, fueron las siguientes ideas que pasaron por mi mente.
Ya un tanto resignado el ver que no aparecía de nuevo en línea, asumí lo peor. Intenté no darle mas importancia al hecho y me dispuse a cenar. Debo de aceptar que durante la cena algo de intranquilidad me sacudía.
-”¡Qué rayos con esta desesperación y estar pensando de más las cosas! No es para tanto Esparza” me decía a mi mismo.
Creo que en el fondo de verdad me interesaba lo que pensara de mi y no parecer “valemadrista” ante la situación en la que nos encontrábamos; al final, ella como mi hermano se encontraban luchando contra ese maldito virus que ya había tomado muchas vidas a nivel mundial.
Mientras seguía pensando las cosas, no pude percatarme que mi celular vibraba. Un poco de reojo pude ver que como encendía la pantalla con el de “Luisa” iluminándose. Me apresuré a tomarlo y con la voz mas tranquila que pude contesté.
-”Bueno...”
-”Hola Alan, ¿cómo estás? No estabas dormido, ¿verdad?”, escuché con uno tono un poco preocupado.
-”No para nada, estaba terminando de cenar, ¿qué onda?”, haciendo el esfuerzo por sonar mas tranquilo de lo que verdaderamente me sentía.
-”¡Super bien! ¿Qué cenas?”, me preguntó y me dio la impresión de que también sonreía.
-”Unas quesadillas”, respondí sin pensarlo mucho.
-”¡Qué rico! ¿No me invitas una!”, pude escuchar en un tono mas alegre.
“Claro, ¿quieres que te las lleve?...”, pasó inmediatamente por mi cabeza; pero intentando recuperar un poco la dignidad conmigo mismo por el momento de desesperación de antes; “... pero, ¿es ya es un poco tarde? Mañana tengo sesión con los chicos del colegio”, atiné a contestar”. Una parte de mi intentaba sentirse “normal” otra vez.
-”Creo que si tienes razón... esta bien, no te apures, ahorita me preparo yo algo”...
¡No podía creer lo que escucha! ¡Era la oportunidad que estaba esperando, y por hacerme el digno la acababa de perder!
-...”Oye bueno, quería decirte que tengo un compromiso con una amiga que viene a la ciudad el viernes. Se va a quedar aquí conmigo y el sábado ya llega a casa de su tía en Saltillo. Agradezco mucho tu invitación, pero no voy a poder”.
-”Aaaah ok... no te apures. Otra ocasión tendremos para vernos”.
-”Si, a ver que pasa. Como quiera estamos platicando...”, dijó rápidamente, “te dejo. Que descanses”, y colgó el teléfono.
De nuevo me sentía confundido. ¿Cómo era posible que de una frase y otra cambiara tanto el tono de voz de alguien? ¿No era mas sencillo declinar una invitación por medio de un mensaje? Vaya... entiendo la atención de querer hablar, pero no para ello.
Confundido y algo triste decidí irme a acostar. Ya estando en la cama decidí avisarle a Héctor que iría ya solo a la reunión.
-”Compare, buena noches”, le escribí por whatsapp. “Disculpa la hora pero solo quería avisarte que si voy el viernes a tu casa a cenar. Avísame que debo de llevar. Descansa y disculpa la hora del mensaje.
Ya recostado en la almohada en mi mente seguía rondando la extraña llamada. ¿Qué acaso ella no tenía ganar de verme? ¿Por qué tenía justamente que llegar su amiga ese día? ¿Y si la invitaba a ella también? ¡No! No era factible, había precauciones que se tenían que tomar.
Desconozco el momento en el que me quedé dormido, pero no fue rápido el proceso. Seguía dándole vuelta a muchas cosas en la cabeza, hasta que finalmente ya no pude mas.
Desperté la mañana siguiente aún con un mal sabor de boca y para acabarla de fregar, cansado. ¿Sería posible que mi inconsciente siguiera toda la noche dándole vuelta al asunto? ¿Cómo era posible que la situación no me dejara descansar?
Cómo pude me levanté de la cama, aún era temprano y alcanzaba a hacer ejercicio. Caminé al closet por la ropa, me cambié, tomé el celular para revisar las notificaciones. Abrí whatsapp y tenía un mensaje de Héctor.
-”Compare buenas noches, espero no despertarlo. Oiga solo para decirle que la reunión no es el viernes, acuérdese que quedamos en sábado. Por lo de traer algo no se apure, solo que vaya a tomar. Platicamos”.
-”¿Sábado? ¿Estoy leyendo bien acaso”? Me froté los ojos y pensé que era una mala pasada por estar aún medio dormido. Debí de haberlos frotado muy fuerte porque terminé viendo borroso. Esperé a que pudiera enfocar bien, y no, no había leído mal, la reunión si era en sábado.
-”¿Por qué rayos le había viernes? ¿Por qué me confundí? ¿No sería esto una señal para dejar de buscar a Luisa y regresar un poco de paz a mi interior?”, pensaba mientras bajaba las escaleras de la casa.
¿Sería posible que me auto-saboteara? Y si había sido así, ¿por qué?
Volví a ver el reloj y ya eran las 7 de la mañana. Era demasiado temprano y ya comenzaba a dolerme la cabeza...












