el destino es un caramelo envuelto en la vitrina de una alacena desproporcionadamente grande el tercer testigo del apilado de premios en la ventanilla anversa un caleidoscopio que un loco chimpancé inquieto gira y golpea sin pausa y sin plan
desde la terraza de la casa de ramos buscábamos formas en las nubes y cuando las nombrábamos comenzaban a moverse formando otra figura durante esas tardes eternas intentábamos descifrar el destino en los caballos que emergían de mares espumosos y en las batallas panorámicas llenas de lanzas y de pruebas y de seres deformes que acechaban sobre nuestros párpados nuevos
el destino estaba en las cartas que borró la lluvia las siluetas rotas contra las paredes mudas la máquina de fórmula uno con la que no buscamos ser los primeros en cruzar la bandera cuadriculada todo se trataba de estrellarnos y rápido
el destino es el hielo de un tatuaje nuevo cuando despertaste envuelto en las sabanas húmedas un sábado con amnesia nada más que nada que los días por caer ver llegar los años como estaciones de subte la fortuna es este tic esta mueca muda es tocar el aire un micro en la noche en la ruta perder la memoria dormir en el agua alimentar a los ángeles















