“Tenemos que ir” fue lo único que pasaba por nuestra mente ese día. Además de otras fluctuantes necesidades básicas que brotaban de nuestras almas; THC, MDMA, DHL y Full HD, ah y un topping de AstraZeneca.
Llegamos a las 10 pm, asustadxs de que el evento no tendría ni a una sola alma, la pinta era la de un cumpleaños forzado de nuestrx amigx Adolfo Cisneros, disfrazado ¿irónicamente? de una fiesta conmemorativa del 11 de septiembre. No, no es broma –diría el artista– pero a veces las cosas más serias y solemnes pueden provocar grandes carcajadas.
Una mesa para mezclar, bocinas del tamaño de mi torso, globos y mucho espacio “negativo”, por no decir que la fiesta estaba vacía. ¿A quién chingados se le ocurre hacer un evento para el chilanguetariado sobre el archivo kitsch del atentado a las torres gemelas? Cuatro avioncitos inflables atravesaban los muebles de la casa y las paredes estaban tapizadas por fotografías que un año antes la aseguradora registró del rincón más remoto de aquellos rascacielos. “Esto es una expo no una fiesta”, murmuraban, pues la casa de Adolfo parecía una búsqueda post gramatical en Google, dónde las imágenes se desbordaban por puertas y ventanas. Su evento tramposo, aunque exorcizaba su obsesión por aquel atentado, también se inscribía como una prueba de amistad y de “delfidelidad”, ya que el eslogan implícito de las invitaciones era “Solo va a venir la gente que me quiere”.
La película Remember me (2010) es un drama romántico protagonizado por Robert Pattinson, cuya única conexión con la gran fiesta es el verano del 2001. En los últimos minutos de la cinta, el Edward Cullen venido a menos, se transfigura en la metáfora mesiánica del amor familiar. Para el machito rebelde de Pattinson todas sus violencias que dejó ver a lo largo de la trama, son redimidas al convertirse en el héroe sentimental, que se queda esperando a su padre en el piso más alto de uno de los edificios. Cualquier romance es insignificante contrapuesto con las catástrofes del mundo...
No me gustaría sugerir que nuestrx artista es un Robert Pattinson Región 4, ya que por encima de cualquier acontecimiento “global”, primero están nuestros sentimientos. Y de hecho al final de la noche, Adolphine decidió abandonar sus torres por el verdadero cometido de la autodestrucción capitalina. La película era un escenario melodramático frustrado por el plot twist del atentado a las torres gemelas. La fiesta de Adolfo era una escenografía exquisita del 9/11 con el plot twist de una prueba del cariño que lxs allegadxs del artista tenían que demostrar. La importancia de este evento quizás radica en la buena escenografía de nuestros sentimientos, que de tan enterrados, algunas veces necesitan una muletilla exagerada y massmediática que pueda albergar la relevancia de un vínculo emocional.