Perdida, como siempre, se encontraba buscando un buen lugar para dormir aquella noche, encontrar trabajo, encontrar comida se volvía difícil y aunque ningún policía la detenía por dormir en las calles o robar en algún lugar, tampoco era bueno seguir quedándose en un lugar donde no encontraría trabajo. Camino por las calles oscuras, pero fue interceptada por un par de hombres. -No tengo nada, solo una navaja que usaré si no me dejan en paz.- habló, sin tartamudear, acostumbrada a que los hombres creyeran que era una presa fácil al ser mujer. Había estado en muchos lugares... todos peores que el anterior pero ahí, no había ética, Luna no se lo imagino, en el momento en que un golpe fue directo a su oído izquierdo, haciéndole caer contra una de las paredes del callejón. Le habían pegado por la espalda y eso le había dejado titubeando bastante. Aun aturdida, vio como los hombres se le fueron encima, podía escuchar a los hombres quejarse. “para que te haces, si bien que quieres”, y supo que quizás iban abusar de nuevo de ella.