Gisella llevaba toda la tarde danzando por la mini-fiesta anual, dando vueltas y vueltas sin encontrar a nadie con quien charlar. Supuso que era algo con lo que tenía que cargar si no bebía, pero estaba acostumbrada. En realidad, siempre era la persona encargada de cuidar a sus amigos ebrios. Correteó unos minutos más por la habitación, hasta que dio con una persona conocida, entre tantas.
La miró de reojo, tratando de pasar desapercibida, sin mucho éxito. ‘’Okay, sí, a lo mejor estaba mirándote un poco’’ admitió, con una pequeña risa. ‘’Es que, adoro eso que llevas puesto, no puedo evitarlo.’’ confesó, llevando la mirada finalmente hacia la persona contraria.

















