regards from hell: segunda parte.
Entrada la noche los sentidos se vuelven dispersos, el ambiente festivo hace que pierdas el interés en todo lo que no sea el subidón de adrenalina que dotan los retos, nadie sabe quien los inició, pero todes están entretenidos en ellos. No es hasta que al acercarte al gran ventanal de la terraza notas pequeños copos de nieve cubriendo cualquier superficie, al principio no importa, sigues degustando de la cantidad de bebidas y aperitivos que hay en la reunión, pero cuando la ventisca produce sonidos que incluso llegan a asustar a alma más valiente, es que lo sabes: están en medio de una tormenta invernal.
Las consecuencias son devastadoras, al evaporarse el efecto del brebaje de tu sistema sientes el crujir de tus huesos al hacer cualquier mínimo movimiento, la mandíbula bien tensa por las bajas temperaturas y la lista de síntomas se prolonga, sin embargo no todo se limita a lo físico: Lxs empleadxs hacen aviso de que no se podrán abandonar las instalaciones por lo menos en tres días, hasta que cese el evento, ¡lo que faltaba! Tú ya te hacías en las cómodas camas, durmiendo hasta tarde después de una noche de copas. Poco a poco, paso a paso, tratas de calmarte, la red eléctrica es estable gracias a la subestación y por ende, el sistema de calefacción, la comida no escasea y trabajadores hacen lo posible para hacerte sentir como en casa, casi lo logran, de no ser por los golpeteos en los cristales hasta podrías jurar que incluso en la tormenta, las comodidades del complejo superan las del propio hogar... Mas cuando recuerdas la gravedad de la tempestad, una sensación incómoda se instala en tu estómago.












