Quédate ahí, refugiate en ti, en la multitud de tus habitantes en forma de astros palpitantes. Quédate ahí donde la luna se hace cuna para ti y puede arrullar la tristeza que carcome todo tu sentido. Quédate donde se esconden las letras, para cuando te perciban, puedan hablar a través de ti, y al menos sientas que vivir no ha sido en vano, pues eres una pluma viviente que bajó a escribir millones de relatos. Que tu trabajo es ese, escribir y plasmar emociones, no sólo tuyas, sino todas las del universo. Quédate allá donde no requieres ser comprendido por nadie, donde el ébano de la noche entiende la carga que llevas en el pecho, donde de pronto llueve el rosa del cerezo y... La esperanza se deja tocar, como se deja sentir el viento.
—Leukiel.













